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La importancia del cómo en el juego del Barça

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Fermín SUÁREZ – Pedro Rodríguez, en rueda de prensa, el lunes 4 de noviembre: “Puedes jugar mal y ganar, y te da la vida”. Tata Martino, tras vencer en Balaídos: “Lo que tenemos que hacer es ganar. Cuando uno gana, después espera con más tranquilidad lo que pueda llegar a pasar". Son declaraciones que, a mi juicio, pese a no ser reprobables, albergan un mensaje significativo, nada desdeñable si tenemos en cuenta el debate que se ha instalado en Barcelona a propósito del estilo de juego azulgrana.

En los entrecomillados de Pedro y Martino, no hay ni rastro de cómo se debe ganar, de cómo se debe convencer, de cómo se debe alcanzar la victoria, de cómo se debe saciar, en definitiva, el apetito de un público gourmet, acostumbrado a años de delicias, que paga una entrada por ver a su equipo. 
No se trata ahora de ponernos nostálgicos ni de rasgarse las vestiduras, si no vuelve esa versión primorosa que Guardiola cimentó –en el fútbol, yo no descartaría absolutamente nada–. Se trata de que, sobre todo, los jugadores asuman que la exigencia de haber sido los mejores no es una mochila que ellos puedan quitarse cuando les convenga.

Lo digo porque últimamente el vestuario azulgrana se escandaliza a la mínima con según qué debate constructivo y exigente en torno al estilo. Como si hablar de por qué el Barça juega con fuego al hacer un paso atrás contra el Madrid fuera motivo de querer tambalear los cimientos de la entidad. Como si hablar de por qué el Barça no gobierna los partidos con chispa y alegría, teniendo a Messi, Neymar, Cesc, Xavi, Iniesta, Busquets, Alexis, Alves y Piqué, fuera algo descabellado. 

A mí gustaría recuperar un trozo de la entrevista que Paco Jémez, el héroe que consiguió que un equipo obrero embotellara a once futbolistas de 400 millones en su área pidiendo la hora, concedió a El País poco antes del duelo: “Nos quejamos mucho de que cada vez la gente va menos al campo y yo me pregunto que qué cojones le damos a la gente para animarla”. Con esto no quiero decir que el Barça aburra, ni que su juego sea desastroso, y menos aún que su competitividad quede en entredicho (eso es lo único que de verdad no se cuestiona: 17 partidos como invicto). En la vida, y más en el fútbol, no puede ni debe haber posiciones enconadas, blancos o negros, sino una amplia gama de grises que representen la complejidad de este deporte.

Sin ir más lejos, uno de los partidos que más me gustó del Barça esta temporada fue el que disputó en Celtic Park, donde ganó con un único gol de Cesc tras combinación de Neymar y Alexis (qué casualidad que estos tres participaran plenamente en el gol). Y me gustó precisamente porque fue un encuentro disputado, sudado, trabajado, ordenado y bien orientado. Faltaron muchas cosas, por supuesto, pero en ningún caso sobrevoló la sensación de que el Barça se guarda juego, ni de que pelotea con el freno de mano, ni de que se refugia en Victor Valdés como bálsamo, ni de que especula dando un paso atrás en el gobierno de un partido.

Eso sí, como bien reflejó Sphera Sports en su portada del sábado 2 de noviembre, el Plan B del Barça, formado principalmente por Neymar y Alexis (también Cesc), llega al rescate, síntoma inequívoco del ADN que presenta el equipo ahora mismo. Menos expresivo, fluido y monopolístico, el Barça se encomienda al galope de Neymar, la bravura de Alexis y la llegada de Cesc para sacar los partidos adelante. A falta de recuperar el cómo y el intervencionismo de Messi, Xavi e Iniesta, la mayúscula expresión del asociacionismo y la circulación vertiginosa, buenos son los veloces jugadores que llegan por sorpresa tirando la puerta abajo.

[Sigue la actualidad del Fútbol Club Barcelona en @FCBsphera]

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