Fútbol inglés

article title

Kevin de Bruyne o cómo convertirse en el mejor futbolista de la Premier

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Hablar del actual Manchester City es hacerlo sobre uno de los mejores equipos del momento. Ya no solo por su exitosa racha en este inicio de temporada (todavía no han perdido y llevan 15 victorias consecutivas), sino por cómo lo están haciendo. Con goleadas. Con triunfos ante conjuntos importantes. Conquistando estadios muy complicados. Parece que tras un año de adaptación, Pep Guardiola ha sabido dar con la tecla y las cosas están empezando a funcionar por el Etihad: “Esta es la forma en que queremos jugar. Nuestra confianza es alta. Todo el mundo cree que vamos a ganar. Nos conocemos más, conozco más a mis jugadores, a la liga y a los otros combinados”, afirma el técnico catalán.

Son muchos los factores que explican el espectacular rendimiento “citizen”. Desde la portería hasta la delantera. Ederson se ha asentado en el marco. Stones ha recuperado la confianza y está exhibiendo la versión que justifica los 55 millones de euros que se invirtieron para su fichaje. Walker funciona. Silva organiza. Sané y Sterling vuelan por los carriles. Y Agüero y Gabriel Jesús no paran de marcar. Eso sí, hay un futbolista que destaca por encima de todos ellos y de toda la Premier en general: Kevin de Bruyne.

El “desterrado” del Chelsea. El joven belga que parecía no tener futuro en Inglaterra después de su estancia en Stamford Bridge. Hasta José Mourinho llegó a comentar esto tras su salida de Londres allá por enero de 2014: “Él no quiere estar en un conjunto donde no sepa si va a jugar el sábado. Él necesita esa confianza. Esa seguridad de saber que siempre iniciará los encuentros. Y yo no estaba conforme con esa actitud. Yo le dije que tenía que aprender a convivir con estrellas como Hazard, Mata, Willian, etc. No le podía prometer nada. Después de todo, él no estaba entrenando bien y me decía: ‘No puedo dar más. Esto es lo que soy’. Así que lo vendimos e hicimos un buen negocio“.

Quizá no era el momento. O quizá sí. Nunca se sabrá si el bueno de Kevin pudo haber triunfado de la mano del entrenador portugués. Lo que sí está claro es que disfrutó de poco tiempo con el primer equipo “blue”. Tanto él como otros muchos (Lukaku, Salah, etc.) que ahora triunfan lejos de la capital británica. Pero ese no es el tema a debatir ahora. Y no lo es porque De Bruyne se ha encargado de que no lo sea. Su proyección desde ese momento ha sido brutal. Su influencia en el juego cada vez va a más. Se ha convertido en un jugador absolutamente global capaz de dominar cualquier tipo de duelo. En cualquier contexto. En ataque posicional o a la contra. Es extraordinario.

No obstante, el actual pupilo del Manchester City no siempre fue el todocampista en el que se ha convertido. Los inicios de la carrera del belga están marcados por la zona de tres cuartos de la cancha, ya sea tirado a banda o como mediapunta. En el Wolsfburgo (2014/15) se lució ahí. Justo detrás de Bas Dost, De Bruyne registró 10 goles y 22 asistencias en todo el curso. Unas cifras sobresalientes que reflejaban su gran visión de juego y su llegada desde segunda línea. Una temporada de ensueño con la que tocó la puerta de los grandes de Europa por su velocidad y capacidad para conducir los ataques. No tanto de dirigirlos, ya que normalmente recibía por detrás de la línea de los mediocentros contrarios o al espacio, y tan solo tenía que finalizar con una asistencia o un disparo. Pero es que eso ya lo hacía muy bien.

A raíz de ahí, el gran proyecto del Manchester City se interesó por él, y 75 “kilos” fueron la clave de una operación que devolvió a Kevin a Inglaterra menos de dos años después de su partida. De la mano de Pellegrini en su primera campaña, el ex futbolista del Genk solía partir desde la banda izquierda, dada la dupla en el doble pivote que formaban Yaya Touré y Fernandinho, y el puesto de “10” que ocupaba David Silva. Y todo apuntaba a que, más pronto que tarde, la simple apuesta por el talento puro acabase dando resultados en el Etihad. Pero nada más lejos de la realidad. El cuadro británico no ganaría ningún título ese año, e incluso terminaría sufriendo para obtener una plaza de acceso a UEFA Champions League para la temporada siguiente. La fórmula no estaba funcionando.

Hasta que llegó Pep Guardiola. El técnico de Santpedor no titubeó en volver a apostar por su más que conocido 4-3-3, y colocó a De Bruyne y a Silva como interiores, justo por delante de Fernandinho. Una formación muy ofensiva. Muy arriesgada. Que deja al mediocentro brasileño como el único hombre con carácter defensivo en el repliegue, y que limita la ayuda que puedan recibir los laterales. En un principio parecía que la baja de Gundogan era la clave para entender este sistema. El germano sí está más capacitado para jugar en el círculo central que sus dos compañeros. Pero ya se ha visto que no es el caso.

Los primeros meses fueron de adaptación para todos. Para Guardiola y su conocimiento sobre la Premier. Para su plantilla. Y para el protagonista de este artículo. Para De Bruyne no fue nada fácil enrolar su nueva posición sobre el terreno de juego. Estar acostumbrado a recibir con mucho espacio por delante o entre líneas, no tiene nada que ver con aprender a jugar en la zona donde se concentran la mayor cantidad de futbolistas sobre el césped. Pep le entregó los mandos de su equipo (también a Silva, pero el canario ya lo hacía con anterioridad). Le “obligó” a ampliar los registros de su fútbol. A tocar muchas veces más la pelota por partido. A recorrer más distancias. A aparecer más.

El balompié se está desarrollando en un contexto en el cual los grandes jugadores se están dedicando a hacerlo todo y hacerlo bien. Messi genera y golea. Neymar también. Hazard igual. Los grandes conjuntos deben de contar en sus filas con un pupilo de este perfil. La mayoría de las veces “nace” solo. Como Asensio. Pero con el belga no fue así. Seguro que ni él mismo se imaginó jugando de la manera en la que lo está haciendo actualmente.

Una comparativa lo deja todo más claro. El Kevin de Bruyne del Wolfsburgo (2015), aquel que también contaba con unos números escandalosos, promediaba 44,7 pases por partido en la Bundesliga. El del año pasado se quedaba en 50. El de ahora realiza más de 73 por encuentro. Es una barbaridad. Uno de los siete goles que le endosó el Manchester City al Stoke en la octava jornada, es el vivo reflejo de lo que es De Bruyne. Primero, acude en apoyo a Kyle Walker en su propio campo. Recibe y combina con Silva en el círculo central. Aterriza en zona de tres cuartos, y termina dibujando un pase inverosímil para que Sané solo tenga que regalarle el gol a Sterling. Está en todos lados. No se esconde.

Es curioso porque, es tal la magnitud que ha acogido el centrocampista “citizen”, que muchos han olvidado el espectacular golpeo que atesora (en Stamford Bridge dio buena muestra de ello) y la enorme cantidad de asistencias que reparte. Desde la llegada de Guardiola, ya son 24 los pases de gol que ha regalado. Tan solo Eriksen le sigue la estela con 17. Además, es el único jugador en toda la liga que cuenta con cinco premios a “Hombre del Partido”. En tan solo once jornadas que se han disputado. Está dominando la competición a su antojo.

Todavía está por ver cuál su techo. Con 26 años, le queda muchísimo por aprender y asimilar en un deporte donde siempre se puede mejorar. Con Pep a su lado será todo más fácil. Y con un conjunto tan engrasado como el actual Manchester City, también. Kevin de Bruyne, el mejor futbolista de la Premier League.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados