Almería

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La inusual paciencia del Almería con Fernando Soriano

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Que la UD Almería, en su joven historia bajo dicha denominación, es un club de recorrido exitoso, es un hecho corroborable. Sin alcanzar aún los 16 años de historia, ha disputado hasta seis temporadas en Primera División. Además, algunas de ellas de participación notable, llegando a alcanzar plaza que daba derecho a la disputa de la Copa Intertoto en la temporada 2007/08, la de su estreno en la máxima categoría, pese a que finalmente unos trámites burocráticos impidieran al club almeriense la disputa de dicha competición que daba acceso a competición europea.

En su corto recorrido, por el Estadio de los Juegos Mediterráneos han pasado destacados futbolistas. No olvidemos que jugadores como Diego Alves, Aleix Vidal, Pablo Piatti o Álvaro Negredo, por citar algunos, han integrado en algún momento la plantilla del conjunto presidido desde 2003 por Alfonso García Gabarrón, empresario nacido en Pulpí (Almería) y afincado en Águilas (Murcia).

Sin embargo, la presente es ya la segunda temporada consecutiva del club andaluz en la categoría de plata del fútbol español, tras consumarse su descenso en 2015. Dos temporadas en las que, pese a que sus aspiraciones siempre han sido ambiciosas, el equipo no ha conseguido adaptarse nuevamente a Segunda División y se encuentra continuamente en una situación delicada en la clasificación y con una afición cada vez más molesta con los resultados y el rendimiento de su equipo.

Si existió una época gloriosa para la UD, esa fue la que se desarrolló con Unai Emery en el banquillo, con el que se consiguió ascender a Primera y protagonizar un estreno en la élite en el que se erigió como una de las grandes revelaciones del campeonato. Sin embargo, Alfonso García jamás ha sido de esos presidentes caracterizados por su paciencia con los entrenadores. Como muestra, un botón. Son nueve las temporadas de García al frente de la nave almeriense, en las que se han desarrollado hasta 22 proyectos diferentes. No podemos hablar de 22 entrenadores, porque algunos han repetido en el cargo. Sin ir más lejos, la pasada temporada hasta cinco entrenadores fueron dueños del caliente banquillo almeriense, hasta finalizar con Soriano, con el que el equipo consiguió la salvación en el último encuentro de la temporada, en Córdoba.

Sería necio negar a Alfonso García su cuota de responsabilidad en los éxitos del club, en las gestas logradas, principalmente en los primeros años de su mandato. Igual de injusto sería negarle su innegable labor y alta responsabilidad en el buen funcionamiento económico y funcional de un club modélico en su gestión. El presidente es el máximo responsable de los éxitos del club, pero también tiene su cuota en los ‘fracasos’ y en las situaciones delicadas.

La situación actual necesitaría un análisis demasiado profundo, unas líneas no bastarían para poder desarrollar minuciosamente las posibles causas que provocan que el funcionamiento deportivo del club no esté a la altura del funcionamiento general del mismo, excelente. El éxito de un club, en definitiva, pese a que funcione bien en la mayoría de sus parcelas, lo marca el rendimiento deportivo. Es en esta parcela en la que Alfonso García debería reflexionar, dejarse asesorar con objetividad y alejarse de aquellos que solamente le cuentan lo que quiere escuchar.

Transcurridas 25 jornadas de liga, el Almería está instalado en descenso. Se podría pensar que es éste el hecho más preocupante, aunque probablemente sus aficionados encuentren mayor preocupación en las sensaciones que transmite su equipo, aún peores que su clasificación. No es algo reciente, se viene arrastrando toda la temporada.

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Un equipo que no funciona, sin una idea de juego definida. Con jugadores de contrastada calidad y potencial para cotas mayores, que no encuentran su sitio en el terreno de juego, no encajan en el sistema, no transmiten la motivación necesaria, el compromiso indispensable para funcionar en una categoría tan exigente como la Segunda División. Sin continuidad en las alineaciones, jugadores que a vistas del aficionado merecen confianza (inevitable citar a Pozo) ven como no sólo no han gozado de ella a lo largo de la temporada sino que además reciben mensajes contradictorios de su propio técnico semana tras semana.

Alfonso García nunca ha sido de aquellos que hayan necesitado demasiadas señales para que su paciencia se agote. Más allá de la buena sintonía que el presidente pueda mantener con Soriano, sorprendente es la paciencia y confianza que sostiene en Fernando Soriano, un entrenador sin recorrido práctico en su profesión que quizá se ha visto forzado por su amor al club y por amistad a saltarse varios pasos en su formación como técnico y pueda estar pagando su inexperiencia.

Es más que probable que Fernando Soriano no sea el único responsable de la situación actual del Almería. Para empezar, él no es responsable de haber sido elegido para un cargo para el que, probablemente, aún no estaba preparado, hablando a nivel formación, en ningún caso evaluando su capacidad, que seguro que la tiene. Lo que es obvio es que Fernando Soriano no ha conseguido transmitir su idea futbolística a la plantilla ni, sobrepasado el ecuador de la temporada, construir un bloque capaz de competir a un nivel que le permita alcanzar sus objetivos mínimos. El momento de la temporada aún permite que la situación sea reversible para, al menos, conseguir salvar la temporada y la categoría. Inusual es la paciencia que mantiene Alfonso García en Soriano, sin ninguna duda. 

Más importante, si cabe, para el futuro del club, es que el mandatario logre detectar a tiempo que la clave del futuro éxito está en una correcta organización deportiva que permita desarrollar un proyecto que derive en un bloque que permita luchar al Almería por retornar al lugar al que aspira. Al lugar que seguramente le corresponde. Difícilmente será esta temporada. Se trata de salvar el presente y mirar al futuro con ambición. Un futuro con un Almería de Primera.

 

Imágenes | udalmeriasad.com

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