Fórmula 1

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Jenson Button, el gentleman con corona

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Elegante, discreto, trabajador y, sobre todo, británico. Muy británico. Así es como se suele describir a la figura de Jenson Button, campeón del mundo de Fórmula 1 en el año 2009 y que hace dos semanas disputó la que, salvo sorpresa, será su última carrera en la máxima categoría del automovilismo. Se cierra una era en la F1, con las marchas de Massa, el campeón Rosberg y el propio Button. Se acaba, al menos parcialmente -puesto que Räikkönen y Alonso siguen en activo-, la trayectoria de una extraordinaria generación de pilotos.

La figura de Button era la del joven británico protegido por la prensa de su país en su juventud y predestinado a ser el sucesor de los Mansell y Hill, últimos campeones de las Islas Británicas en la década de los años 90. Además, debutó en la escudería Williams, equipo en el que sus dos predecesores consiguieron sus mayores éxitos. Para ello, tuvo que dejar boquiabierto a Patrick Head, director deportivo de la escudería, en las pruebas que realizó con el equipo a finales de 1999, que le sirvió para ganarse un puesto en el equipo al año siguiente. Había comenzado la trayectoria del joven Jenson en la F1.

El rendimiento del rookie fue el esperado: muy alto. Batía de forma más habitual de lo debido a su compañero, un más experimentado Ralf Schumacher, y llegó sumar puntos en su segunda carrera, al acabar sexto en Brasil, convirtiéndose en el piloto más joven de la historia en puntuar -algo que siete años más tarde batiría Sebastian Vettel-. Button acabó octavo el año y, pese a que había cumplido las expectativas, el fichaje del mediático Montoya le cerró las puertas de Williams, siendo cedido al equipo Benetton, de Flavio Briatore, para los próximos dos años. Williams, sin embargo, se guardaba una opción de compra que, no obstante, no llegaría a ejecutar.

Pero los años en la escudería francesa serían duros. En 2001, con un coche muy lento y lejos de aquel monoplaza que hizo campeón a Schumacher en 1994 y 1995, Button apenas sumó dos puntos. Al año siguiente, con una estructura diferente y con el nombre de Renault, el británico comenzó a brillar, rozando el podio en Malasia, donde fue cuarto, y acabando el curso séptimo, por delante de su compañero Trulli. Sin embargo, de nuevo otro equipo le rechazó. En Renault prefirieron renovar a Trulli y subir al joven Fernando Alonso para 2003, quedando Button en una situación difícil. Ante la imposibilidad de volver a Williams, que no estaba interesado en él, decidió firmar por un proyecto arriesgado: BAR-Honda.

En este nuevo equipo encontró, por fin, la estabilidad. Su primera temporada, con el veterano Villeneuve como compañero, ya fue prometedora. Con un coche que aún le quedaba mucho camino por recorrer, el británico sumó un par de cuartos puestos en Austria y Japón y acabó en el top-10 la temporada, pese a sufrir en Mónaco el accidente más terrible de toda su carrera. Al año siguiente, con un coche competitivo, llegó su explosión. Era 2004, Schumacher vivía su último año de campeón y una nueva generación de pilotos -Button, Alonso, Räikkönen, Massa y Webber- acechaba. El británico, que se estrenó en el podio en Malasia, bordeó su esperado primer triunfo en Mónaco, donde fue batido por Trulli, y acabó tercero el año, sólo por detrás de los invencibles Ferrari. Parecía que su escalada hacia el estrellato había comenzado. Pero un largo camino de piedras le esperaba por delante.

2005 fue un año duro, el último de la estructura BAR. El coche no era fiable y, además, se vio envuelto en un lío contractual: había firmado un pre-contrato con Williams para 2006 pero, viendo que en la escudería británica montarían motores Cosworth y no BMW, decidió que tendría más opciones quedándose en BAR. Finalmente, Williams cedió y pudo quedarse. Y acertó, puesto que en 2006, con Barrichello como compañero de equipo, contó con un coche capacitado para estar periódicamente en el podio. Así lo hizo en tres carreras, incluyendo su primer triunfo, en Hungría, en una de las carreras más impredecibles de la historia, en la que se impuso tras salir decimocuarto. Una vez más, Button parecía despegar, pero era un espejismo.

Los dos años siguientes serían los más duros de su carrera. El proyecto Honda fue un absoluto desastre, que le impidió pisar el podio en los dos cursos siguientes y ni el fichaje de Ross Brawn salvó al equipo. En esos dos cursos apenas puntuó en cuatro ocasiones, con un quinto puesto en la lluviosa carrera de China 2007 como mejor resultado. Sin embargo, todo cambiaría en el invierno de 2008. Honda decidió no seguir en la F1, lo que dejó a Button sin equipo. Cuando todo parecía acabado, Brawn decidió comprar las acciones del equipo y crear una escudería propia: Brawn GP.

Nadie hubiera apostado por ello cuando este equipo se presentó a pocas semanas de empezar el Mundial, pero acabarían siendo campeones. Favorecidos por un difusor polémico, Button arrasó y ganó seis de las siete primeras carreras de la temporada, teniendo una ventaja insalvable para el resto de competidores. A partir del verano, Button y su coche comenzaron a sufrir, al perder la superioridad existente, y sólo volvió a subir una vez al podio -fue segundo en Italia-. No obstante, fue suficiente para coronarse el octubre en el circuito brasileño de Interlagos. Quizás, el campeón más sorprendente de la historia.

Un mes después de su coronación, sorprendió a todos anunciando su fichaje por McLaren. ¿El motivo? Quería tener la sensación de competir de tú a tú con otro campeón del mundo como Hamilton. Muchos pensaron que era un error y que sería claramente superado, pero realmente no fue así. Jenson ganó dos de las cuatro primeras carreras del año -en lluvia, tanto en Australia como en China- y lideró el campeonato durante el primer tercio del curso. Se mantuvo en la pelea mientras su coche estuvo cerca de Red Bull. Finalmente, el paso atrás de McLaren en el último tercio del curso -Button sólo sumó dos podios en las últimas diez carreras- le apartó de la defensa del título y acabó quinto.

2011 es, según muchos, el mejor año de Button como piloto de F1. Con un coche muy rápido pero sin capacidad de luchar contra el Red Bull de Vettel, Button ganó tres carreras -dos en mojado y una en seco- y acabó subcampeón, muy por delante de su supuesto líder Hamilton. Al año siguiente, sin embargo, con un coche capacitado para pelear con Red Bull, Button no dio la talla y fue excesivamente irregular, acabando quinto, con tres victorias. Eso sí, al final del año le dieron una buena noticia: Hamilton abandonaba el equipo y quedaba como indiscutible líder de McLaren. Él no lo sabía, pero no volvería a ganar una carrera, y sólo pisaría una vez más el podio.

Ni Pérez en 2013, ni Magnussen en 2014 hicieron sombra a Button al volante de un difícil McLaren, que carecía de potencial para pelear por cotas mayores. Acabó ambos cursos en el top-10, pero lejos de los puestos de honor. Para 2015, con motores Honda y con Alonso como compañero, Button iniciaría la última etapa de su trayectoria. Fueron otros dos años difíciles, donde los abandonos y las decepciones tomaron protagonismo. La apuesta de McLaren por la continuidad de su piloto estrella, Alonso, y el ascenso del joven Vandoorne le dejaron sin volante para 2017, finalizando así la trayectoria de un piloto querido y respetado por la familia del paddock. Muchos esperaban que fuese campeón, pero nadie esperaba que lo consiguiera en 2009.

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