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Kroos dirige, Sergio Ramos revoluciona

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Hay en el ser humano una extraña simetría natural que encaja de forma asombrosa elementos opuestos. Los dispone de tal manera que, combinados en su justa medida, las fuerzas de uno y otro se complementan. Con Kroos y con Sergio Ramos tenemos el ejemplo de una simetría perfectamente diseñada. Existe una conjugación entre lo reflexivo de Kroos y lo prosaico de Ramos que derriba muros, equipos y bendiciones papales. Es una simbiosis de virtudes: la capacidad del alemán para la medición y el cálculo de variables junto a la capacidad aérea, perentoria e inmaculada del sevillano.

Toni Kroos entiende el fútbol como un deporte sin sobresaltos. Una tarea donde la mejor improvisación es tener todos los cabos atados, correr hacia el espacio segundos antes de que esté libre, visualizar el pase antes de darlo, pensar el partido antes de que comience. Es un talento que no se trabaja, que toca a uno de cada cien y que generalmente se suelen reunir en equipos como el Real Madrid. Por eso el madridismo disfruta tanto con su nuevo juguete:  bueno, bonito y sorprendemente barato visto el baremo que mide las transacciones deportivas de hoy en día. Un tricampeón del mundo a precio de fábrica que modula el juego del Madrid como la secretaria ordena la agenda del jefe.

Al otro lado de la balanza está Sergio Ramos. Su cabeza, la de Munich y Lisboa, saldrá a bolsa en unos meses. Se podrá comprar acciones que se irán revalorizando conforme vaya ganando Ligas, Copas del Rey, Champions o Mundialitos. Entonces veremos lo grandioso de la situación: en un deporte gobernado por el suelo, Sergio Ramos se ha hecho emperador por el aire. Combinado con Kroos, lo que hablábamos antes, el crimen está perfectamente organizado. Cuando remató, las maldiciones llegaron a Marruecos directamente desde el Vaticano y los jugadores del San Lorenzo se miraron con gestos inequívocos: “Esto tenía que pasar en algún momento, muchachos”. Los argentinos entendieron que no por convertir el césped en barbecho con espigas el aire se volvería nebuloso. Ahí se elevó Ramos, ahí murió el San Lorenzo y la final.

Bale ficha una vez más

El galés es el hombre de las finales. No necesita cuajar un buen partido. Llega a la oficina, ficha y se vuelve a marchar a tomar café, a relajarse después del deber cumplido. Volvió a poner el trazo grueso de una final, que hasta el momento solo se había contorneado con el cabezazo de Sergio Ramos. El galés se encontró con la colaboración del portero, pero de nuevo firmó el libro de visitas de la final. Como en Valencia, como en Lisboa. A veces los millones están justificados, a veces pagar un descapotable sale rentable aunque solo se luzca en verano. Si es cierto aquello de que los grandes jugadores aparecen en los momentos importantes, guarden sitio a Gareth Bale. El chico ha hecho méritos.

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