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Iniesta y Busquets, vuelven los jefes de la creación

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El FC Barcelona estuvo contra las cuerdas, al límite, para conseguir su cuarta final consecutiva en Copa del Rey, gesta que no se lograba desde que lo hiciera el Real Zaragoza con los cinco magníficos. El Atlético, que se apoderó del balón, sufrió el duro castigo de la falta de acierto. Cillessen fue transcendental, mientras sus hombres en el verde empezaron un partido más con falta de intensidad.

Tras ver un medio campo impreciso y con falta de regularidad, la buena noticia es volver a ver a Iniesta y Busquets. Vuelven los cabecillas de la medular azulgrana, las piezas clave de inexorable necesidad para seguir conservando la identidad de un estilo. El sóleo de Iniesta, que le sentó tras el descanso frente a la Real Sociedad, y la dura entrada de Escalante a Busquets, que le dejó disfrutar solamente de ocho minutos en Ipurua, les tuvo apartados 19 y 16 días, respectivamente.

Como era de esperar, ambos iniciaron el encuentro de Copa frente al Atlético desde el banquillo, usando el procedimiento de prudencia para volver al máximo nivel. Luis Enrique no quiso tomar riesgos en una eliminatoria que el conjunto azulgrana había tomado la ventaja de anotar dos tantos a domicilio, aunque el asturiano ya anunció su peligrosidad. Fue en el minuto 70 y 72 cuando saltaron al césped, y con la tónica de un partido de alta tensión, tampoco pudieron mediar en el control del juego. No obstante, su regreso es una inyección de calma para volver a manejar los partidos de principio a fin.

La inexistencia de la Masia en el medio campo del partido de ida provoca cierta extrañeza. Sin huella de aquel hogar donde se confeccionaron futbolistas de calidad única e incomparable. La enfermería, caprichosa, nos ha mostrado el futuro. Una línea de medio campo sin Iniesta y Busquets. Y nos ha evocado la alianza conjunta con Xavi, meritoria medular de éxitos y referencia en la historia del fútbol.

Las primeras críticas al Tata Martino fueron sinónimo de una absoluta prohibición en alterar la personalidad de un equipo, que no hacía mucho se había despedido del líder que disponía de la argolla donde colgaban las llaves del vestuario que logró el sextete. Ciertamente, tuvo que pasar el tiempo para que alguien pudiera variar los esquemas de la pizarra. Este Barça, más agresivo en el ataque, canaliza su poder en el tridente ofensivo, restando poco a poco el protagonismo del núcleo de transiciones que dibujaban jugadas de ensueño. Ligeramente, han sucedido cambios que, sin demasiado ruido, han logrado modificar algunos aspectos de una identidad que parecía intocable. Un ataque más demoledor y agresivo, y estadísticas que disminuyen aquel altísimo porcentaje de posesión que, en su acierto de pases de categoría y en el marcador, acreditaban el control de un reinado intratable.

Sin Iniesta y Busquets, dejando a un lado el empate en el Benito Villamarín, los resultados salvan a los de Luis Enrique sobre el papel, pero la sensación ante sus ausencias nos conecta con el interrogante que aguardan los tiempos venideros. Y sí, suscita cierta incertidumbre. Las lesiones obligaron a buscar sustitutos en una zona que, tras las nuevas incorporaciones de verano, venía anunciando su overbooking. Sin embargo, a pesar de ampliar el fondo de armario, parece que no hay piezas de recambio compatibles con Iniesta y Busquets. Ellos siguen siendo el rastro de un estilo que nadie olvida, los dueños del esférico, aportando el equilibrio preciso.

Aunque otros ejecuten correctamente sus funciones en rotaciones o situaciones de alarma, no hay nadie como ellos en su lugar. Existe una falta de aportación ofensiva, y es obvia la asociación de Iniesta con Messi, que leen un fútbol que nadie ha escrito. La futura transición del canje requerirá de tiempo, y mucha paciencia. En el fútbol es evidente que hay que innovar y renovarse. Más cuando pueden haberte tomado la medida de tu traje de etiqueta.
Los entrenadores buscan la alternativa a cada dificultad que les plantea el rival. La interpretación de este nuevo Barcelona se basa en la explicación de un jugador que aunque aseguran que es terrícola, no lo parece. Messi, decisivo, es la solución.

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Ha pasado de ser aquel que recibía el balón con un velcro en el pie para tomar la vía rápida y regatear hasta la línea de gol, a ser un futbolista mucho más completo. Algo más atrasado en su posición, posee más creatividad en asociación, es un magnífico asistente que crea sus ocasiones y las de otros, y un mago que cada semana tiene un truco nuevo en su chistera. Cuando crees que se le terminaron todas las ejecuciones de ilusionismo, vuelve a hacer magia. Siempre inventa algo nuevo.

Quizás, este poder sobrenatural, unido a la samba que vuelve a bailar Neymar tras la sequía goleadora, y la inagotable insistencia de Suárez, son los factores que encubren otra escasez. Un tiempo atrás, la escena de jugar sin Iniesta y Busquets era de auténtica obra dramática. Parece que ahora se puede ir sobreviviendo, a remolque, o por el constante estado de gracia de la divinidad. Y aunque los números puedan ir saliendo, los nostálgicos retenemos la resistencia a ese futuro que el presente nos ha mostrado.

Aquellos que afrontamos cada adiós de una figura indiscutible con el nudo en la garganta, nos sigue faltando Iniesta y Busquets, y tanto, cada vez que no saltan al campo. El entendimiento defensivo y el respaldo de la salida de balón para iniciar la creación. La media naranja que encaja con cualquier mitad, el arquitecto que dibuja la construcción, ensancha el terreno de juego, y es capaz de hacer maravillas en un espacio tan reducido como un tablero de Twister con ochos pies y manos. El ritmo y la pausa de un partido, el control para salvaguardar el marcador. El ADN de una filosofía que ha marcado parte de nuestras vidas. Sí, cuesta romper con cada época, cuando te enamoras de ella.

Por suerte, es un aviso. Iniesta y Busquets tienen recorrido que cumplir en el Barcelona. Son esa bombona de oxígeno que la afición azulgrana está reclamando. Por fortuna, esta situación es tan solo una seña de lo que vendrá, y de esa ineludible melancolía que provoca la imagen de Xavi, Busquets Iniesta, en esa medular tan suya y tan perfecta. Los tres mosqueteros de un estilo marca de la casa.

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