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Justin Patton y Creighton: historias inesperadas

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El deporte, como la vida, nos da sorpresas un día sí, y otro también. No lo esperas y un bache en el camino propicia un giro inesperado que cambia tu ruta, quien sabe si hacía un mejor destino. La novedad es tan constante como el propio tiempo. Todo sería tan monótono sin una sola alteración en nuestro sistema, que la homogeneidad se apoderaría de cada pequeña y esquiva nota discordante. Por suerte la historia, aunque repetida hasta la saciedad, no deja de propiciar espacios de caos entre tanto orden. ¡Viva la diversidad, y viva el baloncesto! Un deporte donde no faltan las sensaciones fuertes e inesperadas en dosis separadas de 40 o 48 minutos.

Quién diría en la víspera de noviembre, justo en los días previos al comienzo de la liga universitaria en los Estados Unidos, que una cenicienta llamada Creighton, con calabaza azul, que no príncipe, bailaría entre el resto de aspirantes con zapatos de plomo y sin hora de partida. Pisando fuerte y sin intención de dejar el baile a medianoche. Gusta la guerra entre los bluejays y alargarán la fiesta todo lo que puedan.

En lo que ya es oficialmente el mejor inicio en la historia de Creighton, con un balance de 18 victorias por solo dos derrotas, no podía faltar la acaparación de piropos en la universidad de Omaha. Son muchos los factores que han consolidado tal éxito, un éxito que pretende comprar billete directo a la final four.

El cuerpo técnico dirige desde la banda un grupo de jóvenes guerreros armados de valor hasta los dientes, de entre los cuales, un gigantón con apariencia afable dista mucho de no atraer los ojos y libretas de la NBA. Siete pies de estatura, y un sobrenombre contundente como ‘Big Muddy’, dan el primer llamamiento de atención a los ojeadores para que fijen su atención en un diamante oculto hasta la fecha, con el nombre de Justin Patton grabado en su ficha de identidad. Si no han escuchado aún este nombre guárdenlo en su memoria, pues tiene pinta de sonar con fuerza en los próximos años.

Patton vive su año de freshman en Creighton, y lo cierto es que no podía haber acertado más con su llegada a Nebraska. Ha sido llegar y besar el santo como quien dice. La camada del ’97 promete un futuro brillante, y son muchos los jugadores que dejarán su huella en la NCAA. No todos eran conocidos, pero si es cierto que los favoritos no han defraudado, y entre los tapados, Patton se puede llevar el Oscar a mejor actor revelación.

Los radares más potentes no captaron su señal, solo unos pocos eruditos y visionarios tenían su nombre apuntado en la agenda, pero ahora, todos sin excepción, encienden sus pantallas para vislumbrar lo que promete ser una futura carrera en la élite.

Patton ronda los 14 puntos y seis rebotes de media por partido, unos números, que sin ser para tirar cohetes, si demuestran un asentamiento más que cómodo en su estreno universitario. Cualquier recién llegado firmaría tales cifras, y más si tenemos en cuenta la ayuda indispensable que con ellas ofrece a un equipo ya campeón aunque sin título.

La campaña en Creighton es para estar orgullosos, muy orgullosos, y no es menos el trabajo de Patton, de quien su entrenador habla maravillas. Sin ir más lejos, Greg McDermott, fue, en un principio, el único que confió en las cualidades del center. En una visita a la universidad de Creighton, el pívot nacido en Omaha, recibió de manera inesperada una oferta del propio coach para militar en las filas de los bluejays. Aquello fue un regalo caído del cielo para Patton, que sin saberlo, devolvería toda la confianza puesta en el por partida doble. Su potencial estaba oculto entre 213 centímetros de altura, pero no se ha hecho esperar demasiado el despliegue de talento, en lo que ha supuesto una subida a sprint y sin descanso hasta la cima.

Ahora, tras una puesta en escena con garantías de futuro, el siguiente paso en su trayectoria deportiva puede ser la NBA, donde las franquicias han abierto sus puertas a Patton. Según los entendidos, la primera ronda del próximo draft sería una más que posible realidad para él (posición 20), sin embargo, antes de pensar en el devenir de su carrera, es tiempo para seguir construyendo su presente.

Leer más: Remontada histórica de Nevada en la NCAA

Creighton quiere luchar por el título este curso, y sin un plantel recargado de estrellas, ha encontrado en un chico sencillo criado en Omaha, el baluarte decisivo para inclinar la balanza de su lado, y cuanto menos, regalar espectáculo a los miles de aficionados atentos a la resolución del campeonato universitario.

Como dice el estribillo de House Party, obra de Sam Hunt y canción favorita de Justin Patton, “We’ll have a House Party” (“Tendremos fiesta en casa”), premisa que todos los aficionados de Creighton esperan sea cierta, y con ello, montar su propia fiesta a finales de marzo. La locura se acerca, y Creighton viene con Patton a la cabeza y ganas de presentar batalla.

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