Champions League

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Inhumana UEFA

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Sucedió en Dortmund. La escena se vivió minutos antes de unos cuartos de final de la UEFA Champions League, por lo que el foco era considerable. En prime time y con la certeza de que el suceso llegaría a los oídos de toda Europa. Como queriendo mandar un mensaje bien claro: “Aquí no se salva nadie”. Esto es lo que debió pasar por la cabeza del terrorista que, la semana pasada, perpetró un deliberado ataque mediante artefactos explosivos con un objetivo muy claro: el autobús en el que viajaba la plantilla del Borussia Dortmund. Por suerte, los artefactos explotaron unos segundos más tarde de lo previsto, y eso hizo que ahora mismo no tengamos que lamentar ninguna tragedia.

Cuando ocurre una desgracia de este calibre, en que uno o varios seres humanos se ven directamente involucrados en un ataque terrorista, se genera a su alrededor una corriente de solidaridad que tiene como único fin proporcionales todos los mecanismos posibles para hacer que el shock que puedan tener sea lo más llevadero posible. Esa espiral solidaria involucra a todo tipo de personas, organizaciones e instituciones que, habitualmente, suelen estar a la altura.

Y digo “habitualmente” porque aunque estemos hablando de algo tan elemental, esta vez aparecieron unos personajes que se encargaron de demostrar que en casos así, aún existe gente que sigue pensando que el fútbol-negocio está por encima de las personas. La UEFA, en una decisión tan atroz como desmesurada, pospuso el partido para… ¡24 horas después! Y lo hizo a través de una decisión tiránica y cruel: sin consultar al club alemán, sin escuchar a las personas que vivieron ese horroroso episodio y sin ponerse en la piel de esos jugadores a los que obligaron a salir a jugar un partido de máximo nivel tan solo un día después de rozar la muerte. Así lo confirmó Thomas Tuchel, añadiendo que la UEFA les comunicó la decisión a través de un mensaje de texto. Absolutamente inhumano.

¿Por qué escribo estas líneas ahora? Pues porque casi una semana y media después, no he conseguido sacarme de la cabeza la entrevista que Nuri Sahin concedió en zona mixta tras el partido. Un partido en que el Borussia Dortmund, desbordado por la situación y falto de las condiciones mentales necesarias para afrontar el choque, claudicó ante el asombroso AS Mónaco de Leonardo Jardim por 2-3. En el partido de vuelta, el Mónaco volvió a ganar y accedió a semifinales.

Tenéis que ver esta entrevista. Debéis ver cómo responde Nuri Sahin ante un periodista que le pregunta cómo ha vivido sus últimas 24 horas. Hay que analizar sus gestos, su lenguaje corporal. Tenéis que observar sus temblores, cómo se le rompe la voz por momentos, cómo reproduce la escena que vivió en el autobús. Debéis que ver como casi se echa a llorar o sus resoplidos sin (por momentos) saber qué decir. No basta con leer algunas de sus frases (“hasta que he saltado al campo no estaba pensando en fútbol”, “cuando ayer llegué a casa y vi a mi esposa y mi hijo en la puerta, sentí lo afortunado que soy”), sino que hay que ver su rostro, sus manos y su mirada mientras las pronuncia. Imperdible si se quiere entender el alcance de la situación.

Sahin, seguramente sin darse cuenta por lo desbordado que estaba en este momento, lanzó también un mensaje que tendría que hacer reflexionar a las personas que decretaron la disputa del partido para el día después. “Sé que el fútbol es importante. Amamos al fútbol, sufrimos con el fútbol. Sé que ganamos un montón de dinero, tenemos una vida privilegiada… Pero somos humanos, y hay cosas más importantes que el fútbol en este mundo”. Creo que no hacen falta más palabras para describir uno de los fragmentos de entrevista que más veces he visto repetido en mi vida.

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Con este texto no estoy diciendo que el AS Mónaco no es merecedor de estar en semifinales. No, nada de esto. Tampoco sabemos qué hubiera pasado si el Borussia Dortmund hubiera jugado el partido de ida sin haber sufrido este suceso. Todo esto es fútbol ficción, y no es sobre lo que quiero escribir. ¿Qué pretendo, entonces? Es muy simple: dejar constancia de ello, exponer el disgusto que sentí ante esta injusta situación y saciar las ganas que tenía de escribir sobre una de las mayores cacicadas que recuerdo por parte de esta inhumana UEFA. Pretendo que llegue a la gente, aunque sé que nunca llegará a suficiente. Pretendo cambiar las cosas, aunque sé que los que las tienen que cambiar no van a leerme. Pretendo que los lectores puedan ir cambiando poco a poco la percepción de todo lo que sucede a su alrededor, porque yo lo llevo intentando desde hace un tiempo y tengo comprobado que se vive mejor. Pretendo encontrar algún rastro de humanidad en la UEFA, por muy pequeño que sea este resquicio, que les impulse a actuar como es debido si algo parecido volviera a suceder.

Y quiero todo esto porque, pese a ser culé, no considero la eliminación de mi equipo como el hecho más triste de estos cuartos de final. Llevo mucho peor lo que decidieron unos insensibles, desde su despacho en Suiza, al conocer lo que había sucedido el pasado 11 de abril de 2017 en la calle Wittbräucker, minutos antes del inicio del partido en el Signal Iduna Park. Y lo llevo peor porque como dice Sahin, hay cosas más importantes que el fútbol en este mundo.

Molta força, Marc.

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