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Historias cruzadas en Roubaix

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Tony Martin es desde hace cinco años uno de los mejores ciclistas del pelotón. Rodador incansable de potencia descomunal, contrarrelojista consumado y hábil en todo tipo de terreno, ha tenido que esperar hasta 2016 para debutar en la clásica París-Roubaix, una prueba que se ha adapta a la perfección a sus características.

Consecuencia directa, al menos en parte, la Roubaix 2016 quedará en el recuerdo de cualquier buen aficionado al ciclismo, a las clásicas y a ese halo especial que siempre dejan los adoquines, el ambiente, el polvo y el barro. Especialmente en comparación con el pestiño en 2015. Una carrera divertida durante varias horas, llena de alternativas, luchas directas y a distancia, protagonistas clásicos e inesperados.

 

El nerviosismo y las estrecheces habituales antes del imponente tramo de pavés del bosque de Arenberg provocaron varias caídas y cortes a más de 100 kilómetros de meta. La locomotora alemana, sin importar ni el escenario, ni las circunstancias, ni los railes -carretera, camino, adoquín, barro- nunca espera a nadie. Tampoco en su primera Roubaix. Tampoco a Fabian Cancellara y a Peter Sagan.

Allí comenzó el principio del fin del Espartaco suizo. Cancellara disputaba su última Roubaix, carrera que ha ganado tres veces, sus duelos con Boonen han marcado una época reciente y buscaba despedirse en el velódromo de la mejor manera. No pudo ser. La épica de la persecución durante decenas de kilómetros junto a Sagan, su compañero Stuyven y el joven de Giant Sinkeldam se tornó en frustración.

 

El tramo de Mons-en-Pevele, en un estado bastante difícil, marcó el final de la historia. Cancellara se fue al suelo. Niki Terpstra no pudo esquivar su bicicleta. Peter Sagan, con una habilidad gatuna sobre la bicicleta, esquivó la caída de manera hipnótica. La foto de Tim de Waele parece un cuadro de trazo intencionado. El gif es para observarlo en bucle.

Peter Sagan, destruida por fin la losa de triunfar en su primer Monumento en Flandes, no tuvo en ningún momento -ni antes ni después de la no caída- opciones de alcanzar el corte decisivo. El ahora maillot arcoíris tendrá más opciones, en el futuro. Y capacidad, estilo y carisma para alcanzar en triunfos en Roubaix a Cancellara.

O a Tom Boonen. Eterno. Implacable sobre el pavés. Aunque ya lleva un tiempo sin partir entre los principales favoritos, nunca se le puede descartar para nada. Y menos para entrar en la historia de la carrera y conseguir su quinta piedra en el velódromo de Roubaix. Ese quinto triunfo que nadie ha conseguido en 120 años de historia de este monumento al ciclismo.

Y ahí estaba Tommeke, cerca de los 36 años, dando relevos sobre el pavés a su compañero Tony Martin, dando la cara frente al polvo, provocando cortes, siempre en primera persona, sin delegar. Para ganar hay que estar delante. Siempre.

 

Con él, Sep Vanmarcke, con tanto talento y mala suerte en los momentos decisivos. Otro que no se esconde. Y esa raza de rodadores todoterreno de la máquina Sky, esta vez Stannard junto a Puccio, Rowe y Moscon -estos tres últimos eliminados en el tramo final por un par de caídas-. Y Boasson Hagen, el noruego que aun busca relanzar su carrera con el proyecto africano Qhubeka en Dimension Data.

Y los hombres de la fuga. Esa escapada mañanera que aparentemente nunca sirve para nada pero que siempre supone, como mínimo desgaste, como algo ser decisiva como en Flandes, como mucho ganar como en Roubaix. Y en este día con dos protagonistas.

Imanol Erviti, recio y afable hombre del norte, habitual escudero navarro de los líderes del Movistar en sus diversas cruzadas en las grandes vueltas. El sino del equipo le llevó en gran forma a las clásicas del norte. Y Erviti se ha limitado a cumplir. A cumplir con la historia. Como en Flandes, donde acabó séptimo, Erviti entró en la fuga de inicio, destacó entre los más fuertes del grupo y aguantó cuanto pudo con los grandes favoritos. Y aun tuvo coraje para intentar perseguirles tras el Carrefour de l’Arbre. Terminó noveno y es el primer español que finaliza en el Top-10 del Tour de Flandes y la Paris-Roubaix en la misma temporada.

Matthew Hayman, australiano trotamundos, cumplirá 38 años en una semana. En el año 2000, su primer año como profesional en el equipo Rabobank, quedó 65º en la París-Roubaix que ganó Johan Museeuw. 16 años después tras pasar muchos años en el equipo neerlandés, en Sky y ahora en Orica, se encontraba como protagonista en la fuga. Incluso anduvo unos kilómetros solo en cabeza.

 

París-Roubaix es una carrera que alza a la gloria a los mejores especialistas, a las grandes estrellas del pelotón. Pero también da la oportunidad a aquellos ciclistas menos conocidos pero que se encuentran en el momento y el lugar adecuados. Y Matthew Hayman se encontró con Tom Boonen. Y le ganó al sprint en el velódromo. El segundo triunfo en 16 años de carrera profesional de Hayman evitó la inédita quinta victoria de Boonen en Roubaix.

La historia del adoquín dará más oportunidades a todo aquel que se presente el año que viene. O se las quitará.

 

PD1: Fabian Cancellara dio una emotiva última vuelta en el velódromo donde salió triunfador en 2006, 2010 y 2013. Aunque ni siquiera esto le salió del todo bien al suizo…

PD2: Menos gracia tuvo esto. Una caída provocó una montonera en el pelotón y varios ciclistas tuvieron que echar pie a tierra. Entonces, una motocicleta a una velocidad excesiva se llevó embistió por detrás al velocista italiano Elia Viviani, que sufrió heridas de leve consideración. Tras la muerte de Antoine Demoitié y los numerosos atropellos en los últimos meses no se ha tomado ninguna medida. Urgen.

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