Fútbol italiano

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Italia y la élite

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Ver a la selección de Italia supone un acto de fe continuo. Hasta hace un lustro, cualquiera de las selecciones italianas que se han ido sucediendo con diferentes entrenadores y jugadores contaban con un elemento clave: jugaran mejor o peor, tenían futbolistas capaces de marcar diferencias, en defensa o en ataque, en cualquier escenario y ante cualquier rival. Nombrar, solo por recientes, a los Buffon, Nesta, Maldini, Gattuso, Pirlo, Del Piero o Totti resulta incluso repetitivo.

Y evidentemente nostálgico: un vistazo a las últimas convocatorias de Antonio Conte muestran solo a dos jugadores, los propios Buffon y Pirlo, ya en claro declive -especialmente el segundo- que hayan formado parte de esa élite futbolística. La presencia de solo dos futbolistas, Pirlo y Chiellini -más la polémica ausencia de Buffon- en la enorme lista de 59 preseleccionados para el Balón de Oro no es casualidad. Y entre los tres suman 104 años de edad…

El ciclo de Cesare Prandelli como seleccionador, lleno de altibajos y sin ningún tipo de continuidad táctica, se saldó con un éxito y un fracaso: la final de la Eurocopa 2012, tras dos partidos, cuartos y semis, resultados más de dos exhibiciones individuales de Pirlo y Balotelli -cuando aun aspiraba a ser parte de esa élite en su único encuentro realmente decisivo con Italia- que de una palpable evolución conjunta como equipo; y la temprana eliminación en el último Mundial, que quizá era lo más lógico.

 

La llegada de Antonio Conte, un motivador excepcional para un grupo sin estrellas, ha permitido a Italia seguir dando la cara, aunque la evolución en el año que ha durado la fase de clasificación para la Eurocopa ha sido escasa: poco ha cambiado desde las decentes sensaciones del debut ante Noruega hasta el último encuentro que certificó, por poco, el primer puesto del grupo. Una Italia de supervivencia se ha clasificado para la cita francesa sin sufrir pero sin ningún tipo de alarde en un grupo en el que solo Croacia ofrecía un mayor nivel: cinco victorias por la mínima y tres empates. Suficiente pero nada esperanzador.

Individualmente, actualmente las certezas en Italia son pocas. De hecho, el mejor y más fiable jugador italiano en estos últimos doce meses ha sido Graziano Pellè: el potente delantero pugliese, que ya ha cumplido los 30 años, y cuya simple convocatoria hasta hace un año parecía ciencia-ficción pese a sus buenas actuaciones en el extranjero, ha anotado cuatro goles que han valido tres victorias un empate en el amistoso contra Inglaterra. Un goleador crecido pero que por edad y potencial, anda lejos de la élite.

Marco Verratti es de los pocos jugadores italianos que aspiran a alcanzar un nivel de clase mundial: sin embargo, a sus 23 años y de manera poco explicable, Antonio Conte hasta ahora no ha confiado en él para darle la manija de la azzurra con continuidad. Y probablemente sobre él se tendría que haber construido ya esta nueva Italia. Otros futbolistas que podrían ser determinantes pese a su juventud como Insigne, lastrado por las lesiones, o Berardi, ni siquiera han debutado bajo el mando de Conte para darle vida y soluciones al ataque, casi siempre atascado y falto de ideas más allá del balón a Pellè.

 

Por lo demás, el resto cumple sin alardes, y exigirles más es difícil. En ataque Zaza parece contar cada vez menos -e Immobile apenas-, Eder ofrece calidad con cuentagotas, Giovinco parece renacido en la MLS pero sigue siendo una incógnita en la selección, por no hablar de El Shaarawy, que sigue convocado pese a sus escasos méritos. Florenzi destaca siempre que no le pierdan en mil posiciones, y además de Candreva y Parolo -comodines para el sistema- otros futbolistas como Bertolacci, Bonaventura o Soriano van rotando a la espera de Marchisio en un mediocampo siempre inestable. En defensa un resfriado en uno de los Darmian-Bonucci-Chiellini-De Sciglio supondría directamente un desastre.

Es una Italia sin nivel, es un hecho: ¿qué jugadores de los últimos convocados formarían parte de una hipotética selección europea? Descartarles de inicio es temerario, véase la última Eurocopa; exigirles algo, probablemente sea irreal.

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