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La estafa Messi

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Martes. Con la resaca del último episodio liguero que recién terminó, nos ponen otros dos platos más de fútbol. Y aunque muchos todavía estábamos haciendo la digestión, la jornada 5 de la Liga Santander se presenta implacable. En ocasiones me resulta excesivo. Casi sofocante. Así que después de un fin de semana loco, con baloncesto, fútbol o Fórmula 1, mi intención no es otra que desconectar un poco. Puede sonar extraño, ya que apenas llevamos un mes de competición, pero es que no quiero saturarme. Haciendo un símil, queda mucho calendario y hay que llegar fresco a lo importante. Así que me disperso. En mi despiste miro el móvil de cuando en cuando y me entero de que Zaza ha hecho un Hat-trick en la manita endosada por el Valencia a ese desangelado Málaga, que cuenta sus duelos en esta 17-18 por derrotas. Llega entonces el turno del Barça. Soy culé. Me gusta el fútbol. Entra en escena esa alerta de cuando sabes que los tuyos pisan el verde. Al principio me resisto, pero acabo por rendirme. El rato pasado en la playa me tiene excesivamente relajado y concluyo en que el sofá es la mejor opción. De ese modo me conecto al partido. Se han disputado los diez primeros minutos.

Menos mal.

Cada vez que escribo una pieza sobre Leo Messi pienso que va a ser la última. Que ya se ha dicho todo y que yo a estas alturas tengo poco que aportar. A fin de cuentas, salen columnas de opinión, reportajes o artículos sobre el ‘10’ casi a diario. La excelencia en su juego no es ningún secreto y sus números hace tiempo que no bastan para calificarlo. Contemplo desde mi asiento cómo firma un nuevo recital y se anota su sexto póker en siete años, primero desde 2013. El Eibar se une a una lista en la que ya figuran Arsenal, Valencia, Bayer Leverkusen, Espanyol y Osasuna. Cuatro goles en un partido. Seis veces… ¡Pues muy bien!

Resulta que a esta hora en que escribo (son las 23:51 del 19 de septiembre en Tenerife ahora mismo) solo la Real Sociedad ha marcado más goles que el rosarino. Lionel lleva los mismos tantos que Real Madrid y Valencia. Los otros 16 equipos (vaya por delante que la mayoría tiene un partido pendiente) no llegan a la cifra. Sin embargo, ese dato a mí me da un poco igual. Hoy, me da un poco igual. Los números al final son solo eso. Están muy bien para valorar según qué cosas, pero no vale con este personaje. Ejemplo: en 2012 perforó 59 veces las porterías rivales. ¿Y qué? Repito, es que no se trata de eso. Los números sirven, pero para demostrar la valía de otros. Que la tienen. Vale, sé que algunos pensarán que insinúo o comparo. Comparar… Tampoco es esta la cuestión. Un subterfugio por el que siempre se cuela la figura de su antítesis, por donde salta a la palestra Cristiano Ronaldo, posiblemente el mayor animal del gol que haya existido. Su mérito es enorme. Pero nuevamente debo insistir: no se trata de comparar. Porque no se puede comparar. Ni con datos, que es a lo que se agarran los fans del de Madeira, ni con cualquier otro recurso. Y no es que no me valga Cristiano. Es que tampoco me vale Neymar, ni me vale Hazard. No me vale Griezmann, ni me vale Luis Suárez. O Isco, o Modric, o Pogba. O esos que están llegando, como Mbappé. O (inserte aquí el nombre de su futbolista favorito). No, no me vale nadie.

Tengo la sensación de que si Leo hubiese querido, hoy habría marcado cinco. O seis. ¡O yo qué sé! La insultante naturalidad con la que hace todo es hasta ofensiva. Parece tan sencillo que siento que nos toma el pelo. Cualquiera, al verlo, pensaría que es capaz de imitarlo. Yo en mi casa. Tú en la tuya. Joder, ¡no puede ser tan difícil! Aunque vaya si lo es. Lo que ocurre es que Messi nos ha acostumbrado a verlo como algo normal. Si lo pensamos bien es ultrajante. No nos engañes, Leo. Que el resto ni forzando puede. En “El indomable Will Hunting”, Matt Damon humilla en una escena a Stellan Skarsgård, quien pretende ser su mentor, cuando, entre gritos, le manifiesta lo elemental que le resulta resolver problemas que casi ningún mortal es capaz de descifrar. Lio, para hacernos llegar a esa conclusión, no necesita abrir la boca. Ya nos damos cuenta nosotros solos de que en esa dimensión solo cabe él. Hacernos creer que nosotros seríamos capaces de llevar a cabo lo que él inventa es quizás la mayor muestra de su grandeza. Cuanto más natural aparentan los genios, más talento hay detrás. De modo que concluyo en que esto es un timo, una estafa. Es la estafa Messi. Luego el resto probamos y lo entendemos todo. En serio, los mismos profesionales lo harían si pudiesen. Solo que ellos también lo comprenden. No se puede. Al menos no por ese camino.

Pero en realidad hoy no quería hablar de Messi. No era el propósito. Esto es más personal. Va más sobre mí, sobre todos nosotros. Creo que es un error eso de dudar cuando existe la posibilidad de ver jugar al astro. Igual es que pensamos que va a estar siempre. Y no. Que lleve una década al máximo nivel no nos exime de entender que un día todo esto se acabará. Y que pasará mucho hasta que veamos algo semejante… Si es que alguna vez tenemos la fortuna de verlo. Cuando se han retirado jugadores a los que he admirado (véase Laudrup, Cantona, Baggio, Ronaldo, Ronaldinho o Xavi) he lamentado no haber visto más encuentros suyos. Bueno, a Ronaldinho hay que ponerlo aparte, él se retiró mucho antes de colgar las botas. Ese jodido (perdón) no advirtió. Pero con el resto estaba sobre aviso. Y aún con todo, pequé de obviar duelos en los que el cartel de trivial ocupaba toda la fachada del estadio en los que se celebraban. Choques, a priori, sin importancia, de poca repercusión. Y así me perdí flashes, detalles. Un golpeo magistral, un control imposible, un caño inesperado, un pase a un hueco que no hubiera avistado ni con la perspectiva que me daría la televisión… Me perdí todo eso. De todos ellos. Un gran error. Un terrible error.

Ya es miércoles, 00:21. Según cierro este texto también llego a una conclusión: no me quiero perder más de Messi. Del declive de Messi, que dijo algún iluminado. Imagino que es lo que tiene confundir el deseo… Porque hay a quienes les cuesta disfrutar. Peor para ellos.

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