Baloncesto

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La creación de un Imperio ‘horizontalmente vertical’

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A medida que el All-Star Game se consumaba, el estruendoso rugido de los cañones se presentó humanizado, adoptando la forma de Adrian Wojnarowski. Llegó, twitteó y se marchó. No es nada nuevo, nos tiene acostumbrados, pero la ocasión merece de mi especial detenimiento en este preciso traspaso. A menos que hayáis residido en una cueva durante las últimas 24 horas sabréis que DeMarcus Cousins ha llegado a los New Orleans Pelicans, formando así la mejor pareja interior del universo junto a Anthony Davis y, sobre el papel, una de las mejores de la historia del baloncesto. A continuación, procederé a ilustraros (o eso intentaré) con las consecuencias que nos deparará este movimiento, y la revolución que pueden realizar de aquello que conocemos como baloncesto.

En primer lugar, cabe destacar el acto caritativo que ha realizado Vlade Divac, General Manager de los Sacramento Kings. Mediante tal traspaso, DeMarcus Cousins y Omri Casspi recalarán en los Pelicans, mientras que el prometedor rookie Buddy Hield, Tyreke Evans, Langston Galloway y unas Primera y Segunda Rondas para 2017 llegarán a los Kings. Así es, uno de los mejores (sino el mejor) centers del planeta junto a un jugador (potable) de rotación a cambio del ‘qué será’, de un jugador que finaliza su contrato en verano, de otro de rotación y de rondas para el Draft. Llamadme loco, pero es un atraco. No tengo nada en contra de Buddy Hield, es más, creo que su talento ofensivo tiene un techo muy elevado, pero la apuesta es un sinsentido. Desde Sacramento especulan con que su potencial es equiparable al de Stephen Curry. Sin ánimo de ofender, solo ha habido (y quizás habrá) un Stephen Curry en la historia del baloncesto, y surgió por casualidad. Dos son multitud.

Imperio ‘horizontalmente vertical’. Así me gusta denominar a la dupla que formarán Anthony Davis y DeMarcus Cousins. Inevitablemente, el baloncesto tiende a crecer horizontalmente con el objetivo de crear espacios y propiciar una mayor amenaza exterior, pero respetando en todo momento la monstruosidad de sus integrantes. Así, de una forma natural, se crea ese ser aparentemente artificial, en pleno auge, denominado center moderno. Ellos no se han quedado al margen, es más, bordan la horizontalidad del juego y, como no, su verticalidad. Unidos pueden alterar el devenir del juego. Poseen un juego al poste alto y, aunque menos desarrollado por la limitación de sus equipos, poste bajo que les sitúa en la élite del baloncesto. Su juego de frente no se queda atrás. Resto de facetas, también dominadas. Son cyborgs del deporte.

Sin saberlo, estamos ante un estilo que puede mutar nuestro baloncesto. Nunca hemos estado ante una pareja interior de tales características. Han nacido buenas duplas, muy buenas, pero no así. Estamos ante dos casas, iguales en linaje, sobradas de dotes físicos, calidad y lectura de juego. Hasta entonces, nos hemos acostumbrarles a observarles, impotentes, solos ante el peligro. Ejercían de bases atrapados en cuerpos de jugadores interiores, faltos de creadores que facilitaran (e incrementaran) su aportación ofensiva. Ellos elaboraban y otorgaban. Ahora, entremezclar roles está a su alcance, pero claro, se requiere de un personal diferente que les facilite tal tarea como son el resto de compañeros. En este preciso instante, la plantilla es limitada. Los traspasos son inminentes.

Tiradores. Así de simple. Con ellos, el espacio dejará de ser un problema. Imaginad por un momento a Cousins y Davis rodeados de una serie de especialistas en el lanzamiento que desahoguen la pintura (proporcionándoles así espacios). Suena tentador. Muy tentador. A su vez, ellos también serían capaces de ocupar el perímetro con naturalidad, formándose así un baile de cuerpos que, bien gestionado, puede ser letal para toda defensa. Podrás defenderles, pero no pararles. No olvidéis, que siguen contando con su habilidad reboteadora y su físico privilegiado. Es como disponer de un big-small ball. Sé que me comprendéis. Qué tiemble la Death Lineup 2.0.

Como posibles alicientes para adquirir a tiradores, encontramos a Omer Asik, Donatas Motiejunas, Alexis Ajinca y Terrence Jones, todos jugadores interiores que, ante la llegada de ‘Boogie’, tienen sus horas contadas en la ciudad del jazz. Alguno saldrá, seguramente a precio del mejor postor. En adición, la llegada de un base inteligente en la dirección del juego y con una capacidad extra para jugar fuera de balón será esencial. Ya sabéis, ese Derek Fisher que todo entrenador ansía. Siempre alerta, en su franja seleccionada del perímetro, para aleccionar sin piedad alguna cualquier ayuda defensiva realizada ante sus ‘mandamases’ (DeMarcus y Anthony). Defensores que alivien la posible aportación de estos también llegarán, siempre bajo la máscara de veteranos en busca de oportunidades. Al fin y al cabo, todo aspirante requiere de este tipo de ‘seguros’.

Regresando a qué podemos esperar de Anthony Davis y DeMarcus Cousins, más allá de lo citado, espero una interacción entre sí (qué es posible) que revolucionará el mundo del baloncesto. Llamadme soñador, pero tengo una fe ciega en su pick and roll, en la conducción de Cousins y la continuación de Davis. Su capacidad para manejar el balón y, a su vez, alzar la cabeza y abrir los ojos es extraordinaria. Con la zona liberada por la presencia de futuros tiradores (ya explicada), un posible juego de bloqueos directos entre Davis y Cousins obligarían al defensor a tomar dos posturas: una, efectuar una ayuda y, así, dejar liberado a un tirador; o dos, tratar de defender mediante un teórico dos para dos a los dos mejores interiores del planeta (creo) con una movilidad y detalles técnicos envidiables. En ambos casos, el desenlace sería fatal para el equipo rival. Si a eso le sumamos la presencia de un base con buena lectura logramos desahogar, por posesiones, a uno de los dos miembros, que empleará su persona en defender y rebotear. El sistema (bien planteado) asusta, y si os digo que Chris Paul es agente libre este verano y ya jugó 6 temporadas en esta franquicia previamente sé que se os hace la boca agua. Ahí lo dejo, pero eh, yo no he dicho nada. Aunque creo que lo he dicho todo. En todo caso, no es sencillo que ocurra, pero Davis y Cousins son una razón más que suficiente para iniciar una conversación.

El Imperio ‘horizontalmente vertical’ comienza.

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