Sudamérica

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La dictadura del proletariado

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Todo comenzó en el siglo XIX, unos extravagantes y revolucionarios personajes, Karl Marx y Friedrich Engels, allá por el reino de Prusia, introdujeron un concepto: “dictadura del proletariado”. Un estado en el que el proletariado; los obreros, el pueblo, le arrebaten el poder político y el control de la sociedad a la burguesía; los que mandan, los ricos.

Dos siglos después hemos asistido en directo a la renovación y perfeccionamiento de este concepto. Esta vez ha sido en el barrio de La Boca, y no han sido dos, sino centenares, incluso miles, y que, por si fuera poco, han contado con el apoyo de los que mandan y de los ricos.

El destino ha querido que haya sido en mayo, 14 días después del día por el que Marx y Engels tanto lucharon, un día para los trabajadores, un día de todos. Estos nuevos personajes, que se creen gobernantes de una de las sociedades más grandes y poderosas que existe; el fútbol, se han mofado y humillado de ese mundo que tanto aman.

La barra brava de Boca Juniors; la famosa “12”, que presume de ser la mejor afición de Argentina y de todo el mundo, que pregona que no abandonará nunca a su equipo, que siempre estará ahí, a su lado, en las buenas y en las malas. Bien, pues lo ha hecho, lo ha dejado solo e indefenso ante la mirada del mundo más cruel habido y por haber; el mundo del fútbol.

Ha tenido que ser en la batalla de las batallas, ante su enemigo histórico, un “superclásico” que se desarrolló en un escenario de nerviosismo y crispación en el que la derrota era concebida como la propia muerte. Y todo bajo la mirada de un “dios” determinante en esta guerra: el miedo. Ambos ejércitos han sido títeres, dominados a sus anchas por el miedo; ricos, pobres, poderosos, jueces, TODOS.

Bueno, alejémonos de este ambiente bélico más propio del combate del siglo de hace unas semanas que de uno de los partido del siglo, hablemos de fútbol. Ya está, se acabó, esto es todo lo que se puede decir. 45 aburridos minutos de “fútbol” en los que no pasó absolutamente nada. Hasta que la nada se precipitó y se convirtió en el todo. Hasta que el más poderoso de los que en la república de la Boca se encontraba: el miedo, entró en acción.

El proletariado, la barra brava de Boca, aterrorizado ante idea la de caer eliminado y humillado en su casa frente a su máximo enemigo, los “millonarios” de River Plate, (por segunda vez, recordemos la sudamericana de 2014) decidió tomarse la justicia por su cuenta. Su Hitler fue un soldador, su bomba atómica fueron gases pimienta y su Hiroshima la manga de vestuarios de River. Se desató la vergüenza mundial.

El miedo comenzó a devastar todo lo que a su paso se encontraba. Los “ricos”; jugadores y entrenador de Boca, los “poderosos”; la Conmebol, los “jueces y armados”; árbitros y policías; todos fueron CÓMPLICES de esta dictadura que el proletariado de la Bombonera ha iniciado y cuyo fin se atisba lejano. El mundo del fútbol ha tocado fondo. Finalizó la guerra, el pueblo ha ganado.

Un monumento a las víctimas: jugadores y cuerpo técnico de River Plate, enmarcando cuatro nombres: Leonardo Ponzio, Ramiro Funes Mori, Matías Kranevitter y Leonel Vangione, que abandonaron la cancha de batalla entre lágrimas y quemaduras. Y un PERDEDOR, EL Club Atlético Boca Juniors. Pero víctimas somos todos. No podemos permitir que esta nueva dictadura nos arrebate una de las cosas más bonitas que existe, y que además nos pertenece: el FÚTBOL.

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