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Houston Astros, revólveres convertidos en estrellas

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Los Houston Astros son desde ya la franquicia número 23 de las Grandes Ligas de Béisbol que logra alzarse con el título de la Serie Mundial. La ciudad más poblada del Estado de Texas no festejaba un título nacional desde 2007, cuando el Dynamo logró su segunda MLS Cup. Si hablamos de deportes de arraigo estadounidense, la sequía duraba más de dos décadas (Houston Rockets, 1995). Los Astros, un equipo acostumbrado a la mediocridad y que por fin ha alcanzado el cielo.

En Texas, donde todo es más grande, el deporte (ya sea universitario o profesional) se ha vivido siempre con mucha pasión. De ahí que las principales ligas del país pusieran sus ojos en el Estado de la Estrella Solitaria cuando comenzaron a expandirse en la segunda mitad del siglo XX.

La MLB anunció su aterrizaje en Houston de cara a la temporada de 1962. La nueva franquicia necesitaba un nombre y se organizó un concurso popular para determinarlo. A un tal William Irving Neder se le ocurrió que tal vez el nombre del revolver más famoso de la historia era el apropiado para un equipo de béisbol. Así nacieron los Houston Colt .45s, en homenaje al “arma que conquistó el Oeste” y que llevaron leyendas de aquella época como Wyatt Earp.

Como toda franquicia de expansión, los Colt .45s tuvieron unos comienzos llenos de derrotas. En su primera temporada su registro fue de 64 victorias por 96 derrotas y fuera de Playoffs. El aspecto positivo fue al menos no terminaron últimos dentro de su liga, la Nacional. Ese honor fue para el otro nuevo equipo de 1962: los New York Mets. Los dos años siguientes fueron mejores, pero no mucho: dos victorias más. El primer manager, Harry Craft, fue despedido poco antes del fin de la temporada.

En 1964, los Colt .45s cambiaron de nombre. El propietario Roy Hofheinz decidió que a partir de ahora su equipo iba a ser los Houston Astros debido a que Houston era la capital mundial en temas del Espacio y que la referencia a las estrellas indicaba que la franquicia iba en línea ascendente. Nada de eso: los nuevos Astros siguieron con porcentajes de victoria similares durante la década de los sesenta.

Lo más destacado del equipo era su nueva casa: el Astrodome, el primer estadio cubierto del mundo y el primero que usó hierba artificial. Un recinto que se llenaba prácticamente siempre, no porque los Astros hiciesen méritos sobre el campo para ir a verles, sino porque era tan impresionante que la gente de otras ciudades cercanas se acercaba a contemplarlo. El estadio llegó a ganarse el sobrenombre de Octava Maravilla del Mundo. Los Astros también comenzaron a llamar la atención debido a sus uniformes. En los setenta, los tradicionales blancos y grises fueron abriendo paso a colores más vivos. En el caso de los houstonianos, el naranja. Todo un éxito de ventas.

La década de los setenta fue un sin vivir para los fans de los Astros. En 1971, protagonizaron un traspaso de jugadores que pasó a la historia de las Grandes Ligas. Hubo un beneficiado, sí, pero no fueron los Astros: fueron los Cincinnati Reds, quienes crearon una de las mayores dinastías de todos los tiempos (The Big Red Machine) a raíz de ese acuerdo. Los de Ohio enviaron a Texas a Lee May, Tommy Helms y Jimmy Stewart. Jugadores aceptables, pero nada del otro mundo. A cambio, los Astros mandaron a Joe Morgan, Denis Menke, Jack Billingham y César Gerónimo con destino Cincinnati. Morgan (dos veces MVP con los Reds) y Gerónimo serían parte de la base de los campeones del 75 y el 76.

Más malas noticias fuera del campo: el espectacular Astrodome generaba pérdidas. Esto hizo que Hofheinz tuviese que ser desposeído de su equipo, que pasó a manos de GE Credit y Ford Motor Credit. Para rematar las desgracias, el 5 de enero de 1975 el pitcher fue encontrado muerto en el asiento de su coche. El mazazo fue tremendo y los Astros firmaron su peor año de siempre (64-97-1, récord negativo hasta 2011).

En 1980, la franquicia cumplía 18 años, no sabía lo que era disputar la fase final de la temporada y ya había tenido siete managers. Pero había motivos para la esperanza. En el último tramo del fatídico 1975 llegó a los Astros Bill Virdon, quien a día de hoy sigue siendo el mánager que más partidos ha ganado para la franquicia. Aquel año también arribó José Cruz. El portorriqueño fue durante doce años el rostro del equipo. Y en 1980 regresó el hijo pródigo: Joe Morgan.

Con esos ingredientes, los Astros se metieron dos veces consecutivas en Playoffs. En su estreno en postemporada llegaron hasta la NLCS (Serie por el Campeonato de la Liga Nacional), la antesala de la Serie Mundial. Los Philadelphia Phillies, en cinco partidos, les privaron del sueño de la final. Al año siguiente el viaje se detuvo en la Serie Divisional tras desperdiciar una ventaja de 2-0 ante los Dodgers de Los Ángeles. En el 86 los Astros regresaron a la NLCS después de cinco años sin Playoffs. Allí esperaban sus hermanos de expansión, los Mets. Los neoyorquinos se llevaron el gato al agua en el sexto partido de la serie, uno de los más famosos de la historia del béisbol, ya que se resolvió en dieciséis entradas.

Tras ese célebre duelo, los Astros iniciaron una travesía por el desierto de una década. Entre medias, aparecieron Craig Biggio y Jeff Bagwell. Ambos desarrollaron toda su carrera en Houston (Bagwell ocupa el puesto cuarenta en el ranking de jugadores con más homeruns). Con Bagwell y Biggio, el equipo regresó a postemporada en las temporadas de 1997, 1998, 1999, 2001, 2004 y 2005.

Otro aspecto importante fue la inauguración de su nueva casa al comienzo del nuevo milenio: el Enron Field. El equipo estuvo cerca de mudarse a Washington D.C. a principios y finales de los 90. La ciudad de Houston acabó accediendo a construir el nuevo ballpark para evitar la fuga de otro equipo profesional, tal y como pasó con los Oilers de la NFL (hoy conocidos como Tennessee Titans) cuando se mudaron a Nashville en 1996.

En 2004 el destino volvió a ser cruel con los Astros, pues volvieron a quedarse a las puertas de la World Series en una eliminatoria épica. Del 2-0 inicial de los St. Louis Cardinals al 2-3 de los Astros para que finalmente fuesen los de Misuri quienes se enfrentasen a los Boston Red Sox en la gran final de la MLB.

Al año siguiente, por fin, la Serie Mundial. Gracias al gran nivel mostrado por el veterano MVP Roger Clemens, los Astros se iban a medir a un histórico del béisbol en el Clásico de Otoño: los Chicago White Sox, un equipo que perseguía el cetro mundial desde 1917. Los chicaguenses barrieron a los texanos (4-0) y se quitaron de encima la maldición que les perseguía desde el famosísimo Escándalo de las Medias Negras. A la ciudad de Houston le tocaba esperar por un alirón.

¿Qué vino tras la amargura del subcampeonato? Muchísimas derrotas en temporada regular e incluso un cambio de liga. La franquicia tocó fondo en los primeros años de esta década, superando por primera en su historia vez las cien derrotas (en 2011, 2012 y 2013). Pero en los despachos se estaba cocinando algo. Algo que se intuía que iba a funcionar, puesto que la prestigiosa Sports Illustrated vaticinó que serían los campeones en 2017. El plan consistía en un mejor análisis de estadísticas avanzadas, lo que derivó en mejores elecciones en los Drafts.

Carlos Correa, Alex Bregman, George Springer y José Altuve han sido desde entonces la base de un equipo que en apenas cuatro años pasó sumar más de cien derrotas a más de cien victorias, cuyo colofón ha sido el triunfo en la World Series 2017. Cincuenta y cinco años después, Houston puede festejar un título en el deporte con más tradición de los Estados Unidos.

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