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Kyrie Irving, un crossover hacia la gloria

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GAME 1 de las finales de 2015, en plena prórroga y con el partido en un puño, Golden State manda por cuatro puntos (98-102) a falta de 2:20 para la conclusión. El balón en manos de Kyrie Irving, que inicia la penetración y se topa con la pegajosa defensa de Klay Thompson, la cual le obliga a retroceder, hacer un crossover y cambiar de camino pero, en medio del bote para evadir al hijo del bicampeón de la NBA, Mychal Thompson, la rótula de su pierna izquierda se hizo añicos, y con ello, el espíritu de un malabarista llamado a ser campeón de la NBA.

Se retiraba del Oracle Arena con una cojera ostensible, pero más allá de gestos de dolor, su cara lo decía todo. La oportunidad de su carrera se esfumaba y él no podía hacer nada. Ya al acabar el partido salió ayudándose de unas muletas para caminar hasta la sala de prensa, donde explicó su frustración por lo sucedido, repitiendo que le dolía más dejar al equipo en la estacada que el estado de su rodilla.

Las finales cambiaron drásticamente para Cleveland, con Irving podían competir de tú a tú a los Warriors, sin él, sería muy difícil. Y así fue. Tras ‘robar’ el factor pista a Golden State y ponerse 2-1 en la serie, los Cavaliers claudicaban por inanición baloncestística. Empezaba ahora un calvario para el que Irving no estaba preparado mentalmente, una ausencia tan prolongada de las canchas de baloncesto.

Con el paso por quirófano empezaron también a aterrizar las dudas en la cabeza del base nacido en Melbourne. ¿Sería un fracaso como jugador? ¿Volvería a tener el mismo nivel tras la lesión? ¿Por culpa de su baja en las finales podía haber dado pie a una dinastía de los Warriors? Demasiadas preguntas y pocas respuestas. Estaba preso en una escayola, con un peso terrible en su conciencia y unas ganas casi enajenadas de volver a jugar al baloncesto. Se operó apenas 24 horas después de conocer su pronóstico, y tras operarse, tuvo una conversación con LeBron James. El alero le tranquilizó, le pidió que por favor se recuperase con calma, sin correr riesgos y tranquilo, que si trabajan juntos volverían a las Finales en 2016. Le hizo saber que en ese momento necesitaba que hiciera grupo para juntar fuerzas para tratar de ganar el anillo.

El primer parte médico daba entre 3 y 4 meses de baja, con lo que tenía casi imposible empezar la temporada, pero trataría de llegar a noviembre sano. Empezó la verdadera penitencia. Días enteros en el gimnasio para fortalecer su cuerpo, especialmente su pierna izquierda, con el objetivo de recuperar su mortal manejo de balón y sus crossovers, seña de identidad.

Una cosa tenía clara: antes de correr hay que andar. Le movía la ambición, la rabia por haber fallado a su equipo y el reto que perseguía desde la primera vez que cogió un balón, ser campeón de la NBA. Había sido MVP de un Mundial, número 1 de su Draft, tenía un futuro maravilloso por delante y estaba en el equipo idóneo para lograr entrar en la Historia.

Llegaba el momento de volver a coger balón tras varias semanas de dura recuperación. Se veía bien, con ganas, las cosas le salían pero los médicos querían ser muy precavidos con él. Y tras casi 3 meses de recuperación, recibió una terrible pero cauta noticia: atrasaban su vuelta a las pistas hasta finales de año. Sintió como si le tiraban con cadenas al mar, pero en el fondo sabía que era lo correcto. Llegó a su casa, se sentó a jugar al 2k16 y recibió un mensaje por el chat del equipo que rezaba lo siguiente: “Vamos Kyrie, el Tío Drew está más cerca que nunca de volver”, y adjuntaba un enlace del vídeo promocional de Pepsi, en el que Irving se hacía pasar por un anciano venerable que sin darte cuenta te rompía los tobillos en una cancha callejera.

Kyrie entendió el mensaje, vio como alguien que estaba sobre el papel incapacitado para jugar al baloncesto, de repente alcanzaba un gran nivel y marcaba diferencias. Llevaba toda la temporada viendo a Stephen Curry y a los Warriors arrasar por las pistas de la NBA, y cómo, para toda el mundo eran el tercer equipo candidato al anillo, a pesar de ser finalista estaban por debajo de los Spurs, que habían sido apeados en primera ronda del año pasado.
Esto le dio un empujón motivacional con el que no contaban en la plantilla, Irving buscaba su segunda oportunidad.

El regreso
Ya veo la luz al final del túnel”, dijo el propio jugador en declaraciones a Bleacher Report semanas antes de su regreso.

En cuanto a mi posible vuelta, tengo una fecha en mente, pero no la voy a compartir todavía. Voy a dejar pasar todos esos rumores que decían que volveré en enero. Yo me centro en continuar el proceso y trabajar día a día”.

Lo más importante ahora es no forzar. Hay que mantener la misma consistencia y volver al juego en forma, no querer acelerar el proceso. Aún no me han dado el visto bueno para empezar el trabajo con contacto, pero no hay nada que me impida correr a toda velocidad y trabajar con la pelota. Esto no me impide hacer ningún ejercicio. Tengo que trabajar en el gimnasio, fortalecer la pierna de nuevo y volver a ponerme en forma”.

Y casualidades del deporte, la NBA había preparado el calendario para los partidos del día de Navidad, y como no podía ser de otra manera, Warriors y Cavaliers se verían las caras en el Oracle esa tarde-noche. Irving quería estar si o si en ese duelo, aun sabiendo que llegaría practicante sin jugar y que su nivel no sería ni la sombra del mostrado antes de la lesión.

La fecha estaba elegida, sería el 20 de diciembre frente a los 76ers en el Quicken Loans Arena. Un partido fácil, que no le exigiría demasiado castigo físico. Lo ideal. Las pancartas del recinto lo decían claro: Uncle Drew Is In Da House.

Se le vio muy falto de forma, pero dejó detalles para la esperanza. El partido contra los Warriors tampoco sirvió de medición, ya que era en regular season y acababa de salir de la lesión. Los meses fueron pasando, y Kyrie iba cogiendo la forma. Un crossover en Houston dejó constancia de su regreso. Pero como cada momento bonito el Cleveland, duraba poco. El vestuario de los Cavaliers estallaba y una guerra civil entre Irving y LeBron se hacía eco en los medios. Los gestos en un tiempo muerto frente a Atlanta días antes del inicio de los playoffs, en el que LeBron echaba la bronca a Irving ante la total indiferencia del segundo, así lo indicaban.

La marcha de Blatt y el relevo de Lue ayudaron mucho a rebajar la tensión, pero parecía que los Cavs seguían algo despistados. La situación en los medios llegó a tal nivel que hasta salieron publicaciones que recogían las supuestas intenciones de Irving de abandonar los Cavs si LeBron seguía en Ohio el verano siguiente. El base lo desmintió, y el equipo se centró en la lucha por el título. Un anillo tan necesario como el aire.

El escudero de un Estado
Los playoffs iban viento en popa para los Cavaliers, con el 10-0 inicial dejaban en el camino a Detroit, Atlanta y dejaban casi lista para sentencia la final del Este contra Toronto. El Big Three funcionaba de maravilla y un año después, volvían a verse las caras en las finales contra Golden State. Todos en esa plantilla tenían cuentas pendientes con los Warriors, pero había dos tipos que especialmente habían marcado estas finales en su calendario. Uno era LeBron, en busca de su redención particular y el otro era Kyrie Irving, quien tenía que demostrar al mundo su valía.

No empezó bien, que digamos. En los dos primeros partidos, Kyrie no estuvo muy bien y los Warriors pasaban a cuchillo a los Cavaliers y el 2-0, obligaba a los Cavs a dar un golpe en la mesa en Cleveland para empatar la serie. Y en el GAME 3, Irving destapó el tarro de las esencias: 30 puntos y 8 asistencias. Un partido memorable, en el que hizo de todo y todo bien. Asistió, penetró, dribló, tiró de tres y rompió tobillos. Una locura. El GAME 4 anotó 34 puntos, pero no fue suficiente para empatar la serie.

Las caras en el vestuario eran un poema, se sentían al borde del desahucio, y para colmo, tenían que ir al Oracle a un quinto partido que parecía más encaminado al fin de fiesta de los Warriors que al inicio de una remontada de los Cavs. Entonces en el avión de ida a San Francisco, LeBron e Irving hablaron. Fueron sinceros el uno con el otro, sólo ellos dos podían obrar el milagro, se necesitaban y en sus manos estaba el intento de golpe de Estado en Oakland.

Entre los dos metieron 82 puntos, 41 para cada uno, algo histórico. Una exhibición jamás vista por dos compañeros en unas finales. Se negaban a entregarse, querían seguir siendo dos fugitivos en busca de su mayor golpe. Forzaban el sexto y contagiaban al resto del equipo. LeBron y Kyrie creían, los demás tenían que creer.

Tras ganar el sexto haciendo unos números de MVP y jugar 47 minutos y 5 segundos del GAME 7, llegaba su momento. El momento que llevaba esperando toda su vida.

The Shot
Ahí lo tenía. Su momento, su cita con la Historia. Un año y quince días después, Kyrie Irving obtenía su tan ansiada oportunidad. El funambulista más espectacular del planeta basket tenía en sus manos cambiar el destino. El base quedaba emparejado con Klay, pero éste le pedía a J.R. cambiar en los bloqueos para quedarse mano a mano con Curry.

Qué mejor manera de ser campeón que clavando el triple delante del MVP. El final de una historia que ha tenido sangre, sudor y lágrimas. Balón en movimiento, se lo pasa entre las piernas, amago de driblar con el bote, step-backy lanza.

19.500 personas se quedaban mudas al ver como ese triple imposible besaba la red. Lo había conseguido. Un año después del desahucio y tras tantísimo sufrimiento, Kyrie Irving se tomaba la revancha y hacía campeón a Cleveland Cavaliers. El Tío Drew se doctoraba. Los demás no sé, pero él había hecho un crossover hacia la gloria.

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