Fútbol italiano

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La gran oportunidad de Luis Alberto

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Una imagen vale más que mil palabras y la fotografía que encabeza este texto, también. En ella hay un futbolista con un renovado estado de ánimo, dueño de una confianza casi pletórica, de una sonrisa contagiosa, que ha pasado de tener los brazos bajos a elevarlos al cielo, de buscar sin encontrar la vía definitiva para destapar y asentar todo su talento al más alto nivel a sentirse más importante que nunca.

Nadie lo duda: las botas del gaditano encierran mucho fútbol. Es un hecho conocido y reconocido desde que debutase en el Sevilla, pasase por el Barça B y se lo terminase llevando el Liverpool con la confianza de que despuntaría en Inglaterra al nivel de los mejores centrocampistas ofensivos españoles que hoy siguen pisando la Premier League. Sin embargo, el camino de Luis Alberto en la élite ha sido mucho más sinuoso de lo que cabía esperar.

Tras anunciar en el Dépor junto a Lucas Pérez buena parte de su potencial, Luis Alberto firmó por una Lazio que no apuntaba a ser un escenario para nada idílico de cara a su futuro y donde en su primer año solamente disputó cuatro partidos como titular en Serie A. Su consabida pero tibia calidad parecía nuevamente abocada a la pérdida de continuidad y por tanto, a su falta de relevancia. Sin embargo, la salida del equipo biancoceleste de Keita Baldé este mismo verano y las bajas de Felipe Anderson y del recién llegado Nani le han abierto la puerta del definitivo asentamiento de su talento en la élite y por fin esta vez, Luis Alberto ha entrado por ella sin pedir siquiera permiso para convertirse en una pieza vital dentro del gran inicio de temporada de su equipo.

Dicha tremenda importancia es una imagen perfectamente definida y definitoria de lo que es Simone Inzaghi como entrenador y la última de las demostraciones de su talento como técnico: se aferra a lo que tiene, lo adapta y se adapta para dar a los suyos una competitividad asegurada, muy en la línea de la escuela que representa Luciano Spalletti. Esto es, seriedad defensiva sin elevar mucho el bloque trasero ni tomar riesgos excesivos desde la zaga, una medular donde el físico tenga un papel relevante, con la versatilidad de estilo por bandera pero sin rehusar nunca el mando de la pelota ni la voluntad de dominar al rival, y con una línea ofensiva muy dinámica y con aptitudes para hacer daño de manera vertical siempre que el contexto lo haga posible.

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Lo que ha hecho Inzaghi con Luis Alberto es paliar dos déficits con un solo jugador: la pérdida de electricidad y profundidad al espacio que ha supuesto el fichaje del citado Keita Baldé por el Mónaco y las dotes de lanzador y pasador vertical que ostentaba Lucas Biglia. Dos facetas que está asumiendo el español desde un escalón intermedio, al tiempo que construye una relación estrechísima, propia de un enganche clásico, con un Ciro Immobile que nunca en su carrera ha tenido por detrás suya un asistente solo para él y que se asocia en corto a las mil maravillas en zona de tres cuartos con Sergej Milinkovic-Savic, el otro gran crack técnico del equipo.

Sus dotes como trequartista que gusta de recibir la pelota al pie, la necesidad de añadir pausa para matizar la anterior forma más usual de atacar debido a las bajas, y la nueva ola estilística que está llevando a parte de los equipos y técnicos del Calcio a apostar de nuevo por el mediapunta de toda la vida desde la irrupción del Empoli de Sarri -véanse los casos de Giampaolo en la Sampdoria con Bruno Fernandes primero y ahora con Gastón Ramírez, o de Ljajic con Mihajlovic en el Torino-; han propiciado que Simone Inzaghi esté apostando este curso de forma nítida por la defensa de tres centrales con sus diferentes disposiciones (3-5-2, 3-5-1-1 o 3-4-2-1), en una estructura en el que Luis Alberto, con manga ancha para la libertad de movimientos para subir o bajar su posición y alejado del corsé de estar pegado a línea de cal, encaja a la perfección.

Esa disposición de Luis Alberto está permitiendo a Lazio seguir haciendo mucho daño en ataques rápidos, pero hace que éstos caigan muchas menos veces en la precipitación y sean más certeros en su combinaciones y además, le da al equipo romano una capacidad de asentamiento posicional en campo rival de la que hasta ahora carecía a través de su gran gestión desde el pase, su lectura en la circulación de pelota y su facilidad para recibir a espaldas de la línea de mediocentros del rival, el lugar desde donde empezar a hacer daño con su siempre certera mezcla de pausa y aceleración con la que focalizarse en el penúltimo toque previo al gol, demostrando en esas lides una personalidad y galones cada vez más emergentes y que el futbolista necesitaba sacarse de dentro casi como un arrebato.

No es casualidad que Luis Alberto, a tenor de su resurgimiento, sea el jugador laziale que más posesión de su equipo acumula y el que junto a Milinkovic-Savic más toques de balón da y más contribuye a la continuidad en el tercio superior. Atributos que proporcionan a la Lazio una posibilidad más sólida de mandar con aplomo en los partidos, de arrinconar a los rivales y de plantar cara, también a través del dominio posicional, a los equipos que son más fuertes que ella. Además de ello y de ser un excelente filtrador, el canterano sevillista tiene un muy buen pie para el balón parado, del que saldrán a buen seguro un gran número de asistencias, tras erigirse en el lanzador principal del equipo en una muestra más de su estado actual de confianza y de su vasta importancia dentro de la jerarquía laziale.

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Con el ‘talentazo’ serbio como interior izquierdo de base pero plantado en el pico izquierdo del área rival en una fase ofensiva bien protegida por un doble pivote, con la amplitud de movimientos y la capacidad para el desequilibrio desde la conducción, el regate o el pase por parte de Luis Alberto y con un Immobile que huele la sangre y que se mueve como un loco de forma constante en busca del envío que le lleve al gol; la Lazio de Simone Inzaghi –el equipo que mejor le ha competido en los duelos directos a la Juventus en los dos últimos años– está dando un salto evolutivo en su fisonomía. Una ligera transformación que le otorga hechuras de equipo con recursos como para competir por una plaza de Champions League, cuando su plantilla se ha debilitado sobremanera con respecto al curso anterior y cuando nadie en las quinielas previas contaba con ella para los puestos más nobles de la clasificación y que tiene a Luis Alberto como personificación.

Desde el lenguaje corporal, que transmite plena confianza en sus propias posibilidades y ningún atisbo de apatía o frialdad, solo hay que comparar un instante del Luis Alberto de este año con el del curso pasado para darse cuenta de que estamos ante una de las gratas sorpresas individuales del inicio de temporada en la Serie A tras demasiados años de cesiones y rendimientos grises o incompletos. El gaditano tiene un espejo en el paralelo caso en Italia que ha vivido su paisano Suso y sabe que está ante la gran oportunidad que tanto tiempo ha estado esperando para convertir un supuesto rol circunstancial en una marca de estilo de la Lazio, para hallar la continuidad total de su talentoso fútbol. Ante la gran oportunidad de comenzar a ser el gran centrocampista ofensivo marca España que el Liverpool fichó en su día y que nos habíamos olvidado que podía ser.

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