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Juan Merino, de profesión entrenador

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Un currante de los banquillos, como también lo fue de futbolista. Ese es Juan Merino, un entrenador que no lo ha tenido fácil para progresar. Cuando le han necesitado, siempre ha respondido y quizá nunca fue recompensado. Ahora, en Tarragona, el técnico de la Línea de la Concepción, está sabiendo responder de nuevo, y si, sacando las  castañas del fuego como tantas otras veces. ¿Tendrá premio su trabajo? Vamos a exponer los méritos que le harían acreedor de ello.

El Gimnástic de Tarragona empezó esta temporada con altas aspiraciones. Su meritoria temporada anterior en la que disputó los playoffs de ascenso y una plantilla compensada respaldaban tales aspiraciones. Los mandos recaían en Vicente Moreno, quien como artífice del buen año anterior, tenía la confianza de club y plantilla. No obstante, en fútbol dos más dos no son cuatro, y tras veintitrés jornadas el equipo se encontraba en última posición. La situación era insostenible, un equipo que pasaba de jugar playoff a estar metido en el hoyo de la clasificación y sin perspectivas de mejora. El equipo necesitaba un cambio y la directiva pensó en Juan Merino, quien no había desentonado con el Betis en Primera División.

Merino revive al Nástic

El técnico andaluz, que se encontraba en el paro, aceptó el reto y se puso manos a la obra con el objetivo claro y conciso de salvar la categoría. Para ello, optó por apelar a la experiencia de la plantilla. Así, jugadores como el portero Manolo Reina, Cordero, o el fichaje invernal Emaná se hicieron con la titularidad. Esto, unido a un libro de ruta más simple pero más efectivo; Juego directo, fortaleza atrás, manejo del “otro fútbol” permitieron al equipo coger aire. Así, tras dos empates iniciales, llegó la primera victoria con Merino, en casa de un equipo por entonces muy en forma como el Lugo por dos a tres.

Merino en su época como entrenador del Real Betis | Getty

A partir de ahí, regularidad. Un empate sin goles en casa ante el Huesca, precedió a una derrota honrosa en el Ciutat de Valencia ante un Levante líder de la categoría. Esa derrota no hizo bajar los brazos al equipo, todo lo contrario. Tres victorias consecutivas continuaron con los buenos números del equipo que no es que saliese de los puestos de descenso, sino que se empezaba a alejar de manera más que notable rumbo a la zona media.

Fortaleza mental

La valía de un entrenador se prueba en la reacción ante los varapalos. Tras una buena racha de resultados, los tarraconenses empataban en Sevilla ante un filial en horas bajas y recibían un duro repaso por parte del Elche en casa perdiendo por tres goles a uno. Momento delicado, tocaba visitar al Valladolid. Los de Pucela venían al alza, rozando los puestos de promoción. El partido, jugado este fin de semana, fue una muestra más de lo bien que maneja el preparador linense el aspecto mental de su plantilla. El equipo se reivindicó y ganó con solidez en el Nuevo Zorrilla. Veinte puntos de doce partidos con Merino al frente, de ser último a ocupar el decimoquinto puesto. Mejora más que destacable.

Esto es algo que el entrenador andaluz va dejando ver en su corta pero intensa trayectoria como entrenador. Es experto en reanimar equipos en situaciones delicadas. Los béticos bien lo saben. Dos etapas ha vivido Merino en el conjunto verdiblanco como entrenador del primer equipo. Dos años consecutivos haciendo de bombero. La primera de ellas con el Betis en Segunda División. Tras la destitución de Julio Velázquez, el equipo se encontraba lejísimos de los puestos de ascenso directo. Cuatro partidos dirigió el bueno de Juan y cuatro victorias consiguió, encarrilando lo que Pepe Mel terminó. Al año siguiente, con el equipo ya en Primera, le tocó sustituir al madrileño que le dejaba un equipo cercano al descenso y con la moral por los suelos tras ser vapuleado por el eterno rival en Copa. Con sus más y sus menos, lo cierto es que el equipo se salvó con holgura.

¿De bombero a entrenador?

La respuesta inicial a esta pregunta es no. Todos estos méritos no le bastaron a Merino para hacerse cargo de un equipo profesional. En el Betis, que aspiraba a más, tenía las puertas cerradas. Y en Segunda nadie quiso apostar por él, cosas del fútbol. No obstante, su buen trabajo actual invita a pensar que esta pregunta podría responderse afirmativamente próximamente. Para ello, deberá rematar la faena en Tarragona, salvar al equipo y a partir de ahí ya se verá. Si todo sale bien, debería renovar con el club grana y mostrar sus credenciales como entrenador confirmado. Hay curiosidad por saber lo que un hombre que apaga fuegos con esta facilidad podría hacer con una plantilla hecha a su medida y con confianza por parte de su directiva. Quién sabe, lo descubriremos pronto.

Foto cabecera: @nastic

 

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