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Champions League

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Herencia de Champions

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Hay gente que dice que las claves del éxito son el trabajo y la suerte a partes iguales. En el particular mundo del fútbol este axioma se cumple con la única excepción de que en ocasiones los técnicos se encuentran con una gran parte de la labor hecha. Si repasamos los equipos que lograron alzarse con la Liga de Campeones (es decir, a partir de 1993), observamos que más de la mitad levantó el trofeo más importante de Europa después de recibir la herencia de trabajo de algún entrenador anterior. Los conceptos que es capaz de imponer un técnico a sus jugadores, son tan importantes como la forma y la fortuna que tengan estos a la hora de plasmarlos sobre el terreno de juego. Hay preparadores que tienen la capacidad de construir un equipo desde las cenizas de lo que fueron para volver a ponerlo a la cabeza del fútbol mundial, y hay otros que ante esa tarea se ven superados por la cantidad ingente de correcciones, enseñanzas y paciencia, que hay que tener para llevar a cabo tan arduo trabajo.

Fabio Capello con el A.C. Milan (1994) aprovechando la herencia de Arrigo Sacchi, Louis van Gaal con el Ajax de Ámsterdam en 1995 tras la cultura futbolística impuesta por Johan Cruyff y Marcello Lippi en 1996 tras recoger una tendencia ganadora que cosechó de Giovanni Trapattoni. Jupp Heynckes en 1998 tras el trabajo realizado en el Real Madrid por Fabio Capello el año anterior. Vicente del Bosque en el equipo blanco supo amoldar las pautas esbozadas por Guus Hiddink para levantar la Champions League en el 2000. Ottmar Hitzfeld, después de su gran trabajo en el Borussia Dortmund en 1997, supo sacarle provecho a un Bayern de Múnich que empezaron a diseñar años antes tanto Franz Beckenbauer como Otto Rehhagel, para alzar la ‘orejona’ del 2001.

Carlo Ancelotti, amante de un fútbol vistoso, llegó al A.C. Milan para continuar una puesta en marcha iniciada por Alberto Zaccheroni, en el que el juego ofensivo era una de las claves, alzando el trofeo de la máxima competición continental en 2003. Rafael Benítez no desdeñó la gran labor realizada por Gérard Houllier en las temporadas anteriores en el Liverpool, para llevar al equipo británico a lo más alto en 2005. Apenas un año después, Frank Rijkaard vio en aquellos chavales (Xavi, Puyol, Valdés, etc.), a los que había dado la alternativa en el primer equipo del Fútbol Club Barcelona Louis Van Gaal, a los protagonistas ideales sobre los que cimentar un equipo ganador que se alzó con la Champions League en el año 2006.

Ese conjunto y esa filosofía llevada casi a la perfección por Josep Guardiola, le dio al Barça un nuevo cetro europeo en 2009. Y tanto en 2012 como en 2014, dos entrenadores italianos, Roberto Di Matteo y Carlo Ancelotti, supieron aprovechar el trabajo realizado por Jose Mourinho, tanto en el Chelsea como en el Real Madrid respectivamente, para levantar la primera del club londinense y la décima del cuadro madrileño.

 

Este año 2015 tenemos un nuevo caso que podría pasar a engordar este historial de herencias de Champions League desde 1993. Massimiliano Allegri tendrá la oportunidad ante el Fútbol Club Barcelona en Berlín, de refrendar con un gran éxito europeo toda la labor que hizo Antonio Conte durante las tres anteriores temporadas. Es más, Allegri ya ha logrado algo de lo que no fue capaz su predecesor en el cargo, ganar la Coppa de Italia y el Scudetto en la misma temporada, y si lograse conquistar la Copa de Europa, la Juventus de Turín se uniría la lista de siete equipos que ya lograron en su día la consecución del triplete (Liga, Copa nacional y Copa de Europa).

El cuadro italiano después de eliminar al Real Madrid en semifinales, se enfrenta a un reto supremo. El Barça se presenta en la final europea con las mismas aspiraciones que el club turinés, conseguir el trébol europeo, con el añadido de que sería el primer equipo del mundo en lograrlo por segunda vez.

Allegri tendrá antes sí una oportunidad única de volver a demostrar que las herencias de Champions League, en muchas ocasiones, son necesarias para alcanzar la gloria. Como en las películas en las que el policía malo amedrenta al detenido para que el policía bueno logre la confesión definitiva y se lleve los honores por el logro. En muchas ocasiones en el fútbol es necesario que alguien se ocupe del trabajo sucio, de presionar a los jugadores, de exprimir sus capacidades tácticas y técnicas, de mostrarles el buen camino, para que después llegue otro y sea capaz de aprovechar aquellas enseñanzas, para destensar un poco la cuerda que haga que los jugadores sean capaces de todo.

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