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Jeremy Mathieu, el corazón de Almudena Grandes

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Se antoja crispante imaginar un Valencia hoy en día sin la velocidad del galgo rubio, sin las cabalgadas furiosas y desenfrenadas en búsqueda de sus presas y sin esa sonrisa ‘molona’ de un capitán que ya se atreve a tirar petardos y a gastar bromas. Pero Jeremy Mathieu ha pasado por todos los episodios. Como si hubiese leído con detenimiento El corazón helado de Almudena Grandes. La escritora madrileña traza a través de dos familias – los Carrión y los Fernández- un panorama emocionante de la historia reciente de nuestro país y del conflicto de las nuevas generaciones con la memoria. El galo, como en la novela, divide su paso en Valencia en tres partes: “El hielo” “El corazón helado” y “El corazón”. Almudena Grandes escoge otro orden en la obra pero la cronología de Mathieu en Mestalla obliga a cambiar las piezas.

EL HIELO
Desde su llegada en 2009, el francés siempre estuvo señalado por ese carácter impertérrito e impávido. Cerrado siempre en sí mismo, Mathieu daba la espalda a la sociabilidad. Poco auxiliado por el club, aunque con poca fuerza de voluntad, obvió el aprendizaje de un idioma que le hubiese facilitado enormemente su adaptación. Vivía en una realidad paralela. Como un jinete solitario. Aterrizó en Valencia como ese lateral ofensivo procedente del Toulouse con maleta de frenesí. Impetuoso en el campo, se convertía en un tren de mercancías cada vez que percibía el espacio por el raíl izquierdo. Un potro desbocado que campaba con libertad extrema y que servía su mejor catering cuando se disponía a desdoblar y centrar. Pero defensivamente era una noria. Su espalda era la más recurrida por los entrenadores y donde solían los rivales encontrar el maná. Mathieu vegetó una primera etapa fría, con lesión incluida. Era un fragmento de hielo -de 1’92 exactamente- fuera de los terrenos de juego, matizado en el pasto cuando miraba hacia la portería rival. Algo similar a Álvaro Carrión y Raquel Fernández. Dos enamorados desde el arranque que tendrán que luchar contra el hermetismo, la displicencia y la escarcha del pasado fruto de las tendencias políticas de ambas familias.


Jeremy Mathieu, 36 partidos esta temporada | Getty Images

EL CORAZÓN HELADO
Parte del témpano de Mathieu comenzó a derretirse. Recomendado, ahora sí, desde diferentes entornos, abordó el estudio del castellano y aceleró su adaptación al club y a la ciudad. Aunque seguía sin resolver su autismo en las concentraciones y su autonomía. Los cascos musicales le evadían de todo lo que le rodeaba. Pero emprendió la integración grupal, aunque fuese a cuentagotas. Ya se vislumbraba un paso al frente y, en un alma solitaria como la de Jeremy, era motivo de celebración. En el verde se alternaba la posición con Jordi Alba, incluso comenzaron a jugar juntos. Por momentos llegaron a formar una de las bandas izquierdas más poderosas de la Liga. Pero llegó la maldición del tendón de Aquiles. Una lesión que le apartaría de los terrenos de juego una larga temporada y que le recularía su acomodación con los compañeros.

EL CORAZÓN
Tras su puesta a punto y obligado por las lesiones en defensa, Ernesto Valverde pensó en Mathieu como central. Y encontró un tesoro. Pero no de monedas microscópicas o liliputienses sino de auténticos lingotes. “Robocop” se sintió feliz en su nueva posición y ya jamás quiso vivir en tiempos pretéritos. En el centro de la zaga no forzaba su tendón como sí lo hacía en banda con sus continuas subidas y bajadas. Raquel Fernández y su familia, de tendencia republicana, se vieron obligados a huir a Francia durante la guerra civil, donde tuvieron que permanecer toda la dictadura franquista. Durante la Transición regresaron a España. El galo no retornó. Se ha quedado anclado en una posición donde demuestra su poderío semana tras semana. Jeremy Mathieu es, hoy, uno de los mejores centrales de Europa. Ya es costoso encontrar centrales zurdos en el viejo continente, mucho más con la presteza y resolución del francés. Además, ha derretido el hielo por completo. Tras su fundido es todo corazón. Uno de los capitanes del equipo y una de las voces cantantes en el vestuario. Durante las Fallas se vistió de pirotécnico y utilizó el ruido con sus compañeros. Una mutación inaudita si echamos la vista atrás. El idioma lo tiene controlado. Tanto es así que cada vez que asoma por rueda de prensa pone los puntos sobre las íes. No deja a nadie indiferente. Es de los futbolistas que cuentan cosas, de los que esquivan la lengua de madera.

Mathieu es top. Deseo que, al igual que Álvaro Carrión y Raquel Fernández, su comunión con el  Valencia CF sea hasta su retirada. Parecen pocos los 20 millones de cláusula –aunque vaya camino de los 31 años- dado el nivel en el que se encuentra. Un valladar inquebrantable que ha de ser imperativamente una de las piedras angulares del Valencia venidero. Jeremy abandonó su atuendo controvertido, casi lunático, por otro dicharachero y pizpireta. Pasó del hielo al corazón. De forma inusitada. Su alegría la contagia a todos. También a Almudena Grandes. Convencimiento pleno.

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