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La decisión del Chacho

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Sergio Rodríguez se marcha al CSKA de Moscú. Y aquí podríamos exponer mil motivos, buscar infinidad de explicaciones, pero hay una por encima del resto: porque le da la gana, porque es dueño de su vida y hace lo que cree conveniente, porque no tiene compromiso con ningún equipo y es libre de elegir su destino. Resumiendo: porque la oferta de los rusos le satisface y ya está. Que parece que tuviera que pedir permiso.

Nada más conocerse la noticia aparecieron voces discordantes. Aficionados que no estaban conformes con su decisión. Que si esto demostraba que se había ido a la NBA por el dinero, que si vaya diferencia con Llull, que si menuda decepción… Hasta ahí todo correcto. La gente es libre de opinar lo que le venga en gana, entienda más o menos de esto. En España ya se sabe que es deporte nacional valorar resoluciones ajenas, siempre desde la ventaja, a toro pasado, y sentados en casa sabiendo únicamente lo que nos han querido contar. El problema es otro y viene cuando es la propia prensa la que hace juicio de valor en base a colores. Entiéndase: el forofismo mal llevado.

Por lo visto, el Chacho es un traidor. Regresa a Europa y no va a vestir de blanco. Y como esto duele, hay quien incita a sus seguidores a mostrar indignación. Voy con un ejemplo: el director de El Bernabéu lanza la piedra y lo acusa de desleal. Pero no admite otra perspectiva que no sea la suya. Un usuario de twitter intenta hacerle entender que el protagonista es libre de jugar donde cobre más, como haría cualquier persona en el mundo… Cualquier persona, menos el periodista, claro, que lleva la contraria al respecto asegurando que ganaría más en otro sitio. Aquí cabría un interesante debate sobre las luces que tiene cada individuo y que mejor vamos a obviar.

La cuestión es que cada ser humano hace con su vida lo que considera oportuno. Sergio tiene 31 años, por lo que puede que haya firmado el último gran contrato de su carrera. Y creo que acierta. Se pasa muchas veces por alto que el profesionalismo en el deporte dura lo que dura y que hay que aprovecharlo. Y que el deporte no es lo mismo para el aficionado que va al pabellón a ver los partidos, que para el profesional, quien, aunque a tantos les cueste entender, está ganándose la vida. Sigamos. ¿Alguien sabe si el Real Madrid ha presentado una oferta al jugador? Y en caso de que así fuese… ¿En los mismos términos que el CSKA (10,5 millones por tres años)? Lo de traidor, sobra. Y lo de pesetero, también. Que la cantinela de Llull aburre. Que si él no ha dado el salto a la NBA será por sus propios motivos, que son los suyos y los de nadie más.

Sergio Rodríguez nació en Santa Cruz. Se inició en La Salle y en el Tenerife, antes de continuar su aprendizaje en el Centro de Formación Siglo XXI. De ahí marchó a la capital, pero para integrar la plantilla del Estudiantes. Lo siguiente fue cruzar el charco. Al Real Madrid llegó en 2010, con 24 años, para dar seis de máximo nivel en los que el club levantó trofeos a mansalva. Deberían estarle muy agradecidos. Y es que no nació en un hospital de Madrid, ni se crió en La Castellana, ni comenzó a botar un balón vestido de blanco. Llegó al club tras un acuerdo. Como otros tantos que se forman en equipos menores. Porque esa es otra, cuando llegan no traicionan al club anterior, ¿verdad? Y dicho sea de paso, aunque fuese cierto que se hubiera formado en la Casa Blanca, ¿estaría obligado a permanecer allí de por vida? Es de traca.

Acabo. Por gustarme, a mí me gustaría que Sergio vistiese de aurinegro y cada dos semanas saltara al parquet del Santiago Martín para defender la camiseta del Club Baloncesto Canarias. Pero entiendo el contexto. Es lógico que jugase en un equipo grande antes (Real Madrid en este caso). Estaría bueno… No solo por razones deportivas. Así que los madridistas que lo señalan harían bien en situarse, en mirar con perspectiva. Que otra cosa es que yo pueda pensar que la sombra del Chacho esta temporada ha sido más alargada de lo que muchos esperaban.

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