Granada

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Jeques y oligarcas en España

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Sergio Moreno – Se cumplen más dos décadas desde que en 1992 y amparados en la Ley del Deporte, los equipos de nuestro fútbol quitaban el poder a sus socios, para así entregarlos al mejor postor. Con las sabidas excepciones de Real Madrid, FC Barcelona, Athletic Club y CA Osasuna, únicos clubes que no habían registrado pérdidas en los cinco años anteriores, el resto de entidades de nuestras fronteras se convertían en sociedades anónimas deportivas, las ahora famosas y ‘mal nombradas’ SAD: “…Sociedades de responsabilidad limitada, de carácter mercantil y cuyos titulares lo son en virtud de una participación en el capital social mediante títulos o acciones. Esta responsabilidad limitada permiten a los accionistas no responder con su patrimonio personal, sino únicamente con dicho capital aportado…”

La finalidad, al menos inicial, no era otra que mejorar la transparencia económica e incluso la salida a bolsa de dichas sociedades. Nunca se produjo. Por los resultados, tampoco se ha mejorado mucho, es más, la deuda no ha hecho más que incrementarse en 6.000 millones de euros. ‘Un éxito’.

Podría escribir líneas y líneas, pero no son las SAD lo que me ha hecho ponerme delante del ordenador, en realidad este fue sólo el comienzo de uno de los sucesos por los que veinte años más tarde, los agujeros económicos no sólo no se han tapiado, sino que se han extendido hasta límites impensables, llegando en muchos (y tristes) casos a la desaparición, o casi, de clubes históricos, de equipos de ciudades con los que crecí y ahora están inmersos en las cloacas de nuestro fútbol o sencillamente no están.

¿Alguien se acuerda de Piterman? Seguro que sí. Este empresario ucraniano (Odessa, 1963) llegó a España en 1991, se instaló en tierras catalanas para hacerse con el Palamós de forma paulatina y llevarlo a la 2ªB. Sobre 2002, trata de comprar el Badajoz, sin éxito. No contento con ello, se marcó cotas más altas, llegando primero al Racing de Santander en enero de 2003 y luego al Deportivo Alavés en 2004. En Santander y Vitoria, Dmitry jugó a ser presidente, entrenador, preparador físico y fotógrafo, coleccionando enemigos y broncas como el que colecciona sellos. A día de hoy, el paradero de este oligarca del Este es completamente desconocido. Hace ya unos meses fue condenado a devolver los casi 7 millones de euros que se llevó de las arcas del club vitoriano y propiciaron su inmersión en concurso de acreedores.

Por tierras cántabras, Piterman fue el primero pero no el único. Más reciente, y triste caso, fue el del empresario indio Ahsan Ali Syed (Andhra Pradesh, 1973), quien llegó cual salvador del club del Sardinero, nada más lejos de la realidad. Lejos quedan aquellos apretones de manos y risas con él por aquel entonces presidente, el Sr. Revilla. Con la promesa de elevar a los cielos al Racing de Santander y colocarlo a la altura de los ricos de nuestra liga, el indio se hacía cargo de la deuda, que respaldaba con una fortuna de unos 8000 millones que él mismo cifraba. Pagó parte de la deuda a los acreedores del club para evitar la desaparición del mismo. Pero pronto toda la ilusión y las promesas se desvanecieron. Los jugadores denunciaron el reiterado retraso en los pagos de sus nóminas, del igual modo que hacienda no recibía la cantidad estipulado en un calendario de pagos creado por el propio empresario. El resultado económico fue un fraude por valor a 72 millones de euros y a nivel deportivo, a nivel deportivo lo mejor es no dar datos. Es evidente.

Antes de pasar examen en Málaga al jeque Al-Thani, debo citar por Granada a la familia Pozzo, quizás un ejemplo de que no toda inversión extranjera es una ruina. El club de los Cármenes es uno de los clubes que mejor se mueve tanto en el mercado de fichajes, como en las oficinas. Los dueños del Udinese y del Watford, llevaron al equipo de Quique Pina desde Segunda B hasta la máxima categoría, donde poco a poco se asienta, e incluso, deja de salir su nombre en las quinielas del descenso.

Y ahora he de finalizar este trazo dando los últimos coletazos en la Costa del Sol, donde el catarí Sheikh Abdullah bin Nasser bin Abdullah Al Ahmed Al Thani, (Doha, 1969), primo del dueño del PSG, otro, llegó a Málaga para salvar al club, hacerlo grande y de paso, labrar su fortuna en obras civiles por el Sur de España.

Carta blanca para traer a Cazorla, Joaquín, Toulalan, Rondón, Buonanotte, Monreal, Mathijsen, Van Nistelrooy, Demichelis, Isco y como director de orquesta al ‘Ingeniero’ Pellegrini. Todos ellos a golpe de talonario y de los que ya tan sólo queda el recuerdo, el bonito recuerdo por La Rosaleda. Cierto es que en lo deportivo, por Málaga se han vivido los momentos más bonitos de su historia, y porque no decirlo, un éxito que sólo el fatídico último minuto de Dortmund privó de seguir agrandando capítulos.

Al-Thani firmó la construcción del nuevo puerto de Marbella por valor de 420 millones de euros que pondría de su bolsillo, a cambio de la construcción de un  hotel de lujo de su propiedad en primera línea de playa. Dicho hotel, no tiene el visto bueno de la administración al no poderse construir donde estaba proyectado. Casualmente el varapalo en los negocios del catarí coincide con las malas noticias económicas en el club malacitano. Denuncias ante la AFE de los propios jugadores, promesas incumplidas a la plantilla y al cuerpo técnico más el reclamo por parte de otros clubes de deudas tras caros fichajes, han hecho que poco a poco los citados jugadores vayan saliendo del club hacia retos mayores. Incluso en su día, salieron a la luz noticias de una posible venta por parte del jeque a un grupo de inversión albanés. De momento, nuestro hombre sigue al mando del club malacitano y regalándonos noticias, artículos y comentarios escritos por él mismo en las redes sociales, cierto es, que en algún caso, no exentas de razón, pero ese es otro tema extenso y delicado.

La incertidumbre por Málaga y en la mayoría de ciudades españolas es gigantesca, tal vez aterradora. En muchísimos casos, un descenso puede hacerte perder dos categorías en incluso propiciar la desaparición de tu club. Normal pues, que por ejemplo en La Coruña sean muchos los que piden al "Sr. Zara" -Don Amancio Ortega- que se haga frente del club coruñés y lo devuelva a las mieles del éxito.

Más allá del dinero, el amor y la ilusión por el fútbol siguen vigentes. Lo que queremos es que el balón corra, que los jugadores compitan, que los estamentos superiores ayuden a todos los escudos y que los dirigentes de los clubes no tengan más razones que las puramente deportivas. Desde aquel año 1992 los vaivenes y problemas de la economía no han hecho más que agobiar a los clubes, y en ocasiones, llevarse a estos por delante.

El ‘éxito’ en lo monetario no siempre asegura el éxito deportvo. Porque el fuerte aroma a dinero no siempre es el olor adecuado. Algún club español deberá ponderar en breve si el camino del PSG, Manchester City, Anzhi o el reciente AS Mónaco, es o no el camino a escoger.

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