Osasuna

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La hora de afrontar la verdad

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Los números de Osasuna asustan. En negativo. Con 23 jornadas disputadas, tan solo ha conseguido una victoria, ha encajado más de 50 goles y ha sumado 10 puntos. Así las cosas, el farolillo rojo es una realidad. Sin embargo, hasta ahora la afición ha mantenido las esperanzas de una posible salvación. Ni Sporting ni Granada, equipos que también ocupan las últimas plazas, lograban sumar de tres y los ocho puntos necesarios para salir del descenso no parecían tan lejanos. Al menos, así lo veían muchos desde la grada. Pero tras el partido ante el Celta en Vigo (3-0) y a 20 de febrero de 2017, llegó la hora de afrontar la verdad.

El ascenso a Primera División fue un hecho inesperado y, desde aquel momento, el supuesto proyecto de Osasuna tambaleó. La directiva planeó una plantilla para Segunda División y ya en junio se vieron superados. Al final de verano, los 11 fichajes, el adiós a una política de cantera y el dinero ingresado por la televisión fueron los primeros pasos para que el club rojillo, una vez dando tumbos, sintiese cómo sus piezas iban cayendo poco a poco.

Sin competir en la máxima categoría y con dos entrenadores de por medio, Osasuna llegó a diciembre cabizbajo. Ni individual ni colectivamente el equipo ofrecía mínimas garantías sobre el terreno de juego. Entonces, en Navidad, la directiva habló y vino a decir que si a finales de enero el equipo no se remontaba la situación, se empezaría a pensar en un futuro en Segunda. A 20 de febrero, todo son palabras y ningún hecho.

Osasuna se encuentra entre la espada y la pared: con la llegada de Vasiljevic el equipo había empezado a competir, pero las victorias se resistían y no se escalaban posiciones. ¿Quizá ahora sí? Y así fue pasando la cuesta de enero, que tras lo visto los meses anteriores no fue tan empinada en el juego; solo en lo anímico. Sin embargo, el fútbol moderno son números y pensar en una salvación es ya una quimera -a pesar de que el equipo siga una jornada más a ocho puntos de la salvación-. Los rivales más directos no suman -a veces-, pero Osasuna tampoco. Los mínimo ocho puntos hasta salir del escensos siguen intactos. Y seguirán.

El encuentro ante el Celta es el partido clave de todos los que faltan, se suponía. El Leganés se enfrentaba al Barça, el Sporting al Atlético de Madrid y el Granada al Betis. Al final, solo ganó el Granada. Pero la cuestión no está en fijarse en los demás, sino en lo que hay dentro. Y lo que respira este equipo después de ver lo ocurrido en Balaídos no es otra cosa que resignación, poca fe y nula esperanza. Con un Celta pensando en Europa League, con 7 cambios en el once y jugando a medio gas, dio la sensación de eran ellos los que se jugaban algo importante.

Llegó la hora de afrontar la verdad, por mucho que duela. Aunque a día de hoy las matemáticas no den a este equipo por descendido, Osasuna lo está. Es una situación complicada, y desde la directiva hasta los jugadores deben darlo por hecho. Solo así, el equipo se centrará y comenzará a no jugar a contracorriente. Ese proyecto pensando en Segunda División tiene que estar ya sobre la mesa de quienes mueven los negocios en el fútbol, y sobre el césped aquellos que permanecerán en el equipo sin importar la categoría. El cómo es lo más importante y en esta delicada situación solo Tajonar puede darle un poco de brillo.

El club ya no está contra la espada y la pared, sino pegándose contra un muro inmóvil, grueso y del que solo puede quedar mal parado el que lo intenta. Aunque Osasuna, en Vigo, ya no quiso darle un golpe más.

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