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Kevin Garnett, el prototipo

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Estamos asistiendo en los últimos tiempos al adiós de grandes leyendas de la liga. Este año se nos han ido de golpe Kobe Bryant, Tim Duncan y Kevin Garnett. Eran los últimos representantes de una hornada que llegó el siglo pasado para adelantarse a los tiempos y dominar la liga, presentando como credenciales unos fundamentos que les hacían diferentes al resto. El eco de las retiradas de Kobe y Tim va quedando cada vez más lejos. Permanecerán para siempre presentes en nuestros corazones, sí; pero hemos tenido tiempo de asimilar que cuando arranque la temporada 2016-17, ellos ya no saltarán al parquet con las escuadras de toda su vida. Lo de Kevin es más reciente…

También Amar’e Stoudemire ha dejado la NBA. Igual los últimos años pueden distorsionar un poco nuestra memoria, pero estuvo algo más de un lustro a un nivel sobresaliente, que le situaba entre los mejores en su puesto. Viene a cuento mencionarlo porque se trató de otro hombre alto que dominó la competición. Y que, además, representaba un tipo de jugador diferente para lo que acostumbraban, en otro tiempo, aquellos que se equiparaban en altura. Durante los 80 y 90 las grandes torres se imponían dentro de la zona. Patrick Ewing, Hakeem Olajuwon, David Robinson y, en última instancia, Shaquille O’Neal tiranizaban la pintura apoyándose en la superioridad de centímetros y kilos. Estos 4 ejemplos eran mejores técnicamente, claro. No solo bastaba con abarcar espacio. Pero desde luego si tu presencia intimidaba, partías con ventaja. Stoudemire, Garnett y Duncan, junto a Chris Webber, Dirk Nowitzki, Jermaine O’Neal o Rasheed Wallace como punto y aparte, y, a la vez, punto de partida, para una nueva concepción de hombre alto. Todos ellos representaban el cambio de ideas, la evolución hacia la diversidad, la posibilidad de ser creativo, y amenazar desde el exterior. Siendo aún fuente de intimidación interior, el objetivo era una fusión que diera ventaja frente a hombres más corpulentos. Poder salir al perímetro y arrastrar hasta allí a tipos más lentos que, en caso de no llegar a puntear, serían castigados con un lanzamiento efectivo. La preocupación venía en defensa, cuando tocaba contener a monstruos como Shaq. Ahí la disyuntiva que no permitió el adelanto del “small ball” hasta que dejó de penalizar que un 7 pies machacase el aro propio con cierta facilidad. Eso, y el recelo a romper con los moldes establecidos por parte de los técnicos más conservadores.

La gran ventaja hubiera sido que todos los baloncestistas mencionados ocupasen la posición de 5; pero priorizar a partir del miedo (lógico por otra parte en la era O’Neal) incitaba a los entrenadores a acompañar a estos talentos con una pareja que compitiese en magnitud con la amenaza. Al comienzo de su carrera, en Minnesota, tener en el equipo a un Tom Gugliotta a su mejor nivel, permitió que un joven Garnett intercambiase su posición para jugar de cara al aro. Gugliotta era el 4 titular y Kevin el 3, permutando puntualmente posiciones para aprovechar la ventaja de este último, mientras que Christian Laettner, Sean Rooks, Cherokee Parks, Dean Garrett o Stojo Vrankovic hacían las labores de 5. Con la marcha de Gugliotta a Phoenix, Garnett ocuparía definitivamente la posición de ala-pívot, siendo pareja de Stanley Roberts, Joe Smith, Rasho Nesterovic, Ervin Johnson o Michael Olowokandi. El punto álgido de Kevin Garnett en los Wolves llegaría en la temporada 2003-04, con Sam Cassell, Trenton Hassell y Latrell Sprewell en la línea exterior y con Ervin Johnson molestando lo menos posible en el ataque. Jugando el pick and roll con el base, se veía en muchas ocasiones en disposición de ir de frente. Da que pensar.

Kevin, en Brooklyn | Getty

Kevin, en Brooklyn | Getty

Ya en Boston, Kendrick Perkins sería el ancla bajo el tablero. Nuevamente, Garnett sería un power foward. La apuesta salió bien, pero si miramos en el espejo de Los Angeles Lakers, comprobamos que, a diferencia de Pau Gasol, jamás tuvo un tipo que pudiera ser su complemento dentro para formar una dupla ligera, como sí ocurriese con los californianos en aquellas ocasiones que Lamar Odom ocupaba el sitio de Andrew Bynum. El tándem angelino poseía ese punto de fantasía que jamás puede darse cuando uno de tus interiores es limitado (o torpe) en sus movimientos. Lo más cercano, vistiendo de verde, fue cuando Rasheed Wallace arribó ya con 35 años a cuestas y lejos de su mejor forma.

Curiosamente sería ya en sus días en Brooklyn cuando por fin veríamos a Kevin Garnett en un sistema moderno de hombres bajos. La lesión de Brook López, un accidente, propició este hecho. Al verse sin su 5 titular, Jason Kidd debió experimentar. Deron Williams, Shaun Livingston, Paul Pierce, Joe Johnson, Alan Anderson y Mason Plumlee solían ser los compañeros de quinteto. Solo este último relegaba a Garnett a la situación de alero alto. Les iría tan bien así, que llegados los playoffs, Anderson y Plumlee partirían desde el banquillo. Los Raptors fueron víctimas antes de caer contra los todopoderosos Heat de LeBron, Wade, Bosh, Allen y demás. Tal vez con otra edad…

Tristemente nunca sabremos lo bueno que hubiera podido ser Kevin Garnett en este sistema. Como pívot y en plenitud, podría haber sido imposible de controlar, yéndose hasta la línea de 3 puntos, cargando el rebote partiendo desde fuera de la zona, o facilitando y pasando debido a su excelente visión y conocimiento del juego. En defensa no hubiera tenido demasiados inconvenientes, puesto que hablamos de un auténtico especialista en esas lides, capaz de cubrir casi cualquier posición. A día de hoy son más comunes los jugadores de esas características. El papel que desempeña Draymon Green en los Warriors, o en muchos momentos realizó Bosh para los Heat, como modelo. Y no hay dudas de que Kevin Garnett ha sido superior a ambos sobre la pista.

Una vida persiguiendo un sueño | Getty

Una vida persiguiendo un sueño | Getty

Kevin Garnett fue un adelantado a su tiempo. Casi todos los hombres de más de 2,10 estaban atrapados bajo la canasta el siglo pasado. Vivir en el poste se aprendía también en el período universitario. Él aterrizó directamente desde el High School, siendo el primer jugador en 20 años en presentarse desde la escuela secundaria, y se saltó esa lección. Pocas personas entonces imaginaban que alguien de su altura pudiese situarse tan alejado del aro y ser capaz al mismo tiempo de sumar minutos en cualquiera de las 5 posiciones. Tal vez llegó demasiado pronto, cuando la forma de entender el juego no había evolucionado, y lo que hoy presenciamos y admitimos como normal ni siquiera era imaginado. O quizás lo hizo en el momento adecuado, para ser paradigma de lo que tenía que venir. Y ser la clave de un futuro que hoy ya es presente, la versatilidad como patrón para crecer a partir de ella. Lo que hoy hacen otros, él podía llevarlo a cabo 2 décadas antes.

Kevin Garnett, como Tim Duncan, ha sido un puente entre generaciones. Compartió vestuario en su año rookie con Terry Porter, quien hoy tiene 53 años. Ahora lo deja habiendo sido guía de Karl-Anthony Towns o Andrew Wiggins, nacidos el año en que él debutó en la NBA. Ha sido puente también en cuanto a concepción y evolución del juego. Se marcha en paz. Aunque a mí, personalmente, me habría gustado saber cuál habría sido el impacto de un joven Garnett en el baloncesto contemporáneo. Pero claro, puede que sin él y otros de su generación, este deporte no se descifrara de la manera que en estos tiempos se hace.

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