Fútbol inglés

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Joey Barton y la historia de nunca acabar

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Cada vez que parece que Joey Barton se ha sabido reintegrar en la sociedad como una persona limpia, sin problemas, con todo los aspectos de su vida en su sitio, una nueva situación se trunca en esa línea recta que parece estar escribiendo.

Joey Barton es un adicto por definición. A todo. Tuvo una infancia difícil, vivió en un barrio conflictivo que se llevó por delante a uno de sus tíos, asesinado, y cerca estuvo de llevarse a otro, que se salvó milagrosamente. Lidió con la difícil situación de la separación de sus padres cuando solo tenía 14 años. Entonces, se pasaba los días a caballo entre la casa de su progenitor y la de su abuela, quien lo ayudó a ser mucha mejor persona de lo que es hoy en día. De no haber sido por ella, habría caído en bandas pandilleras, en un entorno regido por las drogas y la violencia, ese que sí integraron su hermano, Michael, y su primo, Paul Taylor, que cumplen condena por asesinar a hachazos a un joven de raza negra en un crimen racial cuando apenas eran unos adolescentes.

Su carrera se vio siempre condicionada por su mala cabeza. Sus pies podrían haber jugado a otra cosa y su nombre haber luchado con Gerrard y Lampard por un sitio en la medular de la selección inglesa. Al menos eso cree el que fuera estrella y proyecto de gran jugador en el Manchester City, que afirma que así se lo han confirmado varias personas dentro de la FA: Barton no iba a la selección porque no caía bien a los altos cargos, estaba vetado.

En el pasado adicto al alcohol, ahora han sido las apuestas (1.260 entre 2006 y 2013) las que le han dejado fuera. Una práctica absolutamente prohibida por los estatutos de la normativa del fútbol inglés que no tiene nada que ver con los amaños y que le ha supuesto una sanción de 18 meses que, a sus 34 años, le obliga prácticamente a una retirada prematura.

Pero su carta de presentación no acaba ahí. En su currículum podemos recordar aquella cena de Navidad en Manchester, cuando le apagó un cigarro en el ojo a un jugador del juvenil; cuando provocó a la grada del Everton y poco después se marchó del campo mostrándoles su retaguardia; O cuando le partió la cara a su compañero Dabo en un entrenamiento poniendo en práctica lo que le enseñaba su gran amigo Ricky Hatton, boxeador británico profesional e íntimo de Joey. Un hecho que acabó por costarle su puesto en la plantilla citizen y por el cual tuvo que hacer servicios comunitarios recogiendo basura y limpiando pintadas en las calles.

Meses más tarde, siendo ya jugador del Newcastle, una pelea en la vida nocturna de Liverpool y una paliza propinada a una pareja supuso su entrada en prisión, donde estuvo seis meses. Ahí Barton decidió madurar. Se apuntó al programa de alcohólicos anónimos y poco a poco empezó a trabajar para intentar controlar a su insostenible oscuro pasajero, que sigue saliendo de vez en cuando a ver la luz.

Barton ha tenido sonadas trifulcas sobre el césped con Torres, Ibrahimovic, Gervinho, Diaby, Xabi Alonso, Pedersen y hasta con Tévez y Agüero, a los que tras un rodillazo y un manotazo le cayeron 12 partidos de suspensión en la tarde en la que el nuevo Manchester City logró la consecución de la Premier League con un gol del Kun sobre la hora.

Formando parte activa de la comunidad tuitera, Barton no ha dudado en criticar el juego de Neymar o Pastore ni la apariencia física de Thiago Silva. Y eso, mensajes en la red social del pajarito en los que ponía de vuelta a la directiva del Newcastle (a quienes criticó de no gastarse el dinero de las ventas y quedárselo para su bolsillo) le costaron su salida en la plantilla de la que era capitán.

Barton ha cambiado. El chico que no acabó los estudios primarios, ahora estudia filosofía en la universidad. Apoya numerosas causas benéficas y es uno de los líderes del movimiento ‘Justice for the 96’, que busca la justicia para los hinchas del Liverpool que perdieron la vida en la tragedia de Hillborough. Se ha tomado con humor las amenazas de muerte recibidas en forma de carta por la que la policía le quiso poner vigilancia y se pasa las tardes estudiando para ser entrenador y leyendo a Nietzche. Pero no puede esconder al chico que lleva dentro. “Lo único que me diferencia de los amigos de mi barrio es el balón”, admitía hace años en una entrevista en el Daily Mirror.

Expulsado hace meses del Glasgow Rangers por el mismo motivo por el que ahora está sancionado, Barton ha sido siempre un objetivo fijo de la FA. Y es que, cada vez que parece que Joey puede ser un ángel, aparece su demonio. Él lo sabe, por eso, la promoción de su autobiografía, fue precisamente así: ¿Ángel o Demonio?. Tú lo eliges. Él es incapaz.

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