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Irving, Thomas y un mensaje. Análisis del traspaso de la ‘offseason’

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Monedas de cambio en un negocio sin escrúpulos. Eso son los jugadores. Así se desenvuelven tales profesionales en ese infernal mercado conocido como NBA. De poco sirve el romanticismo pues se buscan resultados. Asombra la frialdad con la que un héroe abandona su feudo y a sus plebeyos. El imborrable legado como único y fiel testigo de su heroicidad.

Tras esta breve pero necesaria introducción bañada en indiferencia, prosigamos. Siento la necesidad de hacerlo. Por objetivo que trate de ser un artículo siempre tendrá ese ‘yo’ que nos caracteriza a todos y cada uno de nosotros. Jamás lo escondáis.

La pasada madrugada, hogar de soñadores, una bomba en forma de ‘exclusiva’ alteró nuestro sosiego y volvió a mostrarnos la locura que representa la ‘offseason’ de esta nuestra NBA. Se rompió el silencio. El traspaso que involucraba a Kyrie Irving, Isaiah Thomas, Jae Crowder, Ante Zizic, una 2ª Ronda para el Draft de 2020 y el Pick de los Brooklyn Nets para el Draft de 2018 era un hecho.

Como todos sabíamos, el adiós de Kyrie Irving simbolizaba la crónica de una muerte anunciada. La esperábamos, tan solo restaban por salir a la luz los integrantes de dicho intercambio y el propio destino de uno de los mejores bases del universo. El gran sacrificado fue Isaiah Thomas, dueño y salvador del TD Garden y portador de ese gen tan preciado conocido como orgullo Celtic. Honorables son sus gestas por y para los Boston Celtics en su breve etapa como estandarte de dicho grupo dirigido por Brad Stevens. Estas ya forman parte de la historia de la franquicia más laureada de la NBA.

Una vez expuesta la trama, analicemos sus repercusiones resumiéndolas en pautas.



Kyrie Irving siempre será sinónimo de victoria

Resulta inadecuado minimizar la valía de un traspaso en el que participe Kyrie Irving. Su talento y liderazgo hacen de su persona un jugador único. Cercar su deidad con un precio resulta muy difícil e incluso deshonesto. Cierto es que el hueco que Thomas deja en todos sus defensores es inmenso, pero el techo de Irving a sus 25 años todavía está por determinarse.

Kyrie arriba a una plantilla con mucho más talento que la que encabezó Thomas la pasada campaña. Menos ruda, pero sí más talentosa. El papel de Stevens (que mencionaremos después) será primordial. Como líder, ilusionista y límite. Regresando a Kyrie Irving como foco ofensivo en comparación a Isaiah Thomas, cabe hacer referencia a aquello que precisamente hace a Kyrie el mejor jugador en el uno contra uno del universo. Balón al suelo con una seguridad inalcanzable, talento, creatividad, rango ilimitado, dominio de la media distancia y la pintura y aclarados de garantías únicas, los cuales simbolizarán un recurso hasta entonces desconocido en Boston. Los Celtics, la pasada campaña, ocuparon la 28º plaza en la frecuencia de tal recurso, en cambio, Kyrie Irving fue el 6º jugador que más utilizó tal arma. La mezcla es curiosa. Y deliciosa, claro, pues contar con un generador que, por así decirlo, genera de la nada es algo demasiado ‘bonito’ como para obviarlo. Y mucho menos reprimirlo.

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Por otro lado, es necesario observar el ecosistema en el que se desenvolverá Kyrie Irving. Definitivamente, el equipo es suyo. Su primordial deseo de liderar un proyecto ganador parece estar saciado. Las posibilidades se asemejan muy elevadas contando con generadores del calibre del citado Irving, Gordon Hayward e incluso Al Horford. Siempre a media pista, claro. En estático y de la mano de Brad Stevens pueden pulir un sistema escalofriante. Muy diferente al anterior, pero con un techo infinitamente superior. En un lado de la cancha, claro. En el otro siempre se echará en falta a Avery Bradley. Aunque ese ya no es el problema de su principal víctima: Kyrie Irving.

Por último pero no menos importante, edad y contrato en comparación al sacrificado Isaiah Thomas. 3 años menos (25 Kyrie y 28 Isaiah) y un máximo que Danny Ainge no quería otorgar. Imaginar a Thomas participando en el proyecto con vistas a 2020 que Ainge lleva preparando desde 2013 era algo improbable. Kyrie es mucho más apto para tal acometido.



El papel de Brad Stevens y la progresión (acelerada) de Jaylen Brown 

Dos apartados que se entienden mejor en uno mismo. Uno de los grandes logros de Brad Stevens siempre fue su ‘telaraña defensiva’. El objetivo de esta siempre fue generar incertidumbre en la ofensiva rival, logrando así una falsa ilusión colectiva basada en crear superioridad en todos y cada uno de los emparejamientos y emplazamientos de esta mitad de la cancha. Suena complejo. El resultado fue verdaderamente bueno, y en gran parte fue debido a jugadores de la talla de Avery Bradley y Jae Crowder. Además, cabe citar que tal sistema logró ocultar las flaquezas de su líder, Isaiah Thomas, en esa franja de la cancha, por lo que su valor y repercusión fueron de una dimensión ‘doble’. Ahora, sus integrantes han variado, pero la situación es similar. Kyrie no mejora (en exceso) la defensa de Isaiah. Avery Bradley ya no ejercerá como guardaespaldas. Aquí es donde entra Jaylen Brown.

El dúo (por excelencia) que determinaba los vaivenes del juego de Boston era el integrado por Thomas-Bradley. La propia evolución determinada por una offseason con aspiraciones de grandeza hace que, por sentido común, éste mute en Irving-Brown. Sin olvidar a Marcus Smart, al que considero un pilar esencial en el proyecto dada su brillante versatilidad defensiva. Prefiero seguir viéndole como reparador desde el banquillo. El paso adelante de Jaylen Brown es inminente y, visualizados los pasados PlayOffs, nada descabellado. Por condiciones atléticas y defensa sobre balón, pocos jugadores inspiran más confianza a corto/medio plazo.

Regresando a Brad Stevens y una vez analizada su labor en un lado de la cancha, hagámoslo con su ofensiva. Ésta, como citamos anteriormente, no creía en aislar a sus estrellas. Confiaba sus éxitos a la pizarra y a explosiones ofensivas tan esporádicas como inevitables de Isaiah. Ahora todo muta. Y es debido al talento que, de por sí, suele dar vía libre a la creatividad, reduciendo así el uso de la pizarra. Aunque claro, alguien debe regular y ordenar semejante talento. Ahí es donde vuelve a entrar Stevens. Para seros sinceros, pocos entrenadores me otorgan mayor tranquilidad y confianza en que las cosas serán como deben ser que él. Al fin Kyrie tiene un líder que no vista de corto.

 

Ken Blaze | USA TODAY Sports


Conexión Thomas-LeBron

A priori, una de las grandes incógnitas del propio traspaso en sí. ¿Congeniarán? ¿No lo harán? Tratemos de descifrarlo.

Uno de las grandes virtudes de Isaiah Thomas que hacen creer que sí es su capacidad para jugar offball. Requiere de un menor uso de balón para intervenir en la ofensiva de su equipo que Kyrie Irving. Ésto provoca una facilidad extra para que su figura congenie con la de LeBron James, quién se alzaría como principal generador y disiparía cualquier posible anarquía. Kyrie lo intentó y falló. Volvería a reinar la paz en el vestuario. A su vez, con Thomas el propio sistema sube una marcha. Facilita la transición, reduce los movimientos y disminuye el riesgo. No todo son ventajas, claro. También se disminuye el desequilibrio y la seguridad al mandar el balón al parqué. Decrece el talento, la creatividad, la defensa (no demasiado) y la propia posición en sí, pero como ya sabemos, este traspaso está integrado por más miembros.

Aunque, como todos sabemos, el riesgo disminuye paulatinamente si LeBron James se encuentra en el equipo en cuestión. Hablamos de uno de los mejores (sino el mejor) lectores de la historia del baloncesto. Su supremacía ha alcanzado tal dimensión que es capaz de jugar tres partidos simultáneamente. Uno, en el que pelea por la victoria; otro, en el que trata de integrar a sus compañeros en un núcleo que tiene como único y principal objetivo el mes de Julio; y por último, otro en el que hacer perder los estribos al equipo y simpatizantes rivales. Éste último suele reservarlo para ocasiones especiales y/o momentos de urgencia. No crecer como jugador de baloncesto con LeBron James es imposible.

No quería dejar de lado los problemas físicos que acompañan a Isaiah Thomas ya que, al fin y al cabo, tienen cierta importancia en este traspaso. Dada su probable incapacidad para afrontar toda una temporada a un ritmo elevado adquiere más valor si cabe la figura de Derrick Rose. Minutos compartidos con el objetivo de mantenerle offball y disminuir su desgaste ofensivo. Defensivamente, sufrirán. Aunque como todos sabemos, aquí se empieza a defender en los PlayOffs. No considero a Derrick Rose una ‘resta’ a nivel defensivo, que conste, pero está verdaderamente lejos de convivir con éxito con alguien como Isaiah. Hasta los PlayOffs, perdurarán y será necesaria su coexistencia. Cuando estos comiencen, por separado y con sistemas preparados para su supervivencia.

 

Jae Crowder | Getty Images

Jae Crowder como verdadero tapado

Más allá de contentar, mejorar o suprimir problemas, todo movimiento realizado en el corazón de Ohio debe (o debería) tener como primordial objetivo adaptar y mutar su sistema para una más que posible batalla frente a los Golden State Warriors. Batallar de tú a tú. Nada de síes, íes o peros. Aquí es donde la valía de Jae Crowder adquiere ciertos matices.

Entre las principales capacidades defensivas de Crowder se halla su versatilidad. Capaz de defender correctamente hasta en 3 posiciones y con la reiterada valía de poder ejercer de ‘4’ abierto (posición primordial en el baloncesto moderno) como tesoro. A su vez, su posible aportación ofensiva otorga un equilibrio ‘agradable’ en su juego, proporcionando la libertad necesaria a la directiva para desprenderse de ciertos contratos tóxicos que cohabitan en su mismo rol. Llámalo Shumpert o incluso JR Smith, aunque prefiero decantarme por el primero de ambos. Entre su repertorio ofensivo hallamos un rango y acierto en su lanzamiento correcto y un IQ que le permite exprimir las puertas atrás, cortes y demás repertorios del juego explotados por generadores del calibre de LeBron James, Isaiah Thomas e incluso Derrick Rose o Kevin Love. El resto sale fuera de sus posibilidades. Un Andre Iguodala de bolsillo (salvando las distancias).

Y por último pero no menos importante, su contrato. Unos $21’9M a cambio de 3 años me parece algo lo demasiado bueno como para dejarlo ir. Presente y futuro. Con o sin LeBron James. Garantías desde el banquillo a precio de irreverente.

Jamie Sabau/Getty Images

Preparando la posible etapa post LeBron

Jamás quedará del todo cubierta dada la magnitud de la posible pérdida, pero sí es necesario labrar adecuadamente un camino de huida hacia la reconstrucción. Aquí es donde toma un valor inmenso el Pick para el Draft de 2018 de los Brooklyn Nets adquirido por los Cleveland Cavaliers. Éste, salvo debacle, será un Top 5 en un Draft que se prevé plagado de potencial en sus referentes. Iniciar una posible reconstrucción sin dar lugar a la incertidumbre es, sin lugar a dudas, algo sensacional. Sin olvidar que, tal Pick, sigue en el mercado. Y como ya sabemos, no hay nada como asegurar el éxito del presente, sin dar importancia al ‘qué será’. Dejando nada en la recámara y usando toda su artillería en ganar ya quiero, al fin y al cabo,  es el mejor método de asegurar tu credibilidad en el futuro.

A su vez, cabe mencionar la llegada de Ante Zizic, pívot de tan solo 20 años y un potencial inmenso bajo los tableros. Entre sus principales virtudes encontramos una facilidad inmensa para la captura del rebote, una dureza considerable y un dominio del poste meramente aceptable. A día de hoy, su repercusión será mínima y más en un club con objetivos tan poco flexibles como los Cleveland Cavaliers. Contrato a precio de liquidación y potencial en pleno auge. Vivirá en un constante período de prueba.

Marcus Smart | Getty Images

Futuro inmediato de ambas franquicias y conclusión 

Oculto bajo el presente y su extrema agitación se halla el futuro. El futuro inmediato. Mi experiencia me dice que nada importa hasta los PlayOffs. Ese es el objetivo. El resto servirá de mera pretemporada donde ambas franquicias entrenarán por el factor cancha. Aunque eso es algo que todos y cada uno de nosotros sabemos. Los cambios no son fáciles, pero terminan por pulirse y afianzarse con el tiempo.

Reduciendo el espacio temporal y alargándolo hacia lo que resta de pretemporada, encontramos una lista (ya reducida) de derechos y deberes que ambas franquicias deberían cumplir. A esto me refiero con la elaboración de tal apartado.

Comenzaré por los Celtics para no alterar (demasiado) el hilo argumental. Resumo sus deberes a uno: renovar a Marcus Smart. Él es una de las piezas sobre las que todo girará. A día de hoy, él es Boston. El alma, carisma y corazón de todos sus simpatizantes giran, en gran parte, a él. Es necesario.

Continuando con los Cleveland Cavaliers, creo que la respuesta es o debería ser evidente. Dado el más que posible buyout de Dwyane Wade, éste es una pieza lo suficientemente valiosa como para hacer oídos sordos. Lejos de rendir bajo un rol de estrella se encuentra un jugador que, sujeto a ciertas limitaciones y con un rol determinado, puede ser oro en un contender. Además, este traspaso hace más viable el soporte económico que simbolizará su posible contrato. Todo parece estar preparado, aunque, desde la cercanía, todavía están lejos.

Escribiendo desde la calma una vez pasada la tormenta, apuesto por el win-win. Sin reparos. En Cleveland, han logrado salvar los muebles y asegurar un futuro estable, en Boston adquieren a un jugador único en su especie cuyo precio todavía está por determinar. Y tiene un mensaje.

 

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