Fútbol inglés

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Jugador de la semana: Maarten Stekelenburg

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Creo que hay un día en la vida de un futbolista, en el que se levanta con magia, un día especial donde todo sale redondo, donde brilla, el cual se queda fijado en la memoria, por siempre. Es su día.

Maarten Stekelenburg llegó al Everton este verano. Pero antes de ser un toffee, Maarten había jugado en otros clubes de talla mundial. Empezó en el Ajax en 2002 y en el 2011 fue traspasado a la Roma, donde jugaría dos años. Al terminar su etapa en Italia, llegó a Inglaterra de la mano del Fulham, donde jugaría un año antes de ser cedido al Mónaco, y seguidamente al Southampton.

Ese día especial, del que he hablado anteriormente, fue vivido por ‘Stekel’ el sábado en Manchester, y sé que fue ese día para él porque es fácilmente reconocible: el portero no dejó de gritar, animar, motivar. Apareció en los momentos importantes y fue totalmente decisivo.

Era una jornada con mucho peso en la Premier League, como prácticamente todas, ya que es una liga en la que perder puntos castiga mucho, y ganarlos gratifica y te dispara en posiciones más de lo normal, debido a lo apretada que está la clasificación en todas las zonas de la tabla. En esta jornada, el Everton visitaba al líder, el Manchester City, pero la presión no pudo con Maarten y realizó buenas intervenciones desde el inicio del partido. Un sorprendente error de Jagielka, que no se esperaba dada su veteranía, terminó con penalti cometido sobre Silva, el cual se encargaría de tirar Kevin De Bruyne.

A partir de ese momento empezó la guerra psicológica entre el lanzador y el portero, Stekelenburg estiraba los brazos, tocando el palo con las manos como si de una portería de fútbol-7 se tratara, como si intentara dar a entender que mide 1’94 metros, intentando hacerle asimilar a Kevin que lo tenía muy difícil. Y, como si fuera un niño que mira la chuleta en un examen, como si ya supiese la respuesta a la pregunta más difícil, ‘Stekel’ adivinó perfectamente el lado del lanzamiento. Quizás fuese porque era su día, por esa magia entrañable, o quizás estudió a los lanzadores del equipo ‘citizen’, eso es mejor dejarlo a opinión personal. Su altura y su veteranía hicieron el resto y lo paró de una forma sensacional.

Stekelenburg ya se iba al descanso como un héroe, pero el día especial de un jugador no se basa solo en una parte del partido, la historia se seguía escribiendo.

Empezaba la segunda parte del partido con mucho tiempo por delante, y contra todo pronóstico, Lukaku cogió el balón en banda izquierda, y realizó una genial internada al área que terminó en gol. La minoría ‘toffee’ conquistaba el etihad, sólo se oían gritos de celebración, era un gol muy importante que llenaba de vida y confianza al equipo.

Pero la ofensiva del Manchester City desde ese momento fue constante y no cesaba, era chute tras chute, oportunidades peligrosas a raudales, el líder no quería perder ese partido y hacía todo lo que podía para lograrlo. Y es entonces donde sigue la historia de Maarten, que paraba disparo tras disparo, haciendo honor a su apodo, con la agilidad de un ‘gato’, y reduciendo las esperanzas del equipo de Guardiola.

Llegó el minuto 71, Agüero había entrado minutos antes, y provocaba un penalti que él mismo tiraría. Venía de fallar uno que podría haber dado el empate a Argentina en el parón de selecciones, y se volvía a producir la guerra psicológica. Y sí, volvió a pasar, fuese por preparación o porque fuese su día, lo paró otra vez. Ese fue el climax del día de Maarten.

Pero de forma prácticamente seguida entraba Nolito al partido, y rematando un centro impecable de Silva conseguía empatar el partido, y aunque esto estropeaba un poco el día de ‘Stekel’, los ataques del City crecerían aún más, y tendría oportunidades de lucirse más aún. Así lo hizo. Quedaban 20 minutos de partido, y Stekelemburg paró absolutamente todo, hizo lo imposible para hacer que el Everton no se fuera de Manchester con las manos vacías.

A escasos minutos del final, De Bruyne pegó un cañonazo prácticamente imparable (siempre y cuando no estés viviendo tu día), perfectamente colocado y potente, pero Maarten sacó la mano, se estiró, y la paró. Stekelenburg consiguió que el Everton se hiciera con un punto, hizo sufrir al líder, desquició a un estadio entero, y emocionó a toda una afición, porque era su día, porque salió al campo con magia, porque consiguió algo aún más importante: dejar huella.

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