Fútbol Europeo

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Hillsborough: el estadio que marcó la Historia del Liverpool

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El destino, la vida, marcan fechas del calendario en rojo por decreto, a su gusto, sin poder hacer nada, sólo viendo venir los diferentes sucesos, casi a diario. Uno hace frente al futuro cada día, sabiendo y conocedor que siempre habrá algo que no controle, que tendrá que encarar casi de forma improvisada.

Sucesos que marcan generaciones, miles de personas, incluso ciudades. Liverpool, año 1989, hace ya 26 años. Una ciudad que quedó marcada de por vida cuando uno de los equipos que se localizan en su núcleo urbano se convirtió en protagonista de una amarga, trágica y todavía hoy polémica tragedia humana. Un suceso que, además, coincide con el 150º aniversario del asesinato a Abraham Lincoln, decimosexto Presidente de los Estados Unidos, en 1865.

No ocurrió en Liverpool, sino en Sheffield, en un estadio de Hillsborough que entró en la historia del fútbol europeo y mundial por acoger una de las tragedias humanas más recordadas de las últimas décadas. 15 de Abril de 1989. Liverpool y Nottingham Forest debían disputar una de las Semifinales de FA Cup aquella temporada, pero nada importa hoy en día conociendo, con el peso de la temporalidad, con el paso del tiempo, la tragedia vivida en sus gradas.

Otros tiempos del fútbol británico, cuando las exigencias de seguridad eran limitadas, cuando el descontrol muchas veces hacía acto de presencia. Incerteza y muchas dudas inundaron los primeros días y meses (con incluso polémica por informaciones de medios de comunicación) tras el suceso, pero finalmente las fuentes oficiales declinaron la causa de la tragedia a un número excesivo, por encima de lo debido, de aficionados en las gradas.

Una avalancha humana que dejó imágenes impactantes, de gente intentando sobrevivir contra unas vallas que se convirtieron en auténticas armas. 96 víctimas, 96 personas fallecidas que lucharon por no morir, haciendo de sus últimos minutos de vida una auténtica agonía. 96 víctimas que, en su totalidad, eran aficionados del Liverpool y que, de forma involuntaria, entraron en la historia negra del club de Anfield.

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Tragedia humana, con un número de víctimas (96) que se ha convertido en un auténtico símbolo en la ciudad de Liverpool, con sus aficionados, con sus ciudadanos, que incluso ha generado hermandad entre fans del Liverpool y Everton, dejando de lado una de las rivalidades más acentuadas del fútbol en el Reino Unido y en el viejo continente.

Steven Gerrard (quien por aquel entonces tenía 8 años) dejará el Liverpool a final de temporada. Se marchará una leyenda del club, un jugador histórico que se ha dejado el alma y la piel en cada uno de sus encuentros defendiendo el rojo de su camiseta. Pero su carácter de leyenda va más allá, ya que el propio Gerrard perdió a un familiar en la Tragedia de Hillsborough. A sus 8 años, confesión del propio futbolista, perdería a un primo suyo, de 10 años, que se encontraba en esa trágica grada, en ese fatídico instante. Una pérdida que hizo aumentar el sentimiento y cariño hacia un club que le ha dado todo en la vida y que, cuestiones personales, abandonará a finales de temporada con destino USA, con destino LA Galaxy.

Margaret Thatcher, quien era primera ministra del Reino Unido en 1989, tomó medidas tras aquella tragedia (que además se sumaba a otra anterior, con también fans del Liverpool, en Heysel) para evitar, o minimizar el impacto de un movimiento social conocido todavía como el “hooliganismo”, que convertía a jóvenes sin grandes aspiraciones en auténticos peligros que se excusaban, como en tantos casos, en el fútbol para llevar a cabo actos bandálicos. El “Football Spectators Act” fue la Ley que entraría en vigor, para controlar así a los aficionados que (tanto en Inglaterra como en partidos con representación inglesa en el extranjero) acudiesen a partidos de fútbol.

La conocida en la actualidad como “Tragedia de Hillsborough” provocó, además, una ruptura y guerra dialética de los aficionados del Liverpool contra el tabloide británico The Sun, tras demostrarse (con carta editorial pública pidiendo perdon incluída) que la culpabilidad del trágico suceso no fue debido a una mala conducta de los aficionados Reds, sino por una mala responsabilidad de los miembros de seguridad que cubrían el evento, y que permitieron mayor aforo del debido. La publicación escrita aseguró en un principio que la causa fueron los aficionados, detonando una guerra y odio (que todavía persiste en la actualidad) desde Anfield contra The Sun.

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