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México y la ilusión fracturada

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Las ilusiones son aquellos pensamientos que nos mantienen de pie porque la esperanza en la que sostenemos su cumplimiento nos promete un futuro verdaderamente atractivo. Son como los huesos, esas piezas duras y compactas que forman nuestro esqueleto y nos mantienen erguidos.

Pero la rigidez de los huesos puede ser doblada ante un fuerte contacto causándonos un inevitable dolor similar al que sentimos cuando se fragmenta un deseo que hace tambalear nuestra confianza.

A medida que pasa el tiempo nuestros huesos se van haciendo más frágiles y la seguridad con la que nos movemos siendo jóvenes se va dilatando poco a poco como se diluyen las ilusiones cuando en nuestro camino notamos que quizás no sea posible alcanzar lo que anhelamos. Así es la vida.

Podemos caminar cuando nuestros huesos se mantienen sanos e incluso podríamos seguir de pie después de sufrir una fractura pero el recorrido jamás será el mismo debido a que cualquier caída deja huellas en forma de cicatrices. Así tampoco serán las mismas esperanzas que millones de fanáticos mexicanos teníamos antes de iniciar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro cuando, en un encuentro de fútbol que se suponía de trámite, perdimos a dos de los mejores futbolistas de la escuadra nacional.

Duro fue el golpe que recibió Oribe Peralta en el rostro provocando una fractura en su tabique nasal pero no fue tan doloroso como perder a un capitán en medio de una guerra. No menos angustiante fue el ver cómo el choque de la pierna de Rodolfo Pizarro contra un futbolista de Fiyi causaba la baja por fractura de peroné del exquisito futbolista del Pachuca.

Debemos estar seguros que tanto ellos como nosotros escuchamos cuando se rompían esos huesos porque todos sentimos por dentro cómo se quebrara la ilusión de conquistar, nuevamente, el oro olímpico. No porque ya sea imposible lograr la medalla sino porque justo como cuando se intenta conseguir algo y por más esfuerzo que se ponga parece imposible de obtener, así tal vez sucederá con esta selección que indiscutidamente pierde a dos de sus pilares.

Roto, descosido y sin la misma fuerza deberá continuar el equipo azteca superando los obstáculos futuros posiblemente con la misma desconfianza que tenemos cuando nos movemos otra vez después de haber sufrido una fisura y con las esperanzas disminuidas pero tenemos que seguir moviéndonos hacia el frente, como lo hacemos cuando caemos y, si no podemos, debemos arrastrarnos hacia la meta porque renunciar a una ilusión es la única fractura que no se puede sanar.

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