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Jermain Defoe, el superhéroe favorito de Bradley Lowery

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No recuerdo empezar un texto con la vista tan nebulosa. La mirada de Bradley Lowery conecta directamente con mi corazón. Le miro fijamente en una foto. Sus pupilas, dos luceros de radiante luz que, sin pronunciar ningún sonido, expresan miles de palabras. Mis ojos lloran, frente a los suyos, de impotencia, de emoción y de admiración.

El parón de selecciones nos ha dejado la cara amarga de aquellos conjuntos que no alcanzan el estatus que su historia les otorgó, el reencuentro de las mejores versiones de juego o el futuro de talentos innatos. Sin embargo, entre todos los highlights, la imagen que cobra más valor es la que nos brindaron dos manos enlazadas. Las de un jugador y un niño con cáncer, que refleja una especial relación que ya es conocida en todo el mundo. Una palma musculosa junto a otra de menor tamaño, en un preludio especial. Jermain Defoe y Bradley Lowery están preparados para saltar al césped para enfrentarse a Lituania. Hart les ha cedido el lugar para que sean los primeros en pisar el terreno de juego. El pequeño Bradley sabe que esta cita es importante. Tras más de tres años, Defoe ha sido convocado nuevamente con la selección de Inglaterra. La enfermería ha atacado a algunos pesos pesados, y los números de Defoe son méritos para la llamada de Southgate. A pesar de que el Sunderland es colista de la clasificación a falta de nueve jornadas, y los números atisban de lejos la salvación, Defoe pertenece al top ten de los máximos goleadores de la competición, y a la excepcional clasificación que reúne los futbolistas que han atrapado la cifra de 150 goles en Premier League. Un delantero de olfato goleador que, con rumbo a la MLS, hizo el amago que deja entrever un final cada vez más habitual. Pero el depredador nunca sacia su hambre, y vino de vuelta a la Premier League, donde además de ser jugador fundamental para su equipo, ha tenido la oportunidad de lucir el escudo de los tres leones, y rugir como ellos, firmando una victoria que empezó a cosecharse con su gol. Y sobretodo, para vivir algo más que un partido.

Bradley tiene cinco años. Curiosamente nació un mes de mayo. Un mes especial en el fútbol, cuando se dan grandes citas y se levantan trofeos.
A los 18 meses le diagnosticaron un tumor llamado neuroblastoma. Su primera lucha duró dos años, pero la batalla no pudo darse por finalizada. El pasado verano sufrió la recaída en la enfermedad, y desde entonces su rutina volvió a reflejarse en pruebas, tratamientos y un tiempo prolongado de su vida entre las paredes de un hospital.
Sus padres volvieron a iniciar la recaudación de fondos para un tratamiento especializado, y en muchos hogares se han planeado acciones y eventos para ayudar al pequeño.

Me pregunto qué sabe Bradley de sus horas en el hospital, aquellas que se contabilizan en un reloj de arena. Qué entiende una mente, protagonista de un cuerpo tan pequeño y tan valiente.
Me destrozan todas aquellas imágenes que he contemplado con los ojos vidriosos. Un rostro y un torso de pequeñas medidas, rodeado de tubos, lejos de columpios y toboganes. El maldito cáncer. Algo que asusta al pronunciarse y que el miedo le aleja de la naturalidad. Nos atiza, nos arrebata. Y en ellos, los niños, todavía nos crea un mayor sentimiento de impotencia.
Me contagia su sonrisa, que acapara la mitad de su bonita cara. Me llena de una energía que parte de esa singular inocencia. Vestido con diferentes camisetas de fútbol, sobretodo la del Sunderland, su equipo y en el que juega su amigo Defoe. O de Capitán América, emulando a un justiciero con quien la vida no fue justa. Nunca lo es para un niño que padece una enfermedad.
En su cabeza ha vuelto a nacer cabello, donde hace unos meses ni siquiera había vello. Y en él nacen cada día nuevas sonrisas, en las que se dibuja la esperanza. Una preciosa carcajada de bella sonoridad.

El Sunderland se ha volcado con la historia de Bradley. El pequeño ha recibido visitas de jugadores y ha asistido a partidos.
El Everton también es otro club que se ha sumado a las iniciativas de ayuda, con el bonito gesto de invitarle al enfrentamiento en el domicilio de los Toffees, y donando a su fundación una cantidad de 200.000 libras. La afición también fue partícipe del homenaje ovacionándole.
Pep Guardiola es también otra figura que quiso obsequiar a Bradley con uno de esos regalos que le hacen tan feliz, una camiseta firmada por todos los jugadores. Así como Ben Foster, portero del West Brom, que realiza acciones solidarias para recaudar fondos.
La BBC inglesa también aportó su reconocimiento. Bradley le marcó un penalti a Begovic, que fue elegido como mejor gol del mes.

La noche que Defoe pasó en el hospital con el pequeño conmocionó al mundo. Un gesto, entre los más grandes, de futbolista excepcional y maravillosa persona.
Defoe es el ídolo de Bradley. En él irradia toda la felicidad que siente cada vez que le ve.
Defoe y Bradley, un punto donde se cruzan dos caminos. Un puente de unión donde se ha forjado una amistad de pequeños y grandes hombres.
Tras el negocio del fútbol, donde las empresas mueven hilos, las normas a veces son excesivamente estrictas, las opiniones son juzgadas a la velocidad de un relámpago y las botas están enfundadas de contratos millonarios, hay historias que nos recuerdan que el fútbol es más que un juego y un espectáculo que hace latir nuestro corazón a un ritmo descontrolado, que rompe barreras para mostrar su lado más solidario y humano.

Hace unos de días, Bradley tuvo que anular su encuentro con el delantero del Sunderland por motivos de salud. Por suerte, se reencontraron de nuevo, y el gesto sonriente volvió a relucir en el rostro de un niño que ha encontrado en el fútbol el antídoto perfecto.
La estampa del pequeño Bradley, abrazado a las piernas de su ídolo en el estadio de Wembley, es el significado del abrazo del fútbol y de todo aquello que es capaz de rodear con sus enormes brazos.

En la cama del hospital, puede verse un cojín con una foto de ambos estampada.
Dice Defoe: “Every time I see little Bradley’s picture, I try not to cry”. Y yo intento hacer lo mismo, Jermain. Y no lo consigo. Sencillamente porque el amor que propagáis tú y Bradley nos emociona plenamente, y hace de este mundo un lugar mejor.

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