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John Guidetti, celtismo y fútbol en vena

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El Celta sigue subido a la nube que se pasea por cielo europeo. Un cielo azul, del mismo tono que esas elásticas que visten los de Berizzo. Un azul tan puro como el sentimiento de Balaídos. Los precedentes, tres ocasiones no materializadas por la mínima. Esta vez, una cuarta oportunidad que ilusiona a una fiel afición, y al fútbol español, siendo el único equipo del territorio nacional que ha conseguido seguir vivo en la competición de Europa League.

Las primeras semifinales coquetearon en el escenario de Balaídos, escondiéndose y dejándose ver.
Boetius provocó el mutismo de las gradas del club celeste, pero la reacción del Celta no necesitó un punto de inflexión ni que transcurrieran demasiados minutos. La medular, acertada en la recuperación, y una cita perfecta para el tridente compuesto por Aspas, Guidetti y Sisto. Éste último puso el primero para remontar, y los otros dos atacantes, hicieron el resto.

Sin embargo, un ritmo más pausado, y los fallos defensivos, permitieron que el Genk sumara otro tanto en campo contrario, a través de Buffel. Y con ello, que los ‘celtiñas’ abandonaran su casa con la sensación de una victoria que no terminaba de ser convincente. No obstante, cabe decir que el Celta ya viene resolviendo eliminatorias a domicilio. Y si en un territorio hostil como el de Ucrania se giró un marcador, la esperanza disponiendo una pequeña ventaja es evidente.

 

 

Corría el minuto 67 cuando Beauvue entraba al terreno de juego, y la afición ovacionaba a Superguidetti. Hacía solamente dos días que había recibido el alta, tras la lesión que le tuvo apartado tres semanas. El cansancio era notorio, y el público agradecía una vez más ese celtismo que parece correr por las venas de un sueco que se siente gallego.

Participó en los tres goles y marcó uno de ellos. Además, dejó un sello de exquisitez con un taconazo fabuloso para Sisto.

Quizás no tenga esas características mágicas que nacen de las botas de los jugadores que se asoman en el altar más excelso del fútbol. Pero este deporte, que por suerte entiende de variedad, es mucho más que eso. Y John posee una movilidad, frescura y asociación brillante. Además, es de aquellos jugadores que cazan tu admiración por esa lucha y entrega que le define. Algo que seduce al espectador y conquista a su afición.

Guidetti es ídolo de la hinchada del Celta de Vigo. Tiene al celtismo en el bolsillo, porque él lo siente del mismo modo. Enloquecen con la locura que desata cuando los objetivos se logran a base de sudor y esfuerzo. La alegría desmedida y la adrenalina por los poros de su piel en Járkov llegó hasta cada hogar celeste, transmitiendo la firme intención de llegar a la final. Algo que ese rostro de aspecto travieso tiene entre ceja y ceja.

Leer más: Los niños de Vigo cantan ‘The Guidetti Song’

Guidetti es especial. En todo ese compromiso insaciable, resalta un personaje con un carisma que camela. Solamente con un gesto, antes de pronunciar palabra, te arranca una inevitable sonrisa. Un tipo divertido al que, a parte del balón, le gustan los micrófonos, y es capaz tanto de cantar un villancico con la voz de Mariah Carey como de arrancarse a rapear. Su propia canción se entona en todos los rincones de Vigo, porque SuperGuidetti es un auténtico icono. Y no es de extrañar que sea un jugador querido en cada vestuario por el que transcurre su carrera.

Antes de pasar por el Celtic de Glasgow, lugar de procedencia en su viaje hacia La Liga, John estuvo en varios clubes cedido por el Manchester City, el club que le fichó cuando jugaba con el IF Brommapojkarna. Regresó a este último y formó parte del Burnley antes de cuajar una gran temporada en el Feyenoord, que no terminó como se vaticinaba con sus registros, por cuestiones de salud.

Un extraño virus contraído a través del alimento afectó a su sistema nervioso, y le apartaría de los estadios casi dos años. Pero la ambición de un hombre que nunca deja de idealizar le llevó de nuevo a reencontrarse con el balón. “He querido ser siempre el mejor jugador del mundo. Un sueño es un sueño, no necesariamente real”.

Tras un largo capítulo que puede interferir en estancar una carrera deportiva, Guidetti se enfundó la camiseta del Stoke City. Al final de esa temporada pondría rumbo a Escocia, donde conseguiría colocar en su palmarés una liga y la Copa de la Liga Escocesa.

Unos días antes de que se anunciara su fichaje por el Celta, Guidetti se proclamaba campeón de la Eurocopa Sub-21 con la selección de Suecia frente a Portugal, siendo uno de los jugadores que transformaría desde los once metros en la tanda de penaltis que les hizo vencedores.

La pasión de John por el esférico se cultivó en tierras africanas, donde también sembró la esencia de su solidaridad. Vivió en dos ocasiones en Nairobi. Y allí aprendió a conocer el valor de las pequeñas cosas, donde su piel blanca contrastaba con decenas de jugadores de tez oscura. El día y la noche, tan distintos de luz y tan iguales por contar horas del mismo modo. Afirma que ese es el mejor lugar del mundo. Un paisaje que recoge la paz del amor a la vida, y donde se juega al fútbol descalzo, sin necesitar nada más que la imaginación para dibujar líneas de fantasía que se convierten en gol.

John Guidetti: El niño que se enamoró de Kenia

Por todas estas vivencias, Guidetti parece hecho de otra pasta. La desemejanza de lo apropiado en su país, un símil de la osadía que caracteriza al mismísimo Ibrahimovic, su compatriota.

Es una verdadera suerte contar en nuestro fútbol con un delantero que es sinónimo de superación, envuelto de naturalidad e impregnado de un sacrificio que encandila. Un jugador distinto dentro y fuera del campo, dotado de espontaneidad, transparencia y mucho más que fútbol.

Sería maravilloso que este Celta de Vigo de Berizzo lograra hacer historia en la competición continental, para poner su nombre entre los más grandes.

El Celta camina por Europa y quiere viajar hasta Estocolmo, curiosamente, el lugar que vio nacer a John Guidetti. Vigo sigue soñando, y puede llegar a su primera semifinal europea en cuestión de días. Entre sus líderes, un hombre que cree en lo que hace, en él mismo y en el celtismo. El nueve que apasiona a Balaídos, su príncipe celeste.

 

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