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Iniesta y Modric, divino tesoro

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Algunos estaremos de acuerdo de que la mejor noticia del Clásico, el partido que alberga cifras de espectadores millonarias y reúne ocho balones de oro, fue la vuelta de Andrés Iniesta y la espectacular actuación de Luka Modric. Ambos presentes en las tendencias de la red social Twitter, segunda pantalla de los eventos deportivos.

Las tripletas ofensivas de ambos clubes acaparan la atención mediática. Tiene lógica. A mi parecer, Messi debería ser patrimonio de la humanidad. Único en su especie. Cristiano, un depredador de porterías. Una bestia que nunca sacia su hambre. Los acompañantes de los cracks en la delantera, otros jugadores de etiqueta. La MSN y la BBC ya es una denominación conocida en todo el planeta. Siglas que reúnen una calidad exquisita pero que, precisamente por sus propios nombres, confunde en ocasiones con la realidad de los resultados. Hemos estado viendo como los llamados a ser revulsivos en el conjunto blanco han ofrecido soluciones que les hace dormir en el liderato. Mientras, en Barcelona, aparenta que los números no rompen los esquemas de la pasada temporada.

Quizás no es objetivo que yo, una enamorada de Iniesta y Pirlo, realice un juicio sobre la importancia del medio campo. Pero existe una evidencia, y en el Clásico la vivimos de nuevo. Cuando el interrogante sobre el mejor jugador del mundo parece ofrecer solamente dos nombres, resulta algo complejo hablar sobre la divina superioridad de otros. Hay que ser prudente y hablar con la boca pequeña. Pero si alguien estuvo por encima en ese Clásico, esos fueron Iniesta y Modric. Las opiniones en el fútbol, muchas veces cobran poca credibilidad. Lo que un día se vaticina de un modo, se contradice en un reducido periodo de tiempo. Pero ambos jugadores hace ya mucho que confirmaron su calidad y su continuo deleite.

Modric es la brújula del Real Madrid. El instrumento que define el rumbo en cada encuentro. Me atrevo a decir, aunque sea con boca pequeña, que es el mejor jugador blanco de esta temporada. Razón de ello, la indiscutible preocupación de la afición cuando la rodilla de Luka anunció su ausencia para un mes. Un calendario en el que restar días era un auténtico alivio.

En el Clásico participó más atrasado, ofreciendo una versión defensiva de escándalo. Un abanico extenso de posibilidades. Recuperando balones y rozando la excelencia del porcentaje de acierto en pases. Se esforzó para no permitir la fantasía de Messi. Y no se percibió el desgaste defensivo en su conducción con el balón.
Curiosamente, dejó de ser tan protagonista cuando Casemiro entró al terreno de juego y tomó parte en su hábitat más natural. Además, asistió a Ramos en la reiteración de un centro ya conocido, y que confirma de nuevo el don del de Camas para anotar en los últimos minutos.

El empate resumió un partido con más tensión e interrupción que juego. No obstante, dejó algo más que la estelar actuación del croata. A destacar, un regreso esperado para el amante del fútbol, y deseado para la afición azulgrana, que reconoce una vez más la necesidad del manchego. Se habla mucho de la Messidependencia, y aunque es obvia, también existe esa inexorable dependencia con Iniesta, y su exquisita protección por ese medio campo que ha elaborado tantos éxitos.

Seis semanas, siete partidos para ser exactos, arrastrando la carencia de la excelencia en la medular. Entre ellos, los resultados definen una derrota y tres empates. Datos significativos si se tiene en cuenta la línea de exigencia a la que está sometida el F.C. Barcelona. Le bastaron 30 minutos para volver a enamorar al mundo. Para atraer al rival y liberar a quien recoge el esférico que aterriza de manera precisa, asociarse y crear esos pases al hueco inimaginables. Es relevante valorar cómo otros jugadores que parecen no estar en su mejor momento vuelven a brillar con su presencia en el campo. No se resintió del parón, mostrando su gran nivel para leer y distribuir el juego. Brillando como de costumbre, con y sin balón.

El Real Madrid se ha mostrado reforzado en el medio campo. Fichajes que han dado su fruto. Es, si más no, llamativo, que el F.C. Barcelona ha realizado algunos cambios en su juego, concentrando el poder en su tridente ofensivo, reduciendo un poco esa necesidad de seguir alimentando la línea media. Esa zona mágica y vital que define un estilo que ha encandilado. Sin embargo, el vacío que se palpa cuando Iniesta está sentado, quizás no predice pero si cuestiona el futuro. El adiós de Xavi ya fue un primer aviso, pero por suerte, Andrés salió al rescate para seguir escudando la esencia del mejor Barça.

Las comparaciones son odiosas y todos los posibles recambios, aunque ejecuten a la perfección sus habilidades, se van a quedar a un trecho de lo que Iniesta regala en cada contacto con el cuero. Sencillamente parece que el Barcelona esté condenado a pagar el precio de una generación de jugadores únicos, made in Masia. Y aunque precisamente se señale en esa casa a Carles Aleñà como el relevo, está todo por ver. A día de hoy es inevitable sentir que nadie, absolutamente nadie, puede tener la magia del capitán de F.C. Barcelona.

Y aquí es donde también parece que existe un intercambio de papeles. El Real Madrid, propietario del talonario de los galácticos, ha confiado en canteranos como Morata, Nacho o Lucas Vázquez, que cumplen con nota en el terreno de juego. Parece que en Barcelona cesó ese ritmo de producción en la fábrica de talentos, que elaboró parte de una de las plantillas más trascendentales. Al menos así lo sienten todos esos aficionados orgullosos de ese valor añadido, y que ahora añoran con fichajes que, con la imposición de ser valorados en periodos cortos, no convencen.

Estoy segura de que el F.C. Barcelona conectará de nuevo con su mejor fútbol. La victoria frente al Mönchengladbach, en un partido de transición, es la primera de las que deben proceder. Los pinchazos del club azulgrana no son tan extraños si se evalúa el buen momento de otros equipos y la constante aparición de la enfermería. Pero tomando nota a lo sucedido y sin perder de vista a los movimientos del eterno rival, sería negar una realidad si no se admite que el barcelonismo suplica que dure, y mucho, el hombre de la varita mágica y su momento dulce. Lástima que pedir el deseo de que no terminen nunca sus trucos no esté permitido.

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