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La apuesta que Roberto Martínez perdió con su padre

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Roberto Martínez es uno de los técnicos españoles que militan fuera de sus fronteras, lejos de casa, lejos del fútbol patrio que le vio nacer hace años. Tras una discreta en materia de títulos carrera como jugador profesional, comenzó otra etapa en los banquillos que, en Inglaterra, ha acabado ofreciéndole el estatus de profesionalidad y galones que andaba buscando.

El técnico de Balaguer escribiría páginas meritorias en Wigan, cuando formó parte de los famosos ‘Three Amigos‘, junto a otros dos españoles con los que había coincidido en categorías inferiores: Jesús Seba, del Real Zaragoza, Isidro Díaz y Roberto Martínez, que habían coincidido en las filas del Balaguer. Tres españoles lejos de casa, en aquellas frías tierras inglesas, en la hoy conocida como League Two (cuarta categoría profesional), cuando lo de jugar en el extranjero era una utopía y sólo reservado para los más valientes.

Su retirada como jugador llegaría a sus 34 años, cuando decidió aceptar la aventura de dirigir desde la banda, cuando decidió que su carrera deportiva debía enfocarse a ser entrenador. Tras varias etapas en diversos equipos después de dejar Wigan, aceptaría el reto de ser jugador-entrenador del Swansea. Conocidos del técnico catalán destacaban su figura de liderazgo y de visión del fútbol, por lo que a pocos sorprendió su decisión. Quizás sí por su edad, ya que no era común darle la oportunidad a un jugador que tendría, además, compañeros y amigos a su cargo.

Un privilegiado del fútbol que contaba con una cabeza y una visión de juego al alcance de pocos, habiendo demostrando con el paso de los años que tenía condiciones, de sobra, para encargarse de los Cisnes como entrenador. Además, en aquella primera plantilla que dirigió había futbolistas que, meses atrás, habían sido compañeros de vestuario y que en ningún momento dudaron de la decisión del club, conscientes de sus conocimientos.

Sus allegados aseguran que Roberto Martínez tomaba apuntes de sus propios entrenamientos antes de retirarse, vivía el mundo del fútbol más allá de los partidos, lo estudiaba como si de un propio entrenador se tratara incluso antes de tomar la decisión de pasarse a los banquillos.

Aquella decisión de retirarse a los 33 años esconde una historia. Su padre, también jugador de fútbol años atrás, le había retado. Ambos profesionales, a modo personal, habían apostado por ver quién de los dos colgarías botas más tarde. Es por ello que Roberto Martínez perdió una apuesta personal con su padre en 2007, cuando decidió aceptar sus funciones de jugador-entrenador. Sin embargo, él no se veía cómodo con esa función y decidió que había llegado el momento de retirarse de forma oficial.

El joven jugador español que llegó con varias maletas a Inglaterra, con todo por decidir, dejando atrás su casa, su familia, cuando el mundo del fútbol no tenía asimilado traspasos internacionales, cumplió sus grandes expectativas y marcó a los aficionados de Wigan, primero, y Swansea, después.

Aquella decisión fue, sin duda, acertada. Actualmente, a sus sólo 41 años, es considerado uno de los técnicos más respetados de la Premier League, donde dirige al Everton, y donde sigue fiel a su estilo de posesión, toque y mimo del balón. Un prepulsor del fútbol colectivo que marcó la diferencia cuando el fútbol británico vivía con su omnipresente fútbol directo, donde las formas no importaban y sólo valía el marcador final.

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