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Juanfran, un rayo para corregir el pasado

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“Vos sos lateral diestro”. Imagino a Juanfran, varios días antes, preparando el argumentario para defender la vuelta a su posición natural en el extremo derecho frente a Simeone. Imagino a este desmontando su coartada con esas cuatro palabras. El Cholo no había necesitado 96 minutos de metraje ni un dominio del diálogo y el razonamiento como el de Henry Fonda en 12 hombres sin piedad. Le bastó apoyar su persuasión en la media sonrisa de Steve McQueen, y en unos ojos claros que inoculaban confianza como lo hacían los del profesor John Keating en El club de los poetas muertos. Aquello no iba a ser fácil, debió pensar el futbolista. Convencer a esa clase de tipos que hablan sin hablar requeriría puñados de saliva y parecía tan inútil como intentar emborracharse con agua oxigenada.

Siete años antes de esta (solo quizá) ficticia escena, Juanfran Torres debutaba con el Real Madrid junto a su compañero Álvaro Mejía de la mano de Carlos Queiroz. Con apenas 19 años (temporada 2003/04) disputaba sus primeros minutos en el Bernabéu en un partido contra el Villarreal que el conjunto blanco acabó ganando por 2 a 1. Esa temporada participó hasta en 8 partidos con el primer equipo, pero al año siguiente no se asentó en las rotaciones ni con García Remón ni con Vanderlei Luxemburgo por lo que en la temporada 2005/06 fue cedido al Español. Con el entonces equipo de Lotina consiguió la Copa del Rey y cuajó una muy buena temporada aunque no lo suficiente para volver a un Real Madrid con exceso de pasaje en la medular y una banda derecha convertida en el Paseo de la Fama tras la llegada de Beckham. Con 21 años es fichado por Osasuna. Claúsula del miedo y opción de recompra no ejecutada. De la exigencia por ganarlo todo a la realidad de un club que lucha por mantenerse en la élite. De las portadas de “el nuevo Alguien” a la ignominia de los breves en páginas interiores. El argumento, en manos de Vittorio de Sica, daba para relato neorrealista de un juguete roto, al que se le ha atrofiado el gusto por jugar tras verse descartado por esa “Fábrica” subordinada a la importación de materia prima. Por suerte, Juanfran decidió rescribir su propio guión.

Con Osasuna lo juega todo. Ziganda primero y Camacho después sólo tienen que preocuparse por buscar 10 titulares más. Juanfran destaca en un Osasuna que cumple y mantiene la categoría en las cuatro temporadas en las que el de Crevillente permanece en Pamplona. Es difícil que un jugador como Juanfran, que repite en sus entrevistas un mantra con las palabras “humildad”, “trabajo” y “corazón” no encaje en Osasuna. Complicado que la afición rojilla no le convierta en uno de los suyos. Imposible que antes o después no reciba recompensa. En enero de 2011, el Atlético de Madrid le ficha durante el mercado invernal. Tiene 26 años, la experiencia de un veterano de guerra y la ilusión de un canterano.

El primer escollo que debe superar Juanfran al fondear en el Manzanares es el asociado al momento de su fichaje. El infame mercado invernal se ha ido denigrando año tras año con especial vehemencia en el club rojiblanco. La pequeña tienda de los horrores incluye nombres como el de Avi Nimni, el Pollo Olivera, Daniel Fagiani o Richard Núñez. Presentaciones esperpénticas y la sombra de comisiones millonarias provocan que a cualquier fichaje a mitad de temporada se le borde la letra escarlata al lado del escudo. Para Juanfran tampoco resulta fácil. La marcha de Simão al Beşiktaş dejaba al club sin especialistas de banda más allá de Reyes, pero Quique Sánchez Flores no le encuentra sitio y prefiere dibujar rombos en el centro del campo. Es una competencia dispar y aleatoria que provoca que Juanfran nunca tenga la continuidad deseada esa temporada. La banda derecha cambia de dueño cada partido. Fran Mérida, Raúl García, Reyes a pierna cambiada, un jovencísimo Koke, el propio Juanfran y hasta el otro fichaje invernal, el brasileño Elías – un centrocampista al que hasta Google pretende olvidar – rotan en una irregular temporada rojiblanca que va de más (con la victoria en la Supercopa de Europa frente al Inter) a menos…

El segundo estigma que debe salvar Juanfran es su pasado madridista. Reyes lo seguía sufriendo. Y antes que él Jurado. Y antes García Calvo. Es como el día en el que conoces a tu familia política; no importa lo que hagas, no vas a ser bien recibido. Para un ex-merengue recién llegado es como si además te presentaras en casa de tu novia apestando a bar y acompañado de los personajes de Trainspotting. Y es que hacer la comunión de blanco y varios kilómetros al Norte nunca tuvo buena prensa en la grada del Calderón. A Juanfran, sin embargo, le ocurre entonces como a John Dunbar a su llegada al remoto puesto fronterizo en Bailando con lobos. Comienza a sentir admiración y respeto por los habitantes de su nuevo hogar. Los aficionados del Manzanares, como los sioux en la película de Kevin Costner, recelan: “Tú querer cazar bisontes con nosotros, pero tú ser hombre blanco. Muy blanco”…

La última afrenta llega al inicio de la siguiente temporada. Goyo Manzano, en su segunda etapa como entrenador rojiblanco, tampoco apuesta por Juanfran como titular en la banda derecha. Sin embargo, una serie de casualidades van a ser parte fundamental del devenir del futbolista. Una mala actuación de Perea ante el Rennes y los continuos problemas físicos de Sílvio, un buen defensa cuya tendencia a lesionarse le obligaba a dar las ruedas de prensa junto al doctor Villalón y un vademécum de bolsillo, fuerzan al técnico jienense a probar a Juanfran en el lateral derecho.

El antiguo entrenador de juveniles Ángel Sotos solía decir que la de lateral derecho no pasaba por ser una profesión agradecida. Ni glamurosa. Los niños cuando llegaban al club querían ser delanteros, extremos, centrales o porteros. Diablos, preferían ser medio volantes o falsos nueves. En esa esquina del campo donde ejercen los laterales diestros había poco que ganar y mucho que perder. Algo así como ser el guardaespaldas de la mujer del jefe. Pregunten a Vincent Vega. La situación se agrava si el puesto lo ocupa un antiguo extremo. Las críticas de los opinadores de oficina y de los agoreros del toro pasado se pasean por lugares comunes como el “pierde la espalda con facilidad” o el “ataca bien pero no sabe defender”…

Humildad, trabajo, corazón. Hoy nadie se acuerda de que Juanfran costó 4,2 millones de euros en enero de 2011. Es difícil encontrar fotos de un extremo del Castilla con media melena que apuntaba para el primer equipo. El Atlético es su familia y quiere acabar su carrera en el club rojiblanco. Como capitán a ser posible ha declarado más de una vez. El respeto es mutuo. La tribu le ha acogido como a uno más y tiene un nuevo nombre de guerra, Rayo; es indiscutible para entrenador, prensa y aficionados.

Quizá los más jóvenes ni siquiera sepan que Juanfran llegó como extremo. Que fue Simeone quien mantuvo su confianza en ese experimento de Manzano en el lateral. Que ha perfeccionado su papel doblando por banda porque ha tenido que ensayar el truco con un arquitecto del engaño como Arda Turan. Que primero Falcao y después Costa, y hoy Griezmann y Mandžukić aprovecharon sus asistencias. Que mejoró sus prestaciones defensivas hasta el punto de que ya es un fijo en las convocatorias de Del Bosque. Que no se dejó apabullar por las críticas de los voceros de este régimen bipolar (tan poco acostumbrados a que futbolistas de otros equipos le levanten el puesto a sus protegidos) tras un error en un partido contra Francia.

Fue en un partido contra el Granada en el Calderón. Una mañana anormalmente calurosa de marzo. Juanfran recoge un rechace cerca de su área. Gira sobre sí mismo para dejar sentado al primer rival. De pronto, olvida que alguna vez fue extremo. No quiere hacer fintas ni regates. Arranca con tanta fuerza, como queriendo huir de las cercanías del área, de agravios pasados, que a un segundo defensor del Granada sólo le queda esquivarle al pasar. Luego un autopase para salvar la tarascada de un tercer futbolista. 30 metros más para llegar exhausto al borde del área rival y servir un pase raso, quizá no demasiado bueno, pero sí lo suficiente para que Falcao lo convierta en una asistencia. Golazo. El Calderón rendido a un futbolista que demostró que con humildad, trabajo y corazón, hasta Carlito Brigante hubiera podido olvidar que estaba atrapado por su pasado.

Y Juanfran se dirige a hablar con Simeone al finalizar el partido. Con modestia, pero convencido. Tan honesto como el ruido de las tripas de un naúfrago. “Míster, soy lateral derecho” – le espeta. Silencio. El Cholo se ajusta la corbata. Se acaricia la barbilla con la mano izquierda. La escena es larga, lenta, pero la cámara va acercándose como si la estuviera filmando Sergio Leone. El plano se acorta tanto sobre el rostro del argentino que permite escuchar como amartilla su media sonrisa. “No, Juanfrán. Vos sos el mejor lateral diestro de la liga”. Imagino al de Crevillente al salir del vestuario pensando cómo iba a convencer a su entrenador de lo contrario. Lo imagino pensando cómo iba a convencerle, un año después de su llegada, de que su nombre era Juanfran y no Juanfrán.

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