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Impropiedades léxicas, falsos amigos y otros errores

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La Final Four de la Euroliga (¿prefieren decir Euroleague?) de baloncesto, como la que se disputa este fin de semana en Milán, suele traducirse en los medios de comunicación como final a cuatro, cuando en realidad es sabido que en los deportes de equipo las finales de los torneos las disputan solo dos. Se trata de un ejemplo de traducción deficiente que desprovee de su sentido original a la frase, que literalmente significa ‘los últimos cuatro’ o ‘fase final entre cuatro’ (es una competición que acoge semifinales y final) y que, por tanto, ha de señalarse así cuando se opte por la correspondencia en español en lugar de mantener la grafía original, igualmente válida al tratarse del nombre oficial de un acontecimiento deportivo.

La corrección idiomática y el uso preciso y adecuado que se hace del léxico en los textos informativos, interpretativos o de opinión es, sin duda, uno de los parámetros más definitorios de lo que puede ser considerado como ‘periodismo de calidad’. Pese a que algunos medios se esfuerzan por establecer mecanismos de control lingüístico de los contenidos a través de la aplicación de libros de estilo, que se encargan también de recoger con anticipación las novedades que se producen en el idioma, a menudo son objeto de críticas por cometer impropiedades léxicas.

Estas incorrecciones, consistentes en usar palabras o expresiones existentes en nuestro idioma con significados equivocados, son comunes a todas las tipologías periodísticas si bien se reproducen más en aquellas áreas de especialización que están en contacto permanente con la lengua hablada de la calle, como es el caso del periodismo deportivo. La confusión semántica en estos casos se produce entre dos vocablos que la creencia popular considera afines pero que distan mucho entre sí cuando se cotejan sus definiciones en los diccionarios.

Entre las impropiedades léxicas más habituales en el periodismo deportivo, se encuentran los bailes constantes entre los significados de carecer (no tener) y adolecer (pecar de), cesar (lo hace uno mismo) y destituir (el damnificado no decide en absoluto, más bien le dan noticia), alegar (antes de que un comité tome la decisión) y recurrir (después del fallo correspondiente), u ostentar (lucir un liderato, con ostentación o sin ella) y detentar (retener uno sin derecho algo que no le pertenece).

Igualmente, se confunden a menudo enfrentamiento y confrontación (comparación), aplazado (cuando un partido no ha comenzado) y suspendido (que se para una vez ha comenzado), tiempo de prolongación (que se añade) y tiempo de descuento (que se resta -si bien en este caso la Academia ha acabado admitiendo esta expresión por su uso, ya que se refiere a un tiempo que se ha descontado previamente-), así como entre recuperar y remontar (para que haya remontada el equipo ha de superar un resultado adverso y acabar ganando el partido).

Otras veces el error se forja a partir de palabras que poseen una grafía o una pronunciación similar pero un significado bien distinto. Así, en textos periodísticos los árbitros siguen señalizando (que no señalando) penaltis, los rivales son asequibles (da igual que sean accesibles si, llegado el momento se dejan comprar a un precio razonable), los presidentes se sientan en el palco con sus homónimos (que son, más bien, sus homólogos) y los comités federativos infringen duras sanciones (imparten tanta injusticia que lo que infligen ya no sorprende a nadie).

Asimismo, las decisiones de los colegiados (solo es sinónimo de árbitros si en ese deporte hay colegios) se convierten en erráticas (quizá por aquello de pitar sin estarse quieto un solo segundo) cuando simplemente resultan ser erróneas, las selecciones se califican para siguientes rondas sin que las clasificaciones se resientan por ello y los goleadores ya no dejan en franquía en sus equipos sino en franquicia (sic).

Otro tipo de impropiedad léxica es la que viene derivada de los falsos amigos, calco tomado del francés (faux-amis) con que se denomina a esas voces procedentes de lenguas foráneas que guardan una apariencia similar a palabras en nuestro idioma pero que en realidad significan algo muy distinto.

De esta forma, son errores comunes por influencia del inglés utilizar el adjetivo doméstico para referirnos a una competición de carácter nacional o local (domestic league); decir que un jugador es agresivo (an aggressive player suele referirse a un jugador enérgico, ambicioso o con determinación, pero no al que se comporta con violencia); que un atleta es americano (American es estadounidense o, a lo sumo, norteamericano, teniendo siempre en cuenta que Norteamérica incluye también a Canadá y México); que un equipo en la Liga ha sido consistente (consistent en inglés no es consistente, sino regular o, en otros ámbitos, compatible o coherente); que el desenlace del partido ha sido dramático (dramatic es más bien drástico o espectacular); que la lesión del jugador es seria o severa (la mejor traducción de serious o severe en el contexto de la medicina es grave); o que el árbitro ha ignorado un penalti, cuando en realidad lo que ha hecho es desestimarlo, obviarlo o pasarlo por alto.

De cualquier forma, en muchos casos el uso acaba imponiéndose a los dictados académicos y, con el paso del tiempo, lo que originalmente era considerado como una impropiedad léxica deja de serlo desde el momento en que ciertos usos de palabras cuajan entre la población y se convierten en nuevas acepciones que acaban recogiendo los diccionarios.

Así ocurrió por ejemplo con la última edición del DRAE publicada en 2001, que acabó legitimando usos antes desestimados por la propia Real Academia Española, como pírrico, adjetivo, que además de mantener su sentido original (se aplicaba a las victorias que se conseguían con más pérdidas para el vencedor que para el vencido), pasó a significar también ‘conseguido con mucho trabajo’ o ‘por un margen muy pequeño’; efectivo, que ya equivale a ‘eficaz’; emblemático, que pasó a ser sinónimo de ‘significativo’ o ‘representativo’; o explosivo, que se aplica habitualmente al jugador que ‘causa impresión’ o ‘llama mucho la atención’.

También ha evolucionado el término derbi, que si originalmente se refería solo a los ‘encuentros deportivos (primero hípicos y luego del ámbito futbolístico) entre equipos de la misma ciudad o de localidades próximas’ (derbi regional), ahora también se aplica a los ‘duelos deportivos de gran rivalidad’, tal como recoge el Diccionario panhispánico de dudas. No obstante, para esta nueva acepción, con la que se definirían partidos como el Real Madrid-Barcelona, algunos medios prefieren utilizar el americanismo clásico, especialmente cuando se refieren a duelos entre dos equipos que cuentan con un gran palmarés.

Como recuerda Leonardo Gómez Torrego en su obra Hablar y escribir correctamente (2006), “si hablamos de impropiedades, se debe exclusivamente a que son palabras cuyos significados en los diccionarios académicos no se corresponden hoy con los significados que algunos les confieren (…) Pero es evidente que algunas de ellas están ya tan extendidas en el uso que su desarraigo va a ser tarea difícil y quizá poco conveniente. Otras impropiedades, por el contrario, desprenden tal tufo de ignorancia y pedantería por parte de quien las usa que aconsejan su rechazo y condena”.

En cualquier caso, el carácter dinámico y fluido del idioma nos exige a los periodistas acudir a los libros de estilo y a los diccionarios con asiduidad y ponernos al corriente para cerciorarnos de las palabras y expresiones que han acabado siendo recogidas y aceptadas como una innovación más del idioma una vez que su uso se ha fijado en el habla y la escritura entre personas y medios de comunicación, aunque hace poco tiempo estuvieran proscritas.

De la misma forma que los ciudadanos calcan con facilidad los errores que cometen los medios, es preciso que los periodistas demos a conocer las novedades que se producen en el idioma y que proyectemos un uso adecuado de las palabras y sus significados.

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