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Kerber, la número uno de las grandes citas

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Puede que muchos recuerden este 2016 como el año en el que, después de tanto pelearlo, Andy Murray alcanzó el número uno de la ATP. Ciertamente no sería un error hacerlo. Sin embargo, olvidan otro gran hito. Este 2016 también ha sido el año en el que una tal Angelique Kerber, ¿la reconocen?, destronó a la gran Serena Williams y, al igual que Murray, se coronó por primera vez en su carrera como número uno del mundo.

Un hecho histórico por dos sencillas razones. La primera, por acabar con el extenso reinado de la pequeña de las Williams, que ya duraba más de tres años y medio – 186 semanas consecutivas – y, la segunda, por emular a su compatriota Steffi Graf y colgar la bandera alemana en lo más alto del ranking WTA 20 años después.

Graf, Kerber y el año 1988

Dos décadas separan los reinados de estas tenistas alemanas que, sin embargo, comparten algo más que el país de origen y la pasión por el tenis, algo que las une en el tiempo y que quedará marcado para siempre en sus vidas. Se trata del año 1988. En este precioso periodo de tiempo compuesto de doce meses Steffi Graf hizo historia mientras que Angelique Kerber comenzó a escribirla. 1988 fue el año, concretamente el 18 de enero, en el que la actual número uno del mundo nació. Al mismo tiempo que esto ocurría, una jovencísima Steffi Graf (19 años) daba, en el Abierto de Australia, los primeros pasos para conseguir la mayor gesta de la historia del tenis, el increíble Golden Slam.

Este reconocimiento distingue a aquel jugador – en este caso jugadora y, además, la única persona que lo ha conseguido – que se corona, en un mismo año, en los cuatro grandes de la temporada (Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y Abierto de Estados Unidos) y, además, se cuelga la medalla de oro de los Juegos Olímpicos. Graf lo hizo – su medalla fue en Seúl – y, a partir de ese momento, se forjó su leyenda, la de aquella tenista única que logró lo que nunca nadie ha sido capaz de conseguir con una raqueta entre las manos. Así de especial fue 1988 para ambas. De forma diferente, sí, pero igual de inolvidable.

2016: el año de la consagración

Y de la misma manera que el 18 de enero de 1988 es una fecha irremediablemente marcada en el calendario de Angelique Kerber, desde este año también lo es el 12 de septiembre de 2016. Un lunes en el que el nombre de la alemana apareció, por primera vez, en lo más alto de la clasificación WTA. El día que marcará un antes y un después en la carrera de una jugadora que ha convertido 2016 en el año de su consagración en la élite del tenis.

Esto ocurría un 12 de septiembre, pero la de Bremen ya venía haciendo las cosas muy bien desde principios de año. El número uno es sólo la punta de un iceberg que se sostiene sobre una base de hielo fortalecido por la constancia y el esfuerzo. Y es que la alemana no sólo fue la mejor en el tramo final de la temporada, Kerber ya se había convertido, con sus extraordinarias actuaciones en torneos importantes a lo largo de 2016, en la número uno de las grandes citas.

Citas tan significativas como las finales del Abierto de Australia, de Wimbledon, del Abierto de Estados Unidos, de los Juegos Olímpicos y de las WTA Finals. En todas ellas estuvo presente. Una circunstancia que le valió para sumar puntos y más puntos a un cómputo general que no ha dejado de crecer en todo el año hasta catapultarla a la cima del tenis mundial. Es más, el hecho de no haber podido ganar tantos títulos – “únicamente” ha sido campeona en el Open de Australia, en Stuttgart y en el U. S Open –, paradójicamente, la convierte en una número uno única.

Única y efectiva. Kerber es, junto a Serena en 2009, la única tenista que alcanza el primer puesto de la WTA habiendo terminado el año con “solo” tres títulos. De esta forma, la regularidad y el buen juego desplegado por la alemana en las citas más importantes del calendario han sido las que le han valido para destronar a la estadounidense y quedarse con el ansiado cetro mundial.

Sídney, primer objetivo para 2017

Un cetro que la alemana sostiene desde hace casi tres meses y que espera mantener, si Serena y compañía se lo permiten, el máximo tiempo posible en 2017. Por ahora, el primer objetivo que se ha marcado Kerber para la próxima temporada es Sídney. Un torneo al que lleva acudiendo, de manera consecutiva, desde 2013 con resultados ciertamente positivos – dos semifinales y una final –.

No obstante, en esta edición se verá las caras con jugadoras de la talla de Agnieszka Radwanska, Dominika Cibulkova, Karolina Pliskova o Svetlana Kuznetsova. Todas ellas dentro del Top 10 de la WTA y presentes en el último Torneo de Maestras. Todo un reto para empezar el año para una primeriza del número uno que, sin embargo, tendrá que ejercer su papel de máxima favorita. Ahora es la rival a batir y tendrá que estar a la altura tanto en las grandes citas como en el resto de competiciones del curso. Porque Kerber es sinónimo de regularidad y porque así lo ha demostrado esta temporada. Sin duda esperamos mucho de ella en este 2017.

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