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Guardiola enseña, el Bayern aprende y Alemania mira

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Un bebé pasa meses, semanas, horas, enseñando a su cuerpo, a sus músculos, cómo caminar, como responder cuando un pie avanza mientras el otro se queda atrás, es algo que se enseña y se aprende con tiempo pero que al final, acaba siendo un acto mecánico, no más difícil que el respirar o ver. Hay que enseñar, hay que residir en las transiciones y vivirlas, aprender como pasar del dormir y estar tumbado a gatear, como pasado del gateo al caminar, y por último, los niños en un arranque de libertad y de coraje, rompen a correr, saltan y juegan y ríen, y dicen, la risa de los niños es lo que hace que los adultos muevan el mundo.

Es importante enseñar, a andar, a reír, a llorar, a recuperarse y vivir las transiciones, la vida y todo lo que lo conforma es así, es un aprendizaje que no acaba, los padres aprendieron de sus padres y enseñan a sus hijos. Hay que enseñar y dejar que se nos enseñe. El vivir es en, su mayor parte, aprender. Un nuevo idioma, una nueva cultura, lugar nuevos, personas nuevas, conocemos y sabemos cada día más, enseñamos más y abarcamos aún más de lo que nos podemos imaginar. E influimos en la vida de los demás. Debemos imaginarnos a las personas como vasijas de barro frescas durante toda su vida, cualquier contacto, por breve que sea, dejará una marca. Así es un club de fútbol, así es el deporte y su historia. Y así es Pep y su Bayern.

El 2013 fue el año de la transición, de Jupp a Pep, de pasión y verticalidad, de un Bayern algo alocado y alemán hasta la última fibra de su ser, al control, al asedio y al hambre desde el que tiene el poder. Es un cambio en el cual la transición (que empezó en Enero con la confirmación en rueda de prensa del cambio de entrenador en verano) ha dejado 3 títulos de Heynckes y 2 títulos de Guardiola. Y empezó el 2014, el primero de “la era Pep”, el bebé ya tenía los músculos enseñados, la máquina ya tenía las instrucciones más básicas del ADN Guardiola. Y estaba acostumbrándose a su nuevo caminar, y llegaron otros 2 títulos. Cualquiera pensaría que es coser y cantar, que la plantilla ya tiene un gen ganador de ‘per se’. Es cierto que hay jugadores técnicamente brillantes como Thiago, Lahm, o Götze, luego los hay como Müller, que no se sabe como pero ahí está, siempre al pie del cañón. Hay otros como Robben o Schweinsteiger para los cuales se nos acaban los sinónimos. Está Manuel Neuer, que ya no sabemos si llamarle portero o central. La plantilla del Bayern es sin duda alguna, una fuente de talento y sus refuerzos: Bernat, Rode, Alonso…; sólo aumentan las posibilidades de Pep para construir castillos enormes.

Porque Pep es de esos hombres, de esas personas que enseñan al mundo, como si él fuera el cerebro de un mecanismo mucho más grande, Pep es el que da la orden a un grupo de músculos para hacer algo que no todos tienen la valentía de hacer. Es un cambio cultural -y qué cambio-, es algo que se aprende. Antes, mucho antes de Guardiola, era impensable que un portero fuera algo más que eso, o que existiera una figura como el falso 9, esto no lo ha inventado Pep, pero sabe que puede construir algo, puede enseñar y puede llevarlo a cabo. Y como decíamos antes, él ha aprendido en este proceso, ha conocido la pasión y la épica alemana. Las noches en las que una tribuna entera se alza encima del silencio y grita, canta y aulla de alegría (o pena) y mientras aprende él y sus “músculos” deja tras de sí un rastro de victorias que es difícil de ignorar. Esta temporada el Bayern sólo ha encajado 3 goles en 16 jornadas, un récord en la Bundesliga, pero al técnico catalán no le gustan los récords -cierto son bonitos si los tienes bajo tu nombre-, a él le interesa jugar bien, jugar como él cree que el fútbol tiene que ser jugado, y en cierta manera el tiempo le da la razón.

El Bayern ha completado el primero año tras la transición, y no ha muerto, sigue vivo, muy vivo, sigue ganando, y ganando bien, el Bayern ha aprendido a andar según le dicta Guardiola, ha aprendido a moverse con los esquemas y las palabras de Pep, el Bayern cada vez más es suyo. La gente, la prensa, los aficionados, todos en el país teutón le pidieron a Pep correr antes incluso de llegar al primer paso, a esa certeza de que el conjunto de sus piezas se moverá como un bloque, avanzando juntos, tejiendo una red araña en el medio del campo. Sin embargo Pep corrió, voló, en medio del aprendizaje ganó dos títulos: la Supercopa -contra el Chelsea de Mourinho– y el mundialito de clubs -en una final contra el Raja Casablanca-. Aprender se aprende paso a paso, poco a poco, pero uno de los handicaps de trabajar en el club ‘RekordMeister’ es que se piden resultados, se piden victorias y un empate ya es síntoma de que algo va mal. Todos hablan: Beckenbauer, -Gerd- Müller, Matthäaus, incluso los rivales especulan y lanzan sus opiniones. Pero el de Santpedor viene a construir algo mucho más grande, algo que empieza a dibujarse en el horizonte de la cuidad bávara. Algo que espera que quede gravado a fuego en el cántaro que es el club de fútbol que pretende hacer suyo.

Corrió al acabar su año de cambios y empezó con meses esplendorosos, bellos y perfectos y fue el campeón alemán más precoz de la historia, pero como toda primera carrera de un niño inocente tropezó, quiso llegar tan rápido que se le perdió la Champions League. Pero se levantó. Pep, cual padre enseñando a su hijo a montar en bicicleta, recogió a sus jugadores, los puso en pie y curó las desholladuras de las rodillas y lo incitó a subir de nuevo en esa bicicleta que algunos llaman “ritmo”. Acabó la temporada con un doblete: Liga y Copa y el sabor amargo del tropiezo. Pero es sólo el comienzo. Esta temporada va camino de lograr de nuevo grandes cosas. Puede volver a ser un campeón de Liga muy precoz y a la vez seguir enseñando a sus muchachos como empezar a correr tras andar bajo sus directrices.

Nadie en Alemania entiende a Guardiola, nadie entiende los motivos de un juego tan diferente al germano, algo que no habían aprendido, que siquiera sabían que podían jugar. Pero todo lleva tiempo. El bebé ha empezado a caminar, ahora hay que dejar que aprenda a correr.

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