Tenis

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La grandeza del deporte

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Todos en pie escuchando el discurso de dos leyendas del tenis. El partido entre Federer y Nadal había sido un auténtico escándalo. Una guerra de colosos con tintes épicos, el aroma de antaño y las ganas de siempre. Los románticos lo llevaban esperando mucho tiempo y no defraudó, pero no contentos con mantener en vilo a millones de personas hipnotizadas por un juego único, las palabras del suizo y del español, al concluir el choque, remataron la faena y dejaron claro una vez más su grandeza.

El deporte no es solo un espectáculo aunque muchas veces pueda parecerlo. Sus valores han experimentado una cierta evolución, como la propia sociedad, y no son los mismos de aquella Grecia que no conocía la palabra crisis y su fuerza y conocimiento se expandían como la pólvora, por lo que en nuestros días deberían ser la base que sustente toda práctica deportiva. Estos valores se encuentran tapados en ciertas situaciones, y es importante que lejos de estar en la sombra, vean la luz por encima de vencedores y vencidos.

En muchas ocasiones somos espectadores, e incluso participes, de actos que van contra toda norma no escrita del deporte, y que sin embargo, debido a la cierta regularidad con la que se advierten en su práctica, asumimos como normales. Dar la mano al rival cuando consigue la victoria es solo un gesto, pero implica mucho más. Reconocer el triunfo del oponente no es perder ambición, no es ser menos que él. Das la mano porque sabes que en ese día, en ese momento concreto, te ha superado, y ahora es tu turno para seguir entrenando hasta poder ser tú el felicitado.

Rafa Nadal, Rod Laver y Roger Federer tras la final del Open de Australia | Scott Barbour/Getty Images

Y si, el deporte no es justo por naturaleza, ya que el deporte es fiel reflejo de la vida y la justicia existe o no según a quien preguntes, pero por regla general gana quien merece ganar.

Australia, y gracias a la televisión y las nuevas tecnologías todos los seguidores del encuentro disputado en su pista de tenis más emblemática (Rod Laver Arena), han tenido un ejemplo de deportividad al alcance de sus sentidos. Los elogios y el buen rollo presente entre Rafa y Roger al concluir su trepidante choque, dan fe de que es posible un deporte competitivo y sano al mismo tiempo. Su rivalidad es legendaria y no por ello son incapaces de reconocer los méritos de su oponente, brindar la mano del mismo y alzarla ante el público sea cual sea el resultado final. Un ejemplo más de su maestría, con una raqueta o un micrófono como instrumento.

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