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La colonización de Jiang Lizhang y ‘Desports’

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Hace mucho tiempo que el fútbol moderno se apoderó de la pasión del aficionado y convirtió el deporte en un negocio. Con todo lo bueno y lo malo que eso conllevó, el romanticismo se vio relegado a un segundo plano en favor del ejercicio económico. Y señalar a un único culpable es difícil a la par que injusto. Algunos citan a Jean-Marc Bosman (con su victoria en el litigio que dio paso a la conocida Ley Bosman), a Nike (con su apuesta por los anuncios de fútbol visto el seguimiento que millones de personas prestaban a un deporte considerado lento por los norteamericanos) o a las propias ligas, equipos y jugadores (acabando con los ingredientes pasionales que caracterizaban al balompié).

En estas, los casos en los que una serie de equipos forman parte de un conglomerado único es, quizá, el colmo al que muchos aficionados han tenido que arrodillarse. Cada vez está más normalizado y, seguramente, termine por ser habitual. Ejemplos hay a patadas: el ‘City Football Group’, el holding chino que controla -entre otros- al Inter, el grupo Red Bull, etc. En ese sentido, el nuevo actor que ha entrado a escena es ‘Desports Group’.

Se trata de un holding con base en China fundado en 2004 por el empresario Jiang Lizhang, en cuyo currículum asoma un pasado como periodista. La irrupción del grupo en el mundo del deporte tuvo lugar ejerciendo de intermediario entre Luis Figo y una marca asiática que buscaba, con éxito, patrocinar al astro portugués. A partir de ahí, el propietario de la sociedad china ha experimentado un ascenso fulgurante en el mundo del deporte con la adquisición de varios equipos de fútbol –además de Minnesota Timberwolves, franquicia de la NBA de la que posee el 5% tras pagar 45 millones de euros-.

Granada CF (España)

Tras más de siete años en los que el Granada fue propiedad de la Familia Pozzo (dueña hasta ese momento del Udinese italiano y el Watford inglés), en mayo de 2016 se certificó la venta del club español a ‘Desports Group’. En una operación cerrada en 37 millones de euros, la afición despidió a los gerentes que rescataron a la entidad granadina de la Segunda B (tercera categoría) y la llevaron a Primera, manteniendo la categoría cada año.

Ya en manos del empresario chino, el club no pudo evitar el descenso de categoría. Con ello, el club puso fin al convenio que aún le unía con los “equipos Pozzo” en relación al trasvase de jugadores y decidió llevar de su propia mano la confección de la plantilla de su equipo profesional y de los de su cadena de filiales, además de la obvia gestión del club.

Chongqing Lifan (China)

En enero de 2017, ‘Desports Group’ se hizo con el control del 90% del Chongqing Lifan. Con la firma, Jiang Lizhang logró hacerse definitivamente con el club chino con el que el Granada había establecido una colaboración estratégica meses atrás con la llegada de dos jugadores chinos para su filial. Una de las primeras medidas que adoptó fue la inclusión del apellido “Dangdai” al nombre del club, denominación de una de las ramas del holding.

Con ello, el conjunto chino adquirió de inmediato los servicios del delantero colombiano Adrián Ramos a cambio de 12 millones de euros. De forma instantánea, este se marchó cedido al “hermano” español sin apenas vestir sus colores, mucho menos pisar el país. Una fórmula que sigue con asiduidad el Watford de la familia Pozzo (con más solvencia económica para fichar y poder ceder jugadores a Udinese).

Parma Calcio (Italia)

En un periodo de un año, tres clubes han pasado a formar parte de ‘Desport Group’. El último en sumarse a la terna fue el Parma Calcio. Tras sellarse en junio de 2017 el acuerdo de venta del 60% del club a la sociedad china, cuatro meses después se hizo oficial el anuncio. Apenas dos años después de caer en la bancarrota y verse obligado a refundar en la Serie D (cuarta división), este club italiano cedió su propiedad a un grupo inversor extranjero, manteniendo el 40% restante a diferentes grupos locales y de accionariado popular.

Al igual que con el Granada, la intención que el magnate chino tiene con la entidad transalpina es de regresar cuanto antes a la máxima categoría. Y mientras que, en palabras de Lizahang, este debe ser un deber, la intención es no hacer grandes revoluciones y mantener la identidad intacta.

Así, a falta de ver si este modelo logra que los clubes cosechen buenos resultados, el romanticismo en el fútbol sigue perdiéndose (si es que no se perdió hace mucho). Siempre quedará aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, aunque para los más jóvenes o modernos este sea el fútbol de verdad. El fútbol de Red Bull y de Desports, y no el de la pasión del aficionado, principal motor del deporte.

 

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