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La Confederaciones enciende las alarmas

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Alessandra Roversi – Los graves problemas organizativos que ha presentado esta Copa Confederaciones preocupa y deja abierta el interrogante de si en un año Brasil estará lista para recibir el Mundial. Tráfico, inundaciones, obras retrasadas y protestas político-sociales son los problemas más graves que vive la sexta economía mundial.

Uruguay fue la primera víctima de algunos de estos factores extradeportivos. La ‘Celeste’ no pudo llevar a cabo su primer entrenamiento debido a las malas condiciones de la cancha con motivo de las fuertes lluvias. Al día siguiente entrenó en el campo del Sporte Clube Recife, a unos 30 kilómetros de donde se hospedaba; sin embargo, el tráfico y las malas condiciones de la carretera 101 en esa zona hicieron que el trayecto fuese de 90 minutos. Éste también fue el motivo por el que Uruguay decidió no hacer el reconocimiento de campo del Pernambuco.

Luego están los retrasos en la infraestructura mundialista. Sobre los estadios, las últimas cifras oficiales apuntan a que sólo queda por acabar el 8% de las obras en riesgo, pero nunca se aclara si estarán listas a tiempo. De los aeropuertos, sólo algunos de los 15 aeropuertos prometidos estarán listos; un caos considerando que entre dos sedes mundialistas como Porto Alegre y Manaos hay 4.563 kilómetros. En cuanto al transporte público, sólo el 20% de las obras previstas en las sedes mundialistas están acabadas, un 60% está aún en curso y el 20% restante ni siquiera han comenzado.

A todo esto se suma el clima de inestabilidad político-social que ha estallado en los últimos días con alrededor de un millón de personas que han salido a las calles en 80 municipios brasileños para protestar contra las nuevas medidas económicas -como el alza del precio del transporte- y exigir mejores servicios públicos. La situación se vio venir en la propia inauguración de la Copa Confederaciones cuando Joseph Blatter, presidente de la FIFA, y Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, fueron sonoramente abucheados.

La inseguridad se ha hecho sentir y a los miembros de la selección de Italia, por ejemplo, les fue terminantemente prohibido abandonar su hotel en Salvador. A los jugadores de España les robaron unos 1.000 euros en el hotel donde se concentraban. El propio Blatter, quien había prometido estar presente a lo largo de todo el torneo, abandonó Brasil rumbo a Turquía tras cinco días de competencia. 

Mucho se ha hablado de que si la FIFA habría sopesado la posibilidad de suspender la Confederaciones, pero voceros del ente máximo del fútbol mundial lo han desmentido categóricamente. Algunos incluso apuntan a que se debería poner en prealerta otro país (¿Alemania?) para ser sede de la próxima Copa del Mundo, pero el del año que viene será el Mundial más rentable en la historia y se calcula que dejará unas ganancias de 3.000 millones de euros. La FIFA, quizás, no quiera tensar la cuerda.

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