Sevilla

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El hombre que desea enamorar al gol

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El gol, el final de un acto que acaba acariciando la red desbordando una auténtica cascada de alegría. El final soñado. El gol es como esa chica que te gusta desde siempre, y que luchas a diario por enamorarla. Esa batalla adolescente en la que nunca te darás por vencido siendo consciente que siempre estarás dispuesto a aceptar su correspondencia, aunque te haya rechazado mil veces con anterioridad. En esa tesitura se encuentra Joaquín Correa, un futbolista dotado de talento y potencia que desea seducir al gol para desatar al galán que lleva dentro.

Joaquín es el ojito derecho de Verón. Al mito argentino ya lo tiene conquistado. La propia brujita lo eligió para ser el futbolista que le sustituyera, tratando de guionizar un episodio con un significado especial, sobre todo para la parroquia de Estudiantes. Para Correa, Verón fue un ídolo, un compañero, un presidente, una referencia. Para Verón, Correa es su sucesor en La Plata, su protegido, el futuro de Argentina. Para ambos, Estudiantes es una familia, un sentimiento, una filosofía.

El Tucu se forjó en Argentina como un futbolista espigado con desborde, hábil en el regate, con velocidad de conducción y con desparpajo a la hora de encarar al rival. Su proyección era palpable. En Estudiantes nunca frenaron sus cualidades. Pronto se convirtió en un futbolista clave en el primer equipo, a pesar de tener casi la mitad de los años que la gran figura pincharrata. Su club le permitió ir a Europa a probar con Inter, uno de los equipos que siempre mostró interés por Correa.

Pero sería la Sampdoria la que finalmente se hiciese con los servicios de la perla argentina. Allí, con Sinisa Mihajlovic en el banquillo, Joaquín tuvo que adaptar su físico al fútbol europeo. Lo innato ya estaba, la talla la tenía, pero al controvertido técnico serbio no le servía. Un jugador al que le gusta buscar al rival, con casi 1,90 metros de altura debía tener una mayor complexión. Antes de pisar el césped, Correa debía visitar el gimnasio cada día. En cinco meses, el Tucu ganó cinco kilos de masa muscular. Un nuevo reto cumplido para un futbolista sin límites.

Y llegó Monchi. El Sevilla FC invirtió casi 12 millones de euros en un futbolista que apenas había disputado una treintena de partidos en Italia y pocos más en Argentina. Pero en la oficinas de Nervión sabían lo que hacían. Y Sampaoli lo avalaba.

Ahora ha llegado el momento de dar el paso. Su arrancada, su capacidad de atacar espacios, su facilidad para conducir y colocarse delante del portero, su versatilidad jugando como extremo, segundo delantero o único punta. Todo ésto ya está. Ahora ha llegado el momento de seguir creciendo y afrontar el problema que le persigue. Enamorar al gol. El resto ya lo tiene conquistado. De alguna u otra forma, todos confían en el Tucu. El gol es el único que se resiste a caer en las garras del hombre que creció en el León. Pero caerá. Su atractivo lo acabará cautivando. Y entonces, el sucesor de la Bruja hechizará al mundo del fútbol haciéndose un hueco en la élite.

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