Fútbol italiano

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Juventus y Fiorentina, Baggio y la UEFA de 1990

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Carlos HERNANDO – Cuando en el sorteo de Europa League vimos a Juve y Fiore tan cerca en el cuadro, la memoria se activó y recordó esos duelos entre dos históricos del Calcio, esa historia del fútbol europeo. La final de la Uefa 89-90 entre ambos, el traspaso de Baggio al equipo turinés o los tres días de disturbios en Florencia por la gestión de la presidencia sobre la venta de la joven estrella púrpura. Numerosos antecedentes que engrandecen el fútbol, otorgando a los tifosi un impagable premio cada vez que se ven las caras; siempre con ese ímpetu por vengarse, por dominar al rival y dejarlo sin respiración.

Dos de mayo de 1990. Tras superar a un pelotón de equipos alemanes, dos clubes italianos se enfrentarían por primera vez en una final europea. La última ronda del torneo era a doble partido, algo inédito en estos años. El primero de ellos sería en el Comunale, factor que daba cierta ventaja a los bianconeri al jugar como locales, mientras que la vuelta se disputaría en campo neutral, en Avellino, pero en una zona de gran tradición juventina, ante la imposibilidad de jugar en el Artemio Franchi por sanción.

Este capítulo de la historia comenzaría con un color distinto según qué enfoque se le diese. Y es que solo hicieron falta tres minutos para que el equipo dirigido por Dino Zoff se adelantase al de su homónimo Graziani. Una jugada criada en banda derecha maduró en los pies de Schillaci hasta la línea de fondo; allí se independizó hasta el punto de penalti para que Roberto Galia perforase las redes.
No tardarían los visitantes en empatar y lo conseguirían de forma calcada. En esta ocasión, Di Chiara se zafó de quien quiso por la izquierda, regaló el balón al primer poste para que Buso batiese con la testa (o más bien con el corazón) a Tacconi. Siete minutos de asedio púrpura para ajusticiar a los suyos. El partido comenzaba de nuevo, pero el guión no se modificaría. El equipo de Baggio siguió dominando, acechando el arco bianconero con rápidas salidas de balón, con unos mayúsculos Dunga, Kubik y Marco Nappi que convirtieron al guardameta juventino en el personaje principal de la obra.

Sufría mucho, demasiado el equipo de Zoff. La escuadra viola afilaba los colmillos, pero no iba a haber sangre bianconera, solo púrpura. Alessio salió por Bruno y todo tornó a su favor. Arrancó en tres cuartos, avanzó hasta la frontal mientras los tifosi ya se despegaban de sus asientos;  el cuero cayó en el portugués Rui Barros que abrió para que Schillaci hiciese magia al primer toque a pesar de la voluntad de Celeste Pin -y el tan famoso y protestado empujón- por evaporar la ilusión turinesa. Alessio, omnipresente, recogió el despeje, ejecutó con el alma, hasta que Casiraghi batió de una vez a Landucci. El propio portero desafinó en el tercer gol, el que aniquiló la eliminatoria. De Agostini otorgaba oxígeno acompañado prácticamente del título europeo.

El 3-1 resultaba más que suficiente. Avaricia de goles en la ida para una vuelta sin goles en Avellino. La Juve se proclamaba campeona de la Copa de la Uefa por segunda vez, dejando a la Fiore en las puertas de la grandeza europea. Su rivalidad comenzaba a nacer, pero se convertiría en ira e histeria con el traspaso de Baggio a la Juve por la pésima gestión del presidente viola Flavio Pontello y el propio rechazo de `Roby’ de salir de su amado club. Su corazón destilaba sentimiento púrpura, pero las necesidades económicas lo arruinaron todo. Entre Fiore y Juve no hay otro elemento que rivalidad, ganas de revancha, de venganza. Todo esto lo podremos observar este jueves. Tendremos la suerte de ser testigos de la prolongación de la historia. De su historia.


El portero Tacconi alza la segunda Coppa UEFA de la Juventus en 1990

¿Hubo más antecedentes entre equipos italianos en el viejo continente? Claro que sí. No olvidemos que el calcio italiano ejerció su hegemonía en la década de los 90 con el famoso catenaccio, centrado en proteger con todo para posteriormente pasar a la ofensiva. Es por ello que vimos duelos homicidas entre escuadras transalpinas: Inter-Atalanta y la final Inter-Roma en el 91; tres años más tarde, Cagliari-Juve y Cagliari- Inter ;y las finales Parma-Juventus y Lazio-Inter en los años 1995 y 1998 respectivamente. El tricolore italiano se expandió por cada rincón de Europa a la vez que Il Canto degli Italiani resonaba, apreciando su eco desde el sur hasta las grandes extensiones europeas.

Avanzando y cambiando de siglo, aprovechamos para trasladarnos también de competición: la Champions League. Aquí el número de enfrentamientos es menor, pero nos dejaron la final de 2003 entre Juventus y Milan en Old Trafford y dos Derby della Madonnina donde Shevchenko rompió en mil pedazos el sueño neroazzurro con cuatro goles de cinco que hubo en esos inolvidables cuartos de final de 2005.

Dos años antes, Juventus y Milan se medirían por primera vez fuera de Italia nada menos que en la final de la Copa de Europa. Un Teatro de los Sueños repleto de estrellas: desde jugadores que aun no colgaron sus botas como Del Piero, Pirlo o bien los guantes como Buffon, pasando por algunos que ya lo hicieron como Davids, Gattuso o Maldini hasta presentes entrenadores como Conte, Inzaghi o Seedorf. Tras 120 minutos sin goles, los once metros decretarían el campeón europeo ese año.  Dida y un imberbe Buffon se convirtieron en protagonistas al blocar cinco penaltis, lográndolo solo Birindelli y Del Piero por parte de los de Lippi y Serginho, Nesta y Shevchenko (como no) para los de Ancelotti.

Ahora sin ningún representante en Champions, Juve y Fiore pelearán por seguir defendiendo a su país en el continente europeo junto a Napoli en la Europa League. Sera muy difícil repetir esa dorada década de los noventa y las intermitentes Copas de Europa de Milan e Inter, pero es lo que tiene el fútbol y que lo hace maravilloso: todo puede suceder.

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