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La locura del Balón de Oro

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Nos estamos volviendo locos. Los medios, los sponsors, la gente de a pie… En julio estamos discutiendo sobre el Balón de Oro de la FIFA. Olvidamos que el premio reconoce al año natural de un jugador, no a la temporada. Y nos estamos viniendo muy arriba haciendo campaña desde uno y otro lado. Aunque, dicho esto y a sabiendas de lo contradictorio del acto, vamos a dedicar unas palabras al respecto.

A veces parece que se está desprestigiando un premio que ya no sabe exactamente qué es lo que reconoce. En teoría, se trata del año individual de un jugador. Partiendo de eso, ¿qué es lo que más puntúa? ¿Meter muchos goles y dar asistencias? Esto es, ¿la estadística individual? ¿O los títulos logrados por un aspirante en su club y/o selección nacional? Parece que son las dos vertientes, las respuestas más recurridas. Si uno dice que tal delantero anotó 50 goles, es ostensible de ser premiado. Si tomamos la otra variable, un tipo que en su club gana varios títulos y luego llega lejos con el combinado nacional que representa en el torneo de turno, también sería merecedor. Ahí llega el primer dilema.

Desde mi punto de vista el auténtico acreedor de este reconocimiento debería ser importante en el juego del conjunto del que forme parte; una pieza básica que sirva de engranaje a las demás. Tendría que ser ese jugador que marca la diferencia, pero no solo estadísticamente. A mi juicio se trataría del componente del que de forma más notoria sufriría su ausencia el grupo que lo tuviese en sus filas. Ese que piensas que quitándolo, sus compañeros tendrían un verdadero problema. Y si por lo que sea ese jugador en cuestión es un portero, un defensa o centrocampista creador o destructor de juego, que así se reconozca. Los números no lo miden todo. Por tanto… ¿Es el Balón de Oro un reconocimiento transparente?

Yo no creo en este premio. Lo siento, pero he de ser justo. Por los precedentes, que siempre se repiten. Como ahora. Existe hoy una campaña mediática en favor de Cristiano Ronaldo tras conquistar con su club y su selección nacional los máximos trofeos continentales en liza. Pero… ¿Cuánto de trascendente ha sido el luso en la consecución de estos logros? Si nos vamos a la Champions League, donde por números parecería que ha tenido un papel destacado, vemos que al final ha marcado 6 goles al Malmo, 5 al Shakhtar, 3 al Wolfsburg y 2 a la Roma. No anotó ante PSG, ni en semis y final a Manchester City y Atlético de Madrid, estando desaparecido en esos encuentros. 16 goles, que son un registro de un valor tremendo, pero que resultaron poco decisivos. Miro a Griezmann y pienso que lo que ha hecho ese muchacho en la misma competición, con un equipo de menos recursos, tiene más mérito. Giro la cabeza hacia la Eurocopa y veo que Gareth Bale no forma parte del once ideal, tal vez porque con su entrada no cabía CR7. Todos, afectos aparte, vimos el torneo realizado por uno y otro. El galés pesó más en los suyos que Ronaldo en Portugal, y de nuevo podemos incluir a Griezmann en el debate. En este sentido incluso cabe hacer referencia a Leo Messi y aquellas voces que dicen que ha vuelto a fracasar con Argentina, esta vez en la Copa América Centenario. Bien, cierto que la albiceleste es una selección superior y aun así no han campeonado. Ahora, cualquiera que haya visto la competición, recordará a un Messi que jugaba a una cosa que sus compañeros de ataque no entendían; salvo Banega, que hacía por no desentonar. A la hora de la verdad, un grupo con menos talento como Portugal ha respondido por su estrella (ausente por lesión en el partido decisivo) y el otro, Argentina, con todo su potencial no ha sabido estar a la altura de su figura. ¿Quién ha sido mejor este verano? Y por aquello de completar balance miremos a La Liga. Si hay un nombre, es el de Luis Suárez. Nadie anotó ni asistió más que el uruguayo en el torneo nacional español, siendo decisivo en el título del F.C. Barcelona. Cristiano es un depredador y siempre va a hacer goles. No en vano es el mejor goleador de los últimos tiempos, y su sola presencia intimida hasta tal punto que condiciona el juego de rivales y compañeros, pero estaremos de acuerdo en que no ha sido tan esencial como en temporadas pasadas.

Sí, entiendo que tras haber leído todo esto podréis pensar que voy en contra de Cristiano Ronaldo. Pero no. Voy en contra del periodismo de bufanda y el todo vale. Recuerdo que en 2010 la selección española había levantado la Copa del Mundo y el Barça un año antes logrado el triplete (ese año se hicieron con La Liga). Andrés Iniesta y Xavi Hernández fueron finalistas junto a Messi en el Balón de Oro. Todos nos llevamos las manos a la cabeza cuando el argentino se levantó a recoger un premio que hasta él mismo en sus adentros debe intuir que no le pertenece. Sin embargo, al día siguiente los medios afines lo daban por normal. Que Xavi Hernández no ganara ese año es una de las mayores milongas del deporte. Que Andrés Iniesta no tenga uno, otra mentira. Lo de Leo en 2010 fue una broma de mal gusto que a la larga acaba siendo aceptada como normal por la dimensión de alguien que se disputa el trono histórico del fútbol. Si Cristiano gana el próximo galardón que sea porque desde septiembre hasta noviembre (diciembre ya no entra en las cábalas) culmina una recta final de año a un nivel superior al mostrado hasta la fecha en 2016. Y es que, no nos engañemos, no ha sido el mejor, hasta ahora, del año. A estas alturas, al menos yo, no veo ningún candidato destacado.

Confieso, por otra parte, que a veces pienso que el sistema de votos quizá no es el correcto. El FIFA Balón de Oro es votado por seleccionadores, capitanes nacionales y un nutrido número de periodistas. El amiguismo en ocasiones asoma y vemos ocurrencias como las de Vincent Kompany, que el año pasado entregó 5 y 3 puntos a sus compatriotas Hazard y De Bruyne, o la del propio Cristiano y el polaco Lewandowski, para los cuales su podio estaba compuesto por Benzema, James y Bale; y Neuer, Vidal y Müller, respectivamente. Todos compañeros de club. ¡De traca! Tampoco parece que tenga mucha lógica lo de los capitanes de Malasia, Pakistan o Fiji, que colocaban a Touré Yaya, Robben o Mascherano en lo más alto del ranking. Del mismo modo, los seleccionadores tienen sus prioridades. Así que nos queda la otra tercera parte, que tristemente suele estar condicionada: es la que corresponde a los periodistas.

Las campañas mediáticas rozan en ocasiones lo ridículo. Portadas a un jugador que luce abdominales o editoriales vomitando bilis en contra de otro. Según la orilla, unos hacen todo bien y otros mal y viceversa. La gente consume y acepta. Que en caso del aficionado es válido, pero no debería cuando se trata de un profesional. El forofismo vende. Pero también confunde. Periodismo deportivo enfocado a los EGM. Alinearse con los tuyos porque son los tuyos dejando de ser objetivo no penaliza en absoluto. Y encima convivimos en el entorno propicio: los dos jugadores más grandes de la actualidad en los dos equipos que representan la mayor rivalidad histórica. Potenciar sus virtudes o defectos dependiendo del extremo es lo que cunde. De modo que la propaganda para el mayor galardón individual del mundo balompédico es maná para los consumidores de periódicos, y las tertulias radiofónicas sobre ese tema llenan hueco. Luego los patrocinadores saben que pueden invertir porque tienen la atención ganada; la pescadilla que se muerde la cola.

En resumen, el galardón lo ganará posiblemente el jugador que sea bancado con más fuerza desde su palco. Llámese Cristiano Ronaldo en 2016 o el que proceda en años venideros. Que el fútbol sea un negocio trae también estas cosas. Por eso, desde mi perspectiva, el mayor premio viene en forma de ovación cuando un deportista salta a un campo o abandona el mismo, y de palabras sinceras de compañeros de profesión. Hace poco escuché a un jugador rival del Real Madrid decir que si pusiese quitar a uno de los merengues, sería a Modric. Anteriormente leí algo parecido y el protagonista era Iniesta. Pero las virtudes de quienes tienen un perfil mediático más bajo no van a ser potenciadas del mismo modo. El fútbol, el marketing, el negocio, los premios… Y la locura del Balón de Oro.

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