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La intensidad que faltó al Barça, le sobra al Atlético

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Borja PARDO – En el fúbol profesional hay una premisa sobre la cual se cimenta todo: la intensidad. Alfa y omega del fútbol de laboratorio de hoy en día, sin intensidad no hay planteamiento táctico que se aguante, ni excelencia técnica que pueda camuflar su ausencia. Pues bien, esa intensidad fue el déficit del Barça en Amsterdam y la virtud del Atlético en San Petersburgo, porque con Simeone, la falta de intensidad no es opción. El día que alguno de sus aplicados soldados tenga la osadía de no meter la pierna o no sudar por delante y por detrás la camiseta rodarán cabezas. Eso es así. Martino, por su parte, acaba de llegar al corral, un corral con muchos gallos, no le pidan decapitaciones, al menos no todavía.

Empecemos por el Atleti, que bien ganado lo tiene. Simeone acudía a San Petersburgo con la idea de seguir ganando a pesar de la clasificación para octavos. Primero por él mismo, el Cholo tiene un ego grande y es ganador nato, le encabrona sobremanera no hacerlo. Segundo por el club y por firmar un pleno histórico en la primera fase, y tercero por las arcas de la entidad del Manzanares, que a diferencia de la de sus vecinos, no están como para dejar escapar el dinero que haya en juego en un tapete verde. El Atleti no ganó, cierto, pero jugó para hacerlo, y como diría un castizo: "Quien da todo lo que tiene, no está obligado a más". Ante un Zenit que se jugaba la vida, los colchoneros -con al menos 5/6 suplentes- no sólo le plantaron cara a los discípulos de la Gazprom, es que tuvieron los tres puntos en su mano hasta el final. Sólo un accidente en forma de cómico autogol de Alderweireld privó al Atleti de sumar su quinta victoria en cinco partidos. El 1-1 final da un respiro al Zenit y deja una evidencia: para el Atlético JAMÁS existe relajación. 

Lo del Barça en la capital holandesa es más complejo de analizar, o no. Los críticos del Tata -que los tiene por legión, numerados y a los dos lados del puente aéreo- dirán que el bochornoso KO del Barça en Amsterdam es algo que se veía venir, ya que los resultados no podían seguir tapando por más tiempo una serie de carencias evidentes en el juego del equipo culé. Los legionarios de Martino -alguno hay- dirán que fue un borrón, feo, pero un borrón sin mayor importancia en la corta trayectoria del buen escriba que está siendo el Barça 2013/14 -los datos están ahí para quien quiera consultarlos-. Sinceramente, me posiciono más con los segundos que con los primeros, más que nada porque los críticos del argentino están viciados de base por la nebulosa de la excelencia futbolística -y nostálgica- de un Guardiola que está ocupado cazando roedores. Al Tata se le tenía ganas y algun@ buscaba algo así para desenfundar la navajita. Ya lo pueden hacer, aunque sea injusto cargar contra un técnico, por una sonrojante falta de intensidad de unos futbolistas que menospreciaron con su apatía un partido señalado, no por lo que había en juego -entre poco y nada-, pero sí desde la óptica que era el primer Ajax-Barça oficial de la historia, y eso es más de lo que parece.

En mayo, cuando se eche la mirada para atrás, alguien recordará este partido como se recuerda hoy el KO del Barça de Guardiola en Soria, o bien se recordará como el principio de la cacería hacía un hombre que llegó corriendo a un equipo / entidad llena de patricios, tanto dentro como fuera del club. Decapiten a los patricios, los plebeyos lo agradeceremos. 
 

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