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La ecuación Benzema

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Lo adoras o lo odias. Sin termino medio. Y aún cuando lo admiras, puedes detestarlo transitoriamente. Así es, se trata de Karim Benzema. Su ecuación no es de primer grado, su complejidad se eleva exponencialmente. El prototipo de delantero moderno, el protegido del maestro.


Y es que la ecuación aplicada al teorema de Karim es extremadamente compleja. Genio para algunos, que lo sostienen como incomprendido, villano para otros, aquellos que le condenan por su indolencia. Lo único cierto y demostrado es que desapercibido no es un calificativo que le defina.

Su clase invita a la afinidad. Su talento, a la admiración. Futbolista exquisito, de extraordinaria agilidad en el movimiento y capacidad infinita para la asociación, el galo es un jugador que enamora con su juego apenas logra adquirir protagonismo e implicación en el mismo. Dichas cualidades, unidas a su visión y lectura de las situaciones, lo convierten en un jugador temible para las defensas rivales, ya no como amenaza goleadora, sino como generador de peligro. Además, dichas características empujan a sus compañeros a desear su compañía sobre el césped, conscientes de que su presencia beneficia a los que le rodean, enriquecen al conjunto.

Su indolencia provoca el disgusto del aficionado. Su escasa capacidad expresiva o su apariencia despreocupada lo convierten en blanco de las iras del respetable. Es Karim un ser exponencialmente distante del prototipo que conquista emocionalmente a los seguidores, alguien que se aleja de los aspavientos y de los gestos de cara a la galería. No sé mueve en dichos registros, convirtiéndose ello en algo que le penaliza y le distancia del cariño de las masas.

Además, no es el francés un jugador que se haya caracterizado en su carrera por su capacidad goleadora. Es más, la sensación que desprende es la de aquel jugador que logra anotar más por su posición que por su capacidad, porque sus características no son las inherentes a las del goleador letal. Portar el ‘9’ a la espalda le perjudica más que le beneficia y jugar como referencia le penaliza en una proporción que duplica al rédito que le reporta. Así que efectivamente, Karim no es un goleador. Pero sin serlo, los beneficios que es capaz de aportar al colectivo el astro francés aportan una riqueza incuantificable al grupo. Sin embargo, empeñarse en situarlo y señalarlo como referencia ofensiva constituye un perjuicio irreparable del que le cuesta desprenderse.

Benzema posee un poder: es un futbolista extraordinario dotado de la capacidad de mejorar a aquellos que le rodean. Mas su demarcación no es la de ‘9’, por más que su camiseta indique lo contrario. Zidane apuntó en su última rueda de prensa que no pedirá un delantero en el mercado invernal porque está contento con Benzema. Y en la posición se encuentra la incongruencia. En la definición, el error. Porque Karim no es un goleador, no posee las cualidades del killer. Ni él, ni su equipo. El Madrid necesita un killer, y en esa ecuación Benzema no es el resultado, sino una incógnita más. El mercado invernal está a la vuelta de la esquina y del análisis de sus necesidades pueden depender buena parte de las posibilidades madridistas de finalizar la temporada con éxito. Y la arena continúa cayendo del reloj.

 

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