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La crisis del fútbol argentino no tiene fin

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El fútbol argentino luce hoy muy lejos de aquella cantera de la que surgieron Diego Maradona y Lionel Messi. Está sumido en un caos que lo mantiene paralizado desde hace casi tres meses con huelga de jugadores, disputas entre dirigentes y una profunda crisis institucional que podría terminar con la desafiliación de la FIFA.

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) postergó sin fecha los dos partidos que abrían en la noche del viernes la fecha 15 con que se iba a reiniciar el torneo de Primera División, que en realidad debía jugarse a principios de febrero.

La situación se agravó en las últimas horas, con reuniones contrarreloj para intentar reanudar el certamen este fin de semana. Por un lado, se juntaron dirigentes de clubes. Pero a la vez, hubo otras reuniones con autoridades de la AFA.

Mientras tanto, el gremio de futbolistas debatió con los capitanes de los equipos de distintas categorías y autoridades del Ministerio de Trabajo, que dictó la conciliación obligatoria, para buscar un consenso sobre si mantener o no la huelga en reclamo del pago de salarios adeudados, en algunos casos desde hace cuatro meses.

De acuerdo al sindicato Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la deuda ascendería a unos 260 millones de pesos (unos 16 millones de dólares).

Ante ese panorama, los dirigentes buscan soluciones a la crítica situación financiera de numerosos clubes de fútbol y que no alcanzaría a solucionar el reparto proporcional de los 350 millones de dólares (unos 22 millones de dólares) aportados por el Gobierno como indemnización por la rescisión del contrato que tenía con la AFA por los derechos de televisación de los partidos.

La debacle no impidió sin embargo que desde que el torneo entró en receso a mediados de diciembre se jugaran torneos de verano y numerosos partidos amistosos, para que los jugadores no perdieran rodaje. Es más, de no jugarse la fecha este fin de semana, clubes grandes como River Plate y Boca Juniors ya tendrían programados amistosos para mantener a sus futbolistas activos.

La crisis se remonta a mucho tiempo atrás. Tras la muerte del poderoso Julio Humberto Grondona en julio de 2014, que dirigió con mano férrea la AFA durante 35 años, el fútbol argentino quedó a la deriva, con sus peleas internas expuestas a la vista de todos, las finanzas quebradas y atravesado por un nivel de violencia en las hinchadas que obligó a que los partidos se jueguen desde hace años sin afición visitante.

El papelón en las elecciones del nuevo presidente de diciembre de 2015, cuando la votación de 75 asambleístas culminó con un fallido empate 38-38, profundizó la crisis que derivó en la intervención de la FIFA a mediados de 2016, con la designación de una comisión normalizadora.

La mayoría de los clubes atraviesa una crítica situación financiera desde hace largo tiempo y logró seguir en funcionamiento gracias a los fondos que aportó desde 2009 el Estado por los derechos de televisación de los partidos.

La decisión de la administración del centroderechista Mauricio Macri de rescindir el contrato, sumada a la dilación en la AFA para cerrar un acuerdo de televisación con alguna de las tres empresas internacionales interesadas -Fox/Turner, ESPN y MediaPro- agravaron la situación. Muchos clubes, con excepción de los más grandes, dependen de los ingresos por televisación para sobrevivir.

A todo esto se suma la advertencia que hizo esta semana la FIFA, que alertó que podría desafiliar a la AFA -con el riesgo implícito de que Argentina, número uno del ranking FIFA, y su líder Lionel Messi se queden afuera del Mundial de Rusia 2018- si no cambiaba un polémico artículo de su nuevo estatuto sobre quién debía evaluar la ética de sus próximos dirigentes.

La AFA había propuesto que la evaluación la realizara el Colegio de Abogados de la ciudad de Buenos Aires, cuyo vicepresidente es el titular de Boca Juniors, Daniel Angelici. Los problemas alcanzan incluso al seno de la comisión normalizadora, con supuestas diferencias entre sus integrantes que en medio del caos comienzan a salir a la luz.

Los perjudicados por esta situación son muchos, desde los jugadores que no cobran desde hace meses, los equipos que pierden rodaje y en algunos casos deben enfrentar competencias internacionales como la Copa Sudamericana fuera de estado, hasta los hinchas, que entre ansiosos y aletargados esperan que suene el silbato y el balón vuelva a rodar.

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