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Guidolin, talante tranquilo para el Swansea

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Aquello que hasta hace no tanto tiempo podía tomarse incluso como un sacrilegio, ya es algo normal: ver entrenadores latinos en los banquillos de los equipos ingleses. Echar un vistazo a los últimos años en la Premier League supone encontrarse con un buen número de técnicos que proceden de países del sur de Europa y Sudamérica: de España (Rafa Benítez, Roberto Martínez, Pepe Mel, Sánchez-Flores), Portugal (Mourinho, Villas Boas), Argentina (Pochettino), Chile (Pellegrini), Uruguay (Poyet) e Italia.

Destaca especialmente la preferencia por estos últimos. De hecho, los entrenadores italianos han tenido mucho éxito en recientes temporadas en Inglaterra. Sin ir más lejos, el Leicester City de Claudio Ranieri es la revelación de este año en Premier League. Pero también cabe destacar a Roberto Mancini, que ganó el título con el Manchester City en 2012; Roberto Di Matteo, que venció la Champions con el Chelsea; Carlo Ancelotti, que levantó la liga en el Chelsea en 2009; o Gianfranco Zola, que estuvo cerca de ascender en 2013 con el Watford -también de propiedad italiana, como el Leeds de Cellino-. Sin olvidar que Fabio Capello fue seleccionador inglés entre 2008 y 2012.

Por lo general, más allá de preferencias personales y estilos de juego, la adaptación de los técnicos italianos a la Premier League se puede calificar de muy buena. Excepción hecha de algunos casos, como el de Di Canio en el Sunderland -aunque triunfó como futbolista en el West Ham- o el de Sannino en el Watford, cuyo nivel de inglés estuvo a la altura de su paupérrimo rendimiento allí.

Francesco Guidolin es el último entrenador italiano que se une a este club. El Swansea City ha anunciado su contratación un mes después del despido de Garry Monk. El entrenador interino desde entonces, Alan Curtis, será además el principal de Guidolin en esta etapa en el club galés.

Está considerado uno de los mejores técnicos italianos y su magnífica carrera en los banquillos le avala, tras retirarse con apenas 31 años como futbolista profesional -había llegado a jugar en el Verona para Osvaldo Bagnoli, una de sus grandes influencias-. Ascendió al Ravenna de la Serie C1, llevó al Vicenza de la segunda división al triunfo en la Coppa Italia en 1997, casi clasificó al Bologna a la Champions en 2002, llevó al Palermo de la Serie B a Europa en 2005 y devolvió al Parma a Serie A en 2009.

Luego Guidolin volvió a Udinese, al que ya había clasificado para la Copa UEFA en 1998, y contribuyó a darle relevancia internacional al proyecto de los Pozzo. Clasificó dos veces al equipo para la Champions League y dio la alternativa a algunos de los numerosos futbolistas que luego se convirtieron en excelentes negocios para el club friulano, entre los que destacan Alexis Sánchez, Inler, Asamoah, Isla, Basta, Benatia o Armero. En el verano de 2014 dejó el banquillo y se convirtió en el supervisor técnico del imperio Pozzo, controlando tanto al propio Udinese como al Granada en España y el Watford, ahora en Premier League y que será uno de sus rivales desde ahora.

 

“Pocas palabras y muchos hechos”. Como Bagnoli, este es el lema de Guidolin, un hombre de talante tranquilo y dicción casi eclesiástica de cara al público, exigente, claro y determinado. “Como jugador era muy diferente, hice menos de lo que podría haber hecho. Era inteligente y muy técnico, pero poco combativo y no siempre motivado, tenía que sentir toda la confianza del técnico, me fastidiaban los pitos del público, las condiciones del campo, el clima… Asumiendo lo que perdí como jugador, me transformé en el banquillo: encontré la motivación para cambiar y puse el esfuerzo que me faltaba como jugador para redimirme”. Así se definía en una entrevista sobre la bicicleta en la Gazzetta di Parma.

Precisamente esta es la otra gran característica de Guidolin: su pasión por el ciclismo. “Me da tiempo y espacio para liberar la mente, algo que muy importante para un entrenador como yo”. Los Alpes friulanos y las concentraciones con Udinese eran momentos y lugares perfectos. De hecho, en el cercano Monte Zoncolan, uno de los puertos más duros que se han subido en una carrera ciclista, tiene un más que elogiable récord de 56 minutos de ascensión. Y así, pedaleando con tranquilidad y decisión, Guidolin afrontará su segunda experiencia -ya estuvo en el Mónaco- en el extranjero.

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