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Justicia: Roberto Merhi llega a la Fórmula 1

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Dos españoles en Australia, tres en el resto de la temporada. De entrada es una noticia fantástica para un país que empezaba a temer que toda una hornada de pilotos muy talentosos iba a quedar inutilizada en la Fórmula 1. La alegría es doble cuando nos enteramos de que el protagonista es Roberto Merhi, que participará con el humilde equipo Manor. Y es que de todos los pilotos que se me ocurren nadie se lo merece más que él.

Roberto deslumbró en el Karting con gran precocidad, llevando su velocidad rápidamente hasta las carreras de monoplazas. Con diecisiete años ya estaba pilotando auténticos bólidos de carreras y peleándose con estrellas actuales de la Fórmula 1 como Daniel Ricciardo, quien le ganó la Fórmula Renault 2.0 por tan solo ocho puntos. Con esta edad, el castellonense ya se comenzó a destapar como un auténtico fuera de serie en las carreras sobre asfalto mojado, dando alguna exhibición con coches de Fórmula 3 de las que esclarecen que un piloto tiene mucho talento. En 2011 llegó el primer título, las F3 Euroseries, con 131 puntos de ventaja sobre el segundo, después de dos intentos fallidos en los que sus respectivos equipos no estuvieron a la altura. Roberto era campeón, uno de los pilotos con más futuro, y ahora le tocaba elegir. Y se equivocó.

Merhi eligió turismos, el DTM alemán con Mercedes, un campeonato al que nunca se adaptó. En dos años logró únicamente 26 puntos y un podio, en la última carrera, en Hockenheim. Un gran resultado que no le hizo cambiar de decisión: tenía que volver a los monoplazas. 2014 fue el año de la epopeya. Roberto llegó a la Fórmula Renault 3.5 de la mano del equipo Zeta Corse, un conjunto ruso de capa caída que estaba al borde de la desaparición y cuyos medios eran pésimos. En principio solo llegó en pretemporada para dar algunos consejos de cómo enderezar aquella ruina, pero los enamoró. Y por supuesto se quedó. En la primera carrera primer podio, un segundo puesto en Monza. La perplejidad no haría más que aumentar con un piloto que lograba meter constantemente en los puntos aquel Zeta Corse. En Moscú, en la carrera local para el equipo, todo iba a explotar. Roberto Merhi ganaba la prueba desde la pole, dando una auténtica exhibición y mostrando a España que no solo Carlos Sainz participaba en la categoría. En Alemania otra victoria, y una más en Hungría, completando otra exhibición bajo la lluvia de esas que quien la vio nunca olvida. 30 segundos al segundo clasificado y más de un minuto a su nuevo compañero de equipo, Will Stevens. Roberto Merhi estaba en la lucha por el título.

Y entonces llegó la Fórmula 1. Caterham, con su experimentado jefe Colin Kolles al mando, le requería para el final de temporada. Empezarían siendo unos libres, pero tenía pinta de que Roberto Merhi competiría en alguna carrera de Fórmula 1. El castellonense batió en dos de sus tres entrenamientos libres a Marcus Ericcson, su más experimentado compañero, y solo la bancarrota del equipo impidió que aplicase un contrato que ya tenía firmado. Will Stevens, de nuevo él, sería el encargado de llevar el coche verde en la última cita de Abu Dhabi, para la que el equipo asiático llegaría por los pelos.

En las World Series, pese a llegar con opciones a la última cita en  Jerez, el campeón fue Carlos Sainz. Merhi con su Zeta Corse quedaba tercero, al no poder terminar por causas ajenas a él ninguna de las dos carreras jerezanas. Igualmente la hazaña estaba hecha, uno de los resultados más impresionantes vistos en automovilismo en los últimos tiempos.

Hoy, Roberto Merhi llega a la Fórmula 1. Llega para competir, para correr, no solo un viernes sino todo un fin de semana. Y nada puede ser más justo.  De él podemos esperar poco, ya que las previsibles limitaciones técnicas de su coche primarán ante todo. En Melbourne, superar el 107% y poder participar en la carrera ya sería todo un éxito. A partir de ahí, todo se andará. Si algo nos demostró el añorado Jules Bianchi es que con un coche pequeño a veces se puede demostrar más que con el más veloz de los Red Bull. Caterham y Manor, dos equipos pobres, en los más lastimeros apuros económicos, apuestan por un piloto que ni de lejos es de los que más dinero les puede aportar. Él aporta otra cosa, él les trae talento a espuertas, cosa que en Manor conocen muy bien de experiencias comunes anteriores. Durará una carrera, cinco, diez o veinte, pero Roberto las va a disfrutar. A Zeta Corse también llegó para un ratito. Ah, y por si esto no dura demasiado, recemos todos para que pronto alguna gotita se deje caer por la Fórmula 1. Seguro que nos divertiremos descubriendo a un gran talento que se empeña en no ensombrecer.

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