Motociclismo

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Johann Zarco, Danny Kent y el miedo escénico

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Al tiempo que la temporada 2015 de MotoGP ha estado marcada por el abrumador dominio de Yamaha sobre Honda pero con la máxima incertidumbre en la lucha por el título entre Valentino Rossi y Jorge Lorenzo; las otras dos categorías han estado claramente dominadas por dos pilotos: el francés Johann Zarco en Moto2 y el británico Danny Kent en Moto3.

Tanto Zarco como Kent cuajaron una primera mitad de temporada estratosférica, yéndose de vacaciones con más de medio título en el bolsillo. Sin embargo, cuanto más cerca se han ido viendo de la consecución matemática del mismo; más errores han cometido, convirtiéndose en piloto que poco o nada han tenido que ver con lo demostrado cuando su mirada sólo estaba puesta en la siguiente carrera.

Lo hemos visto millones de veces, y en todos los deportes. Sin ir más lejos, el año pasado Marc Márquez tardó mucho más de lo previsto en cerrar un título que tenía ganado desde antes del verano, enlazando errores tontos que si no le complicaron realmente la consecución del mismo fue sólo porque su ventaja en la general era desmesurada.

En el tenis, resulta demasiado habitual ver a un jugador arrasar a su rival hasta sacar para el partido, momento en el que se le agarrota el brazo y empieza a cometer dobles faltas y errores no forzados; llegando en ocasiones a perder un duelo que tenía ganado. También en el fútbol, donde un equipo que ha practicado un juego exquisito durante 80 minutos se deja empatar o remontar por echarse atrás en los instantes finales, atenazados por el miedo a ganar.

En Motorland, Johann Zarco fue el ejemplo perfecto; llegando a reconocer incluso después de la carrera que había sentido la presión.

Después de doce carreras sin bajarse del podio, en Aragón apenas pudo ser sexto; peleando en un grupo con Thomas Luthi, Hafizh Syahrin, Takaaki Nakagami o Simone Corsi –pilotos a los que en todo el año apenas había visto en las pantallas-; y a 17 segundos de Tito Rabat y Álex Rins en una carrera de 26 minutos. Nada que ver con el Zarco de las 13 carreras anteriores.

Y qué decir de Danny Kent. ¿Dónde quedó aquel hombre que jugaba con los niños hasta que se cansaba y se iba dejándoles jugar solos? En su caso, a su abismal ventaja se unieron los cantos de sirena procedentes de MotoGP para hacer mella en su confianza. Aun así, los fallos de sus rivales –principalmente Enea Bastianini- le permitieron seguir disfrutando de una renta importante.

Una renta que no le ha impedido seguir cometiendo errores de bulto. El más flagrante llegó apenas una hora antes que el mencionado sexto puesto de Zarco. En la última vuelta de la carrera de Moto3, Kent vio perfectamente caer a Bastianini, lo cual le servía el título en bandeja.

En la última curva, Jorge Navarro y Kent se disputaban la segunda posición, con Miguel Oliveira ya como virtual ganador de la prueba. Un tercer puesto le hubiera reportado 16 puntos, que sumados a los 55 con los que llegaba a Aragón le hubieran hecho viajar a Japón con 71 de margen y sólo 100 en juego.

Incomprensiblemente, eligió la trazada más arriesgada en la traicionera última curva de Motorland; y sus desgastados neumáticos hicieron el resto. Kent acabó por los suelos y con un ‘cero’ en el casillero, manteniendo vivas las esperanzas de un Bastianini que sólo unos segundos antes parecía haber tirado por la borda toda opción de título. No tenía ninguna necesidad de arriesgar y lo hizo. La presión vuelve a ser la respuesta.

Es el famoso miedo escénico. Muchos lo han sufrido antes, y muchos más lo sufrirán en el futuro. Su aparición es inevitable, y su gestión es sólo cuestión de repetición; de enfrentarse a él una y otra vez. De ser derrotado por el propio miedo hasta llegar a disiparlo y vencerlo. Ni Zarco ni Kent se habían visto en una situación así, con medio Mundial en la mano a falta de varias carreras.

Los dos han sido los claros dominadores de sus categorías y se merecen el título; pero los títulos se otorgan por puntos, no por méritos. Dicen que de los errores se aprende; y seguro que el miedo escénico volverá a aparecer. En Motegi ambos tendrán que demostrar que pueden aprender a gestionarlo. Porque ese miedo puede marcar la frontera entre los campeones ocasionales y las leyendas del deporte.

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