Fútbol italiano

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La Lazio de las pistolas, un equipo de miedo

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Era la década de los 70 e Italia estaba inmersa en los años de Plomo, época de insatisfacción política traducida en un aumento de la violencia callejera. El terrorismo se presentaba, como la principal arma directa, para derrotar a los otros frentes de pensamiento. En Roma, su capital, noticia era cuando el Telediario nocturno de la RAI no abría el informativo con algún suceso, ya fuera manifestación, secuestro, atraco o asesinato sin importar el bando ideológico. Brigadas rojas, armas en las calles y violencia total, Italia vivía inmersa en un clima de inseguridad sin un futuro esclarecedor y mientras el balón echaba a rodar cada domingo sin importar la situación. Lo que al principio podía interpretarse a modo de pan y circo acabo siendo el reflejo de una sociedad que iba encaminada hacia el caos total. La Lazio de 1974, que había ascendido solo dos años antes, era capaz de imponerse a la Juve de Capello, Zoff, Gentile y Rossi, al Milán de Rivera y al Inter de Facchetti, Scala y Boninsegna. Aquel equipo quedará recordado no por ganar el primer Scudetto en la historia del club, sino por la forma y pensamiento de hacerlo. El equipo de Roma encarnaba a la perfección la situación de aquellos años, un equipo dividido en dos grupos y entrenado por Tommaso Maestrelli, un padre espiritual para todos aquellos locos que pasaban el día entre balones y pistolas.

 

Tommaso Maestrelli, entrenador de la Lazio de las pistolas (Foto: Corriere Dello Sport)

Tommaso Maestrelli, entrenador de la Lazio de las pistolas (Foto: Corriere Dello Sport)

De lunes a sábado, un equipo resquebrajado por la mitad. Los domingos, un equipo de miedo, difícil de perpetrar. Durante la semana, unos con pistolas y otro con escopetas. Los dos clanes compartían, además de una marcada ideología fascista, un sentido de la lealtad un tanto especial. Uno liderado por Giorgio Chinaglia, delantero centro del club y Capocanonnieri de aquel año. Un hombre de ideología fascista, violento y duro. Guardaba una Magnum del calibre del 44 entre el chandal y los tacos. Guy Chiappaverti, prestigioso periodista italiano y autor del libro Pistolas y Balones, definió así: ‘Chinaglia, más conocido como ‘Long John’ fue el corazón de aquel equipo de locos, salvajes y sentimentales, simpatizantes fascistas, pistoleros y paracaidistas, jugadores de azar y bailarines de club nocturno, con dos vestuarios; quien entraba en la habitación errónea corría el riesgo de encontrarse con la amenaza de una botella rota bajo el cuello”. El otro bando liderado por Gigi Martini, lateral izquierdo del equipo era puro corazón y nervio. El lateral tampoco dudaba en llevar al rival a la lona cuando su cabeza se lo imploraba. Se dice que tenía especial predilección por disparar a las farolas durante las concentraciones.

En el día a día, la división se produjo de forma natural. En el barrio de Tor di Quinto, se encontraba el campo de entrenamiento de la Lazio, el centro deportivo, que como hoy, pertenecía al ejército italiano y estaba destinado para equipos amateur contaba con dos pequeños vestuarios. El escenario ideal para un equipo fracturado. Lo que se podía encontrar en uno de esos vestuarios era algo más que fútbol, pistolas, navajas, machetes y alguna que otra escopeta. Inmersos en plena guerra civil, la batalla se llevaba al campo durante los partidos de entrenamiento donde casi importaba más que el resultado del domingo. El resultado solía ser de empate después de varios minutos de desgaste, habiendo salvaguardado cada uno su honor.

– Llevábamos pistola casi todos – relata D’Amico- y había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos.

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Viendo este panorama, lo más fácil parecía que se hubieran matado entre ellos pero en vez de eso ganaron el Scudetto de 1974. Y de eso, mucho tuvo que ver, Tommaso Maestrelli, padre futbolístico de aquellos pandilleros que de manera renqueante intentaba imponer la paz. Era un veterano del chandal que más que entrenador fue psicólogo, para contener y gestionar una plaga de egos complicados y peligrosos. Se ganó el cariño y el respeto a partes iguales por los dos bandos. Palabras bonitas a Chinaglia y las mismas a Martini. Una fórmula sencilla y directa para mantener al grupo por todo lo alto. Pulici; Petrelli, Martini, Wilson, Oddi, Nanni, Garlaschelli, Re Cecconi, Chinaglia, Frustalupi y D’Amico fueron los once rebeldes que son recordados a día de hoy, aquellos que hicieron posible la gesta. Once jóvenes violentos que conquistaron el Scudetto a las órdenes de Maestrelli.

Aquel equipo inestable mentalmente y contundente en los terrenos de juego tuvo una corta vida debido a un hecho que cambiaría la historia de los bandos. La muerte de Re Cecconi al gastar una broma en el atraco a una joyería. Días después los clanes de Martini y Chinaglia se unían por primera y última vez de forma pacífica para ofrecer una corona a su compañero muerto. Aquello supondría el fin del Grupo Salvaje. Fuera como fuera, lo cierto es que la afición del Lazio aún no ha olvidado a aquel tipo rubio que era todo coraje y que se fue a los 28 años,en el mejor momento de su carrera futbolística y de su vida personal.

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Una olla a presión, una mezcla de intereses y personalidades explosivas que solamente pudo funcionar en el campo durante un breve período de tiempo gracias a la habilidad psicológica del entrenador Tommaso Maestrelli. Cuando el entrenador enfermó unido al trágico y desafortunado incidente de Re Cecconi, se terminó por destrozar aquel equipo tan inestable. Mirándolo con detenimiento, resulta asombroso que un vestuario como tal, mostrara resultado a lo largo de una temporada ya no competitivo sino victorioso. Un milagro sin importar el momento ni el lugar, y sin embargo fue una realidad. El ”Grupo Salvaje”, una banda que hizo historia dentro y fuera de los terrenos de juego, un equipo que no conocía el miedo mientras que lo sembraba por donde lo pisaba, un equipo campeón. “Un equipo de locos, salvajes y sentimentales, algo especial, no éramos jugadores tradicionales” dicen algunos de los miembros integrantes a día de hoy. Héroes del azul cielo, ángeles del infierno.

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