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Kovacic, un talento con demasiadas incógnitas

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El Real Madrid ha hecho oficial su principal refuerzo para el mediocampo de cara a la nueva temporada. Tras barajarse numerosos nombres durante todo el verano, al final el elegido ha sido Mateo Kovacic, el joven talento del Inter por el que se pagará la nada despreciable cifra de 3o millones de euros.

Nacido en 1994 en la ciudad austriaca de Linz, sus padres de origen croata e inculcada fe católica llegaron allí huyendo de la guerra que asolaba los Balcanes durante esos años. Mateo empezó a jugar a fútbol en Austria, pero con 13 años volvieron a Croacia y fue reclutado por el Dinamo Zagreb. Su talento no pasó desapercibido y con 16 años debutó en el primer equipo, huérfano de Luka Modric y ansioso de descubrir al que podía ser su heredero.

Un talento descomunal y una técnica exquisita son dos de las principales características de Kovacic que se empezaban a vislumbrar ya entonces. También una versatilidad absoluta para moverse en cualquier posición del mediocampo, siempre con un perfil volcado al ataque. Su precocidad era tal que sin cumplir la mayoría de edad ya había disputado 12 partidos de Champions League.

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El Inter le fichó en enero de 2013, petición del joven y breve entrenador Andrea Stramaccioni, por un precio que rondaba los 12 millones de euros. La idea inicial era convertir a Kovacic en el futbolista sobre el que tenía que girar el equipo interista a medio plazo, con la ilusión de convertirlo en un regista al estilo clásico. El precoz Mateo se convertía en una de las esperanzas del equipo.

Dos años y medio después, la sensación que deja Mateo Kovacic entre técnicos y aficionados del Inter es más bien agridulce. Queda claro que, con apenas 21 años todavía tiene tiempo y margen para mejorar. Un crecimiento que, al contrario de lo que se podía esperar, ha sido escaso su etapa en el Inter. Sus últimos meses en el equipo directamente han dado una sensación de ligero, pero peligroso, estancamiento.

El contexto que ha supuesto el Inter de los últimos tiempos no ha sido el mejor, en continua decadencia y sin rumbo. Por otro lado, la versatilidad de Kovacic paradójicamente se ha terminado convirtiendo en un lastre para él: ha jugado en una infinidad de posiciones sin hacerse fuerte en ninguna.

Stramaccioni le probó, recién llegado, como regista, con resultados para olvidar; y con Mazzarri destacó con cuentagotas al final de su segunda temporada e inicio de la último como interior izquierdo, con libertad para crear e incorporarse al ataque, protegido eso sí por los cinco defensas y dos centrocampistas. Con Mancini empezó como trequartista a la vieja usanza, aunque también llegó a jugar pegado a banda izquierda y como segundo delantero. En sus últimos partidos volvió a la posición de interior, siempre acompañado por mediocentros defensivos como Medel o Brozovic.

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El potencial de un futbolista como Kovacic es enorme, pero pocas veces demostrado. Posee una gran técnica, regate en carrera que le permite saltar líneas por el centro, veloz y combinativo, con una buena visión de juego y capacidad para internarse en el ataque y dar el último pase, aunque sin mucho gol y con tendencia a precipitarse. Su mejor versión la ha dado siempre de manera lagunar y en contextos en los que se le da mucha libertad sobre el campo. Por ello sus escasos partidos de gran nivel se han visto más cuando ha partido desde la mediapunta que desde más atrás en el campo.

Defensivamente, Kovacic tiene bastantes carencias, especialmente cuando juega de mediocampista. Su tendencia a ser un jugador muy móvil provoca que le cueste mantener la posición y tácticamente sufre, obligándole a corregir usando su velocidad. De hecho, cuando el Inter ha jugado con más futbolistas de perfil ofensivo en el mediocampo, como Hernanes y Shaqiri en los últimos meses, el equipo se ha desequilibrado por completo, provocando agujeros en defensa -acentuados por la falta de nivel del equipo- y oscureciendo el lado más creativo de Kovacic.

¿Una pieza útil para el Real Madrid? Está por ver. Mentalmente, intimidado por su propia juventud, nunca ha sabido imponerse en un equipo como el Inter, donde era con diferencia el jugador de más calidad de la plantilla, desapareciendo constantemente de los partidos y siendo decisivo en muy pocas ocasiones. Tampoco con la selección croata está cumpliendo todavía ninguna expectativa. Hay muchas dudas sobre si podrá soportar la presión de un equipo siempre exigido y exigente como el Real Madrid, que perdona pocos errores y donde la paciencia es un bien escaso.

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En cuanto a su estatus como principal recambio de Modric y Kroos, se trata de una oportunidad de aprender de dos de los mejores en esa posición. Además lo hará en un contexto de juego y jugadores que se adapta mucho más a su estilo que el existente en el Inter. Sin embargo, hasta ahora Kovacic pocas veces ha rendido con continuidad como organizador, y apenas ha jugado algunos minutos en una posición tan delicada y exigente como el doble pivote, hacia el que se inclina Benítez. Lo ideal para su juego es disfrutar de libertad algo por delante de los mediocentros, en una posición comparable -que no similar- al que realizan James o Isco, pero el overbooking en esa zona ya es enorme.

Más allá de eso, no cabe duda de que Kovacic tiene tanto un talento actual como potencial futuro para alcanzar el nivel de un Real Madrid, también como mediocentro organizador. Sin embargo, como demuestran los recientes casos, también en el mediocampo, de Illarramendi o Nuri Sahin, las expectativas pueden ser un lastre demasiado grande para él. Y una estancia prolongada en el banquillo con su edad podría suponer un estancamiento todavía más pronunciado en su carrera.

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